jueves, 25 de junio de 2009

EL PODER DEL DINERO


por Jorge Rachid


Cuando se afianzó la cultura neoliberal como dominante en nuestro país, apuntalada a sangre y fuego por la dictadura militar del 76, se instaló la lógica del dinero como sinónimo de éxito social y, al mismo tiempo, como consolidación del poder político.

Aún cuando el neoliberalismo, después de décadas de hegemonía fue rechazado políticamente por la sociedad en las tristes jornadas del 2001, estructuralmente sigue marcando agendas y compromisos que persisten hasta nuestros días, y por ende, en el marco de la campaña electoral. Así la contienda se visualiza por andariveles marketineros, con costosos asesores de imagen, diciendo y desdiciendo, afirmando y negando según las encuestas de los cientistas sociales, sin avanzar en contenidos ni mostrar historias de compromiso o dedicación personal, y todo con un mínimo interés por los asuntos de la Patria.

Como si la historia no existiese y el pueblo no fuese el único protagonista, candidatos sorpresa aparecidos a fuerza de millones de dólares, conforman una especie de nueva comparsa en la frivolización violenta de la política, con claro contenido e intencionalidad de des-ideologizarla, al mejor estilo del Fin de la Historia de los 90 y del discurso único neoconservador. Cuando no existe la política es porque hay una política y en ese sentido el poder del dinero tiene muy claro su esquema estratégico y su modelo de acumulación.

No es casual que de la mano del neoliberalismo se hayan instalado desde la farandulización hasta la negación de la política como herramienta de transformación social de los pueblos. Cuando la “polis” no existe, la democracia se limita al acto electoral convocado y ejecutado según los parámetros del poder estructural, aquel que nunca gana una elección pero que decide todas las acciones posteriores o pretende hacerlo. Esa es la verdadera lucha electoral, aquella que derrote esta lógica o aquella que la afiance.

Se puede pregonar maximizar el conflicto desde la oposición, pero desde el Gobierno el desafío no es pelear, el desafío es vencer, y para hacerlo se debe desmontar la lógica del dinero recuperando la política como eje de la construcción de un nuevo modelo social basado en la cultura del trabajo, demoliendo el facilismo de competir en el mismo sendero de los vendedores de espejitos de colores, nuevos conquistadores, encantadores de serpientes que avalados por supuestos pergaminos comprados a precio vil, se aprestan a un nuevo saqueo de nuestro país.

No tienen pudor en afirmar en campaña cualquier disparate, desde intentar recuperar la imagen del Che hasta declararse peronistas, desde tener “patas peronistas” para mostrar un “negro “amigo hasta intentar leer algo mas que historietas para mostrar estatura personal que solo poseen en la chequera. Candidatos “de laboratorio” antes que personas de carne y hueso, convocan desde la necesidad individualista de ocupar lugares, pasando como ambulancias levantando a los que otros dejan “heridos”, en una sociedad política dirigencial que ha abandonado sus convicciones ideológicas por ocupar una banca a cualquier precio y sin pertenencia alguna, en clara muestra de individualismo neoliberal.

Así el dinero fluye desde gigantografías hasta spot publicitarios, parecidos al yougourt dietético o al polvo limpiador de pisos, todo reluce o adelgaza aunque se trate de una campaña electoral sometida a la parodia televisiva como forma de esconder el verdadero debate de fondo: entre un camino recorrido, impensable, de recuperación del Estado en todos sus niveles con recuperación de empresas y servicios, hasta una Justicia y el Parlamento en pleno funcionamiento o un sendero estrecho de retorno neoliberal, que marginó y humilló a millones de compatriotas y rematando el capital nacional acumulado por generaciones de argentinos representado por las empresas públicas, dilapidadas irresponsablemente de la noche a la mañana con la lógica de la rentabilidad.

Cual es la rentabilidad de la salud y la educación?. Cual la de la investigación científico tecnológica y el manejo de tecnologías de punta?
Que producen los jubilados y los niños mas que gastos? Para que queremos Fuerzas Armadas sin hipótesis de conflicto en un mundo globalizado? Si los satélites no son nuestros, no importa les pedimos información a quienes lo tienen.

Así podríamos seguir con la Caja de Pandora del coloniaje, en una lógica de poder basada en el dinero que nos lleve a vender la Patagonia por no ser rentable o alquilar Catamarca o La Rioja por economías inviables. Quien quiera esa Argentina que se haga cargo y deposite su voto envasado en el mismo producto publicitario, afianzando el consumismo descontrolado, el exitismo individual y la diáspora social.

Quienes queremos la otra Argentina, la de la solidaridad, la del compromiso con los trabajadores, los humildes y los desposeídos; quienes creemos que habrá hipoteca social pendiente mientras haya un solo pobre, que cualquier niño de la calle es nuestro hijo, que es intolerable cualquier muerte evitable en nuestro país o un solo compatriota analfabeto; los que queremos recuperar Latinoamérica como nuestro espacio común y la cultura del trabajo como solidaridad militante, defendiendo los intereses nacionales y los derechos humanos, poniéndole cepo a la restauración conservadora, para felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, y orgullosos de ser peronistas, sabremos votar.

Ni un paso atrás en las realizaciones, modificar las conductas, cambiar actitudes, convocar sectores desplazados del campo nacional y popular, hacerlo desde el peronismo reconstruido y movilizado, derrotando el enano neoliberal que todos llevamos adentro y que destruyó en parte la militancia, es todo un desafío posterior al hecho electoral, que debe hacerse y debemos comprometernos a transitarlo.

JORGE RACHID
jorgerachid@yahoo.com.ar
http://www.jorgerachid.blospost.com/
24 de junio de 2009

martes, 23 de junio de 2009

En defensa de Moreno, Castelli, Belgrano, el Plan de Operaciones y la Revolución de Mayo, en tanto continental e indiana


(Una polémica con José Pablo Feinmann)


Por Alberto Jorge Lapolla*
20 de junio de 2009


Parafraseando a Lenin,Sin 1905, Octubre habría sido imposible’: Sin 1780 (Túpac Amaru), Mayo no habría sido posible.


Es el objetivo de este trabajo es polemizar con dos artículos de José Pablo Feinmann -a quien mucho respetamos- publicados por Página 12, uno el 25 de mayo y otro el 7 de junio (éste en Peronismo, Filosofía...).(1) En ellos, Feinmann vuelve con sus reiteradas críticas sobre el ideólogo y principal motor de la Revolución de Mayo, el Doctor Mariano Moreno, aun cuando ya no con la ferocidad con que lo trató en su libro la Sangre Derramada , donde casi lo acusa de agente británico, ahora por lo menos ya lo ve como un ‘revolucionario utópico y vanguardista, enemigo del Imperio británico’. Feinmann plantea, en mi opinión, una mirada errónea sobre Mayo, pero allí radica creo, casi todo el debate histórico actual del campo popular, aquel que debemos abordar para trazar líneas sobre nuestro presente y futuro. Si como planteara A. Gramsci, ‘la historia del presente es la política del pasado y la política del presente es la historia del futuro,’ no es vacuo repensar nuestro pasado para poder pensar el presente y el futuro. En esa línea de pensamiento de vincular el pasado con el presente, coincido plenamente con José Pablo. Sin embargo, pareciera que como buen hegeliano Feinmann, posee todos los elementos para un buen análisis, pero éstos están, digamos, revertidos en su línea de pensamiento. Plantea allí una serie de equívocos sobre nuestra historia que me parece, tergiversan el sentido revolucionario, continental e indiano de la revolución de Mayo de 1810, ocurrida en Buenos Aires, pero simultánea con la oleada revolucionaria iniciada el 25 de mayo pero de 1809, en Chuquisaca, continuada en junio en la Paz , en julio en Quito, en abril de 1810 en Caracas y que sacudiría al continente todo, concluyendo exitosa en Ayacucho en 1824 –o si se quiere en Tumusla en 1825- también en el Alto Perú. Es decir que la revolución continental que nos libraría del yugo del Imperio español, comenzó en el Alto Perú (Bolivia) y termina en el Alto Perú, mal que les pese a los idiotas que apostrofan despectivamente ‘bolitas’ a nuestros gloriosos compatriotas bolivianos, a quienes debemos sin duda, gran parte de nuestra libertad, gracias a su heroica resistencia en la guerra de guerrillas de catorce años contra los Godos. La revolución entonces comienza y termina en Bolivia, y ¡oh, casualidad! con Bernardo de Monteagudo, -tupamaro-jacobino si los hubiera- ubicado en el centro de ambos sucesos, de dicha historia emancipatoria: en Chuquisaca en 1809 en la Junta Tuitiva y en el gobierno de Bolívar en el Perú en 1824. Emancipación nacional y social incompleta, pero superior a todas las revoluciones burguesas anteriores. Nuestra Revolución conseguirá la abolición de la esclavitud y la supresión de la servidumbre india y su igualdad según propone Moreno en el Plan, y tal como decreara la Asamblea de 1813, cosa que no ocurriera ni en Holanda, ni en Inglaterra, ni en Francia, ni en los Estados Unidos. No podía ser de otra manera pues estaba precedida por la insurrección Tupamara de 1780-84 que proclamó ambos derechos. Es decir se trató de una verdadera Revolución, tal como lo reconoce el historiador británico-canadiense H. Ferns, especialista en nuestro país, en su libro La Argentina: ‘La revolución contra España, a diferencia de la revolución norteamericana o de la revolución Francesa o de la cesación de autoridad portuguesa en el Brasil, fue una revolución completa, de carácter social, y económico además de político.’


El Plan de Operaciones de Moreno, el programa de Mayo


Ambas emancipaciones,a un cuando parciales e incompletas, fueron logradas luego de dieciséis años de durísima Revolución y Guerra de la Independencia , obtenidas pese a la atroz represión española desatada desde el comienzo. Represión que tiene cifras muy concretas: doscientos mil paisanos indios asesinados luego de la derrota de Túpac Amaru en 1781, doscientos criollos ahorcados y torturados en la Paz en 1809, tres mil quinientos prisioneros torturados y muertos de nuestras tropas revolucionarias en la fortaleza de El Callao entre 1809 y 1821, cinco millones de paisanos indígenas asesinados por el terror español y católico en México sólo entre 1810 y 1815 (según relatara Bolívar), medio millón de paisanos mayoritariamente indígenas asesinados en el Perú y el Alto Perú entre 1809 y 1824 y cientos de miles con igual suerte en Colombia, Venezuela, Ecuador y Chile, como represalia por desafiar al poder del Rey y de la Iglesia. Esta simple enumeración, en la cual queda claro que hubo pocos muertos producidos en el actual territorio argentino, tal vez bastaría para entender la justeza y brillantez –según lo señalaron sus propios enemigos y los Patriotas del resto de América, entre mayo de 1810 y junio de 1811- de la política aplicada por Moreno, Castelli y Belgrano en dicho período que nos diera la Libertad. Pese a ser derrotados finalmente en lo político, lograron sin embargo, destrozar a la contrarrevolución española y acabar con el absolutismo casi de un solo golpe. Así Moreno pudo decir en carta a Belgrano: ‘podrán derrotarme, podrán matarme, pero la revolución que hemos hecho ya no podrán volverla atrás.’ Y mal que le pese a Feinmann, tuvo razón: nada fue igual después de Mayo de 1810, a tal punto que la rebelión de masas iniciada se extendería hasta la batalla de Cerro Corá y concomitantes las rebeliones de Felipe Varela, López Jordán, Aparicio Saravia y su similares de Bolivia y Perú, ya en el último tramo del siglo XIX. Y si seguimos la línea que propone José Pablo, continúan apenas unos años más tarde, en el México insurgente de Villa y Zapata. Moreno también tenía claro la magnitud del desafío emprendido y la atroz represión española que se abatiría sobre ellos si eran derrotados: ‘o ellos o nosotros. No hay alternativa’, señaló cuando entregó a Castelli, la orden de fusilar a Liniers y demás contrarrevolucionarios. En esa política firme, verdaderamente revolucionaria, de ‘machacar, machacar y machacar’ sobre caliente, pues como enseñó Lenin (a quien obviamente ni Castelli ni Moreno pudieron leer) ‘el momento en que se toma el poder es el de mayor debilidad de toda revolución’. Lenin también nos recordaba el consejo de Engels de que ‘nada es más autoritario que una revolución’, cosa que parece que el núcleo duro de nuestra Revolución sabía de antemano, no por leer a Engels casualmente, sino en base al horror y la sangre derramada en tres siglos de atroz dominio hispano. De allí la necesidad de la dureza contra el enemigo en esos momentos del alumbramiento. El Plan expresaba el pensamiento político, económico, social y militar de la Logia del Plata, dirigida por Castelli, expresión del núcleo más duro de la Logia Continental comandada por Miranda. Pensamiento expresando el programa que Castelli, Belgrano, Moreno, French, Rodríguez Peña, Vieytes, y luego San Martín, Artigas, Güemes, Dorrego, Bolívar y Monteagudo, entre muchos otros, llevarían adelante.


Buenos Aires-Tucumán: Territorio Libre de América


En el duro, sorpresivo y sin contemplaciones accionar, del núcleo duro de la Revolución de Mayo, radica la razón por la cual el territorio comprendido entre Buenos Aires y Tucumán nunca pudo ser recuperado jamás por los realistas, cosa contraria a la ocurrida en todo el resto del continente, desde México hasta Santiago de Chile y parte del territorio Oriental. (Al margen, esa también es la razón por la cual no existe revisionismo hispano-católico en el resto de América: a nadie, a excepción de la Iglesia católica y las minorías blanco-oligárquicas se le ocurriría reivindicar la dominación española, como ocurre en la Argentina). Y ese accionar revolucionario firme, decidido, anticipatorio y liquidador del enemigo, es el hecho determinante de que los ejércitos libertadores partieran de Buenos Aires, Tucumán o Cuyo y no de otra parte. Y tiene razones muy claras: los fusilamientos de Cabeza de Tigre y de Potosí que descabezaron a la contrarrevolución realista; la expulsión mediante el terror revolucionario del ex Virrey Cisneros y de la Real Audiencia , sin miramientos, sin escalas y sin aviso previo con destino directo a las Islas Canarias; la liquidación por envenenamiento del obispo Lué; el escarmiento físico a los realistas que osaron enfrentar a la Junta ; el destierro y expopiación de los españoles realistas (los Godos), los triunfos militares de Suipacha (cumpliendo expresas instrucciones de Moreno), Las Piedras y la Florida ; la incorporación de Artigas como jefe de la insurrección plebeya de la Banda Oriental , según propone con todas las letras Moreno en su Plan, cuestión que ignora Feinmann. A estas acciones decisivas, y que abarcan un período histórico de éxitos y triunfos de consolidación revolucionaria, mucho más extenso que los cuarenta y nueve días de la Primavera Camporista –proceso que saludamos y reivindicamos, pero que es incomparable con los seis o doce meses del accionar de Moreno, Castelli, o los diez años de Belgrano, aun cuando se le parezca, pues como nos ha pasado en todo renacimiento de la Patria , el proceso vuelve siempre a Moreno, pues es lo inconcluso, la asignatura pendiente de Nuestramérica- a estas acciones debe agregarse decíamos, la rigurosa aplicación del Plan de Operaciones -aprobado por unanimidad por la Primera Junta el 31 de agosto de 1810 y propuesto sugestivamente por Manuel Belgrano el 15 de julio- hasta diciembre de 1810 por la Primera Junta , hasta junio de 1811 por Castelli en el Alto Perú y por Belgrano en Paraguay, las Misiones, la Banda Oriental y luego en Jujuy, Salta y Tucumán hasta 1814. ¿O es qué hay algo mas draconiano y morenista que el Éxodo Jujeño? Allí, Belgrano –el ‘soldadito improvisado’-, dictaminó que quien no marchara con el ejército Libertador a Tucumán ‘sería expropiado y pasado por las armas’. ¿Improvisado? ¿Vanguardista?


El Plan de Operaciones y la gesta Emancipadora


No sólo los ejércitos libertadores partieron del Plata, el Congreso de Tucumán no proclamó -como miente Mitre y repiten algunos ‘revisionistas’- la ‘Independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata’. Sí, proclamó la ‘Independencia de las Provincias Unidas en Sud América’ –nombre suprimido en la Reforma Constitucional de 1862, posterior a Pavón, por Mitre ya que, ‘nosotros no somos americanos sino europeos en América’, pensamiento mitrista-sarmientino, contrario al de Moreno, Castelli, Belgrano y San Martín-, y esta proclama americanista fue así, pues en 1816, el único territorio libre del continente -gracias a las medidas revolucionarias y draconianas de Moreno, Castelli y Belgrano- era el comprendido entre Buenos Aires y Tucumán, incluyendo a la Banda Oriental , claro está. De tal forma como ocurriría con Chile, el gobierno surgido de aquel Congreso podía dar ayuda y reconocer a todo gobierno revolucionario que surgiera en el continente. Para dar mayor encarnadura americana a lo allí aprobado, el Director Supremo no lo era de las Provincias Unidas del Plata sino de las mismas, pero de Sud América. Así rezaba el sello directorial de Pueyrredón e incluso el de Rondeau. Mas aun, el programa del Congreso de Tucumán, fue el de la emancipación de América por medio de la construcción del Ejército multinacional de los Andes, comandado por el Libertador San Martín, sucedáneo del de Castelli traicionado en Huaqui. Cabe aclarar que San Martín para construir el Ejército Libertador Americano, aplicó a rajatabla el plan de Moreno, amén de haber heredado los restos y los cuadros de la Logia castelliana. Completando su obra emancipatoria y americanista, el Congreso de Tucumán, no sólo proclamó la Independencia de América, y dictó el ‘Plan de Operaciones del Ejército Libertador’ (Pérez Amuchastegui dixit), siguiendo en los lineamientos continentales trazados por Bolívar unos meses antes en la Carta de Jamaica, sino que a propuesta de Belgrano –el único sobreviviente del trío fundacional tupamaro-jacobino- aprobó el 5 de julio de 1816, por mayoría, la propuesta de la Monarquía Constitucional Incaica, con el Inca Juan Bautista Túpac Amaru –hermano menor de nuestro padre Túpac Amaru y prisionero desde 1781 en España- como monarca de un estado americano único, con ‘capital en el Cuzco’. Es decir, ante el cambio de la situación mundial por la derrota de Napoléon en Waterloo –y con él de la Revolución Francesa- y el surgimiento de la tenebrosa Santa Alianza que se proponía restablecer el absolutismo monárquico y religioso, y recuperar América para España, Belgrano –principal cuadro político de la Revolución , junto a Castelli- retomaba la propuesta original de Miranda de 1790, respecto de una Monarquía Constitucional Incaica, que unía ambas corrientes revolucionarias: la india o indiana y la de la burguesía criolla. De allí, que sino se entiende el componente Indio de la Revolución , no se entiende la revolución en Sur América, y por eso Feinamnn derrapa en la interpretación de una revolución burguesa que en realidad es Tupamara-criolla, de allí que al no haber burguesía Feinamnn concluye al igual que Horowicz (El país que estalló, Sudamericana, 2004), ‘que no hubo Revolución en 1810’. Es decir, si la realidad no coincide con mi teoría, la equivocada no es mi teoría sino la realidad. Tamaña negación de la realidad. La derrota reiterada -en casi sesenta años de guerra civil entre revolución-contrarrevolución (plantear la dicotomía Interior-Buenos Aires o Federales-Unitarios entre 1810-1820, es un despropósito ya que la contradicción principal radica en el eje Revolución-contrarrevolución), en sus distintas expresiones- de la Revolución no implica su no existencia, en todo caso la deja inconclusa, que es la tarea a realizar por todos los argentinos-americanos desde la muerte de Moreno, y que es en lo que hemos estado y estamos.


El eterno recomenzar de Moreno y la Patria Americana soñada


La Monarquía Incaica era una propuesta absolutamente revolucionaria que nos hubiera dado una nación Suramericana unida y con ‘nuestros paisanos los indios’ como ciudadanos iguales al resto y como verdadero sujeto revolucionario, ya que ellos eran el sujeto a organizar y sublevar para Castelli, Belgrano y Moreno y no la ‘burguesía inexistente’ como ellos mismos escribieron. Las masas indígenas constituían las cuatro quintas partes de la población americana. ¿Qué otro sujeto revolucionario habría? Si constituían la mayoría de la población y estaban esclavizados por encomenderos, mitayos, yanaconas, ingenios, y propietarios españoles y criollos en general, el sujeto revolucionario debían ser las masas indias. A su vez el Estado centralizador debía reemplazar a la burguesía inexistente en el control y organización de la economía. ¿Es tan difícil de entender eso? Moreno fue absolutamente claro en el Plan, “Se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del Estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que debe evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan.’(2) La virtud de Moreno, Castelli y Belgrano es casualmente que lo comprendieron en 1810. Por el contrario ni Busaniche ni Milcíades Peña, pudieron entenderlo en 1960. Pero R. Puiggrós, Boleslao Lewin, Julio César Chávez, A. J. Pérez Amuchástegui, F. Pigna y hasta Ernesto Palacio sí entendieron perfectamente de qué se trataba. Y la mayoría de ellos –no Palacio casualmente- lo comprendieron en su dimensión americana y no provinciana como es el caso de la mayoría de nuestros historiadores, sean ellos mitristas o hispano-católicos. Eso es lo que Feinmann no omprende y por eso tampoco se percata, que el mayor morenista-castelliano de nuestra historia, después de San Martín, el que estuvo más cerca de cumplir el Plan de Operaciones, haciéndose el boludo, sin nombrarlo, mirando para otro lado -como buen jefe Tehuelche- aliándose a la Iglesia –enemigo jurado de Moreno, Castelli, Belgrano y la Revolución como reconoce F. M. Esquiú-, aliado con los hispano-católicos para disimular, fue el General Perón. Perón aplicó el Plan de Moreno a rajatabla –con su dosis de terror incluido- y en cinco años puso a la Argentina en el tercer o cuarto lugar del mundo y a la cabeza de la América Latina , a la que se propuso unir, como indica el Plan, a través de su propuesta de unidad política con Brasil y Chile y su propuesta de Ciudadanía Latinoamericana y su ayuda a todas las revoluciones del continente. El Plan era la razón de la Revolución , y la razón por la que Moreno se anticipa casi cien años a las ideas que luego expondrían Lenin y Trotzky (también Marx y Engels desde 1848) sobre la construcción de la modernidad en los países coloniales, sin burguesía nacional. Eso mismo hará Gaspar Rodríguez de Francia en el Paraguay con los resultados conocidos. Volviendo a la propuesta belgraniana del ‘Rey Inca’ en 1816, apoyada por San Martín y Güemes, implica que el primero de nuestros libertadores, no abandonó en ningún momento la propuesta fundacional y revolucionaria de la Logia Independencia presidida por Castelli y esbozada en el Plan, ya en los tiempos de la Logia Lautaro (nombre que por sí sólo debería hacer pensar en el carácter indiano de los revolucionarios). Es mas, esa propuesta de haber sido aprobada pese a ser ‘monárquica’, habría sido imposible de ser rechazada por Artigas que dirigía la mitad de territorio nacional, y cuyas tropas estaban compuestas mayoritariamente por paisanos indígenas.

La maldición del Plan de Moreno


Moreno sería el primero de una larga lista de mártires y desterrados que intentaron llevar adelante el programa de la revolución continental expresado en el Plan de Operaciones que lleva su firma. Además de Moreno (asesinado por el capitán de un barco británico, mientras partía rumbo a Londres en un intento por reconstruir con apoyo de la Logia continental, el rumbo revolucionario del Plata, derrotado transitoriamente por la alianza de Saavedra, el Deán Funes, Viamonte y Martín Rodríguez) integran esa lista otros insignes patriotas que fueron derrotados por la alianza de las oligarquías locales, la Iglesia y los intereses británicos, al intentar llevar adelante los elementos principales del Plan, a saber: un Estado Nacional fuerte controlando la economía con una dura política de expropiaciones y proteccionismo económico; una única nación continental en una sola nación confederada de carácter Sur-americano desde México hasta el Cabo de Hornos y una profunda igualdad racial, étnica y de castas, liberando al indio, devolviéndoles sus derechos y culturas y suprimiendo la esclavitud de los afroamericanos, tal cual había proclamado ya Túpac Amaru en 1780. En la lista de asesinados por intentar aplicar el Plan de Operaciones además de Moreno podemos incluir a Manuel Ascencio Padilla, a Martín Miguel de Güemes, a Bernardo de Monteagudo, a Antonio José de Sucre, a Manuel Dorrego, y según todo parece indicar al mismo Libertador Simón Bolívar, muerto en extrañas circunstancias luego del Congreso Continental de Panamá y cuando era evidente que se aprestaba a invadir el Brasil (cabeza de la Santa Alianza en América), junto con Dorrego y el general San Martín al frente de las tropas del Plata, que para dicho efecto retornó al continente en 1829 con pasaporte falso a nombre de José Matorras (apellido de su supuesta madre española). Un último asesinado por continuar la aplicación del Plan, fue el Mariscal Francisco Solano López, quien profundizó la aplicación tajante del Plan de Moreno que había realizado el fundador del Paraguay y miembro de la Logia masónica continental, el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia -compañero y amigo de Juan José Castelli, el jefe (Venerable, según los grados masónicos, título que luego ostentaría San Martín) de la Logia platense. Podría incluirse en esta lista a Juan Facundo Quiroga y al Chacho Peñaloza, con algunas disidencias. Entre los patriotas desterrados o expatriados por llevar adelante el Plan de Moreno, podemos encontrar, a Juan José Castelli traicionado en Huaqui (Desaguadero) por Viamonte y demás saavedristas, al Libertador Don José de San Martín, al Protector de los Pueblos Libres don José Gervasio de Artigas (‘argentino, de la Banda Oriental’ según expresó en su testamento) (en su honor San Martín tomó el título de Protector del Perú), al Libertador Bernardo O’ Higgins, a la tenienta coronela del Ejército Auxiliar del Perú Doña Juana Azurduy de Padilla, a Domingo French, al primero de nuestros Libertadores el general Manuel Belgrano, quine luego de la derrota de Moreno y Castelli, fue exiliado por cuanto destino hubiera lejos del poder central y abandonado luego con un ejército harapiento en Tucumán, hasta la víspera de su muerte. Debemos sumar también a Felipe Varela, quien luchaba a nombre de la Gran Unión Americana, que se oponía a la Guerra del Paraguay y a las invasiones europeas concomitantes, retomando la senda de la unidad continental en la segunda mitad del siglo XIX. Feinmann parece desconocer que Artigas aplicó el Plan en la Banda Oriental y en la Confederación de los Pueblos Libres. Como dijimos San Martín lo aplicó en Cuyo, sin lo cual habría sido imposible crear de la nada el Ejército de los Andes, construido en base a expropiaciones de toda la burguesía goda y criolla y en base a una política de Capitalismo de Estado absolutamente centralizada y draconiana, razón por la cual no se estudia y se desconoce, la política de gobierno de San Martín en Cuyo. La misma política aplicó O’Higins en Chile en sus años de gobierno y es la razón por la que pudo financiar la expedición Libertadora al Perú, pese a la negación de auxilio y participación, de la burguesía agraria y comercial porteña, que se opuso a la liberación del Perú, reclamando por le contrario la ‘devolución a Buenos Aires’ del Regimiento de Granaderos a Caballo. Glorioso Éjercito que sería disuelto de manera vergonzosa, luego de Ayacucho, a su regreso a Buenos Aires, cuando los sobrevivientes de los que habían partido en 1817, señalaran ‘ya no quedan armas españolas en América que amenacen nuestra libertad’. Sin embargo a la burguesía comercial y terrateniente bonaerense-porteña eso ya no le importaba, el camino de Moreno había sido reemplazado por el de Rivadavia-Rosas. O´Higgins también sería derrocado y exiliado por esta política. Luego San Martín con Monteagudo y Tomás Guido –el compañero de viaje final de Moreno en 1811- aplicarían el Plan en el Perú y por último como ya dijimos Gaspar Rodríguez de Francia aplicará a rajatabla el Plan entre 1812 y 1840 en el Paraguay, transformando a la nación guaraní, pese al bloqueo de la aduana porteña, en la más avanzada de las naciones hispanoamericanas. Plan que sería profundizado por los Mariscales Antonio y Francisco Solano López, quienes ubicarían un Paraguay a la cabeza de las naciones hispanoamericanas al combinar la política de capitalismo de Estado, de monopolio estatal de la tierra y proteccionismo económico propuestos por el Plan, junto a la obtención del intercambio comercial libre con el resto del mundo que produjo la caída de Rosas y la ruptura del monopolio de la aduana porteña por sobre las provincias y naciones del Litoral. Solano López pagaría con su vida, el genocidio de su pueblo y la soberanía de su país, el atrevimiento de haber llevado hasta el final las ideas esbozadas por Moreno, Castelli y Belgrano en el Plan que Feinmann califica de ‘utopía’ inaplicable.

De Castelli y Moreno a Firmenich y Perdía


Si bien el proceso histórico es un eterno recomenzar, y como toda cuestión inconclusa, nuestra historia vuelve siempre a Moreno, Castelli, Belgrano y su Plan, comparar a dos revolucionarios descomunales y fundadores de la nación que habitamos, con dos representantes de los servicios de inteligencia del enemigo –el señor Perdía fue miembro del gabinete político del Señor de Anillaco desde 1989 hasta 1999, además de las ‘cositas’ que hizo cuando era ‘comandante’ montonero-, que supieron llevar al proceso abierto en 1969 a la catástrofe de 1976, nos parece un desaguisado. Si bien es útil y provocador comparar ambos procesos. Por supuesto que no pensamos lo mismo de Walsh, Quieto, Santucho, Osatinsky y el Tucho Valenzuela por ejemplo, mas allá de sus errores, en algunos casos descomunales, como es el caso de Santucho. Comparar al ERP, que no llegó a tener setenta hombres alzados en Tuumán, con Castelli que, doscientos años antes, comandó un ejército de 7.000 hombres dispuestos a liberar América y que perdieron por un pelito y la traición saavedrista, nos parece un verdadero disparate. Sería bueno recordar respecto de la visión que sobre el pasado tenían nuestros compañeros de los Setenta, un par de reflexiones de dos de sus protagonistas. Una de Rodolfo Walsh y otra de Pedro Cazes Camarero. Decía Walsh, cuando percibió que la conducción montonera había perdido la brújula y llevaba al movimiento al desastre. ‘Hay dos fallas del pensamiento de izquierda en las que recae, a mi juicio, el pensamiento montonero, cuando analiza su problema central, que es la toma del poder. Una privilegia las lecciones de la historia en que la clase obrera toma el poder y desdeña aquellas otras en que el poder es tomado por la aristocracia, por la burguesía. Ni Marx ni Lenin procedieron así. Ambos dieron a la toma del poder por otras clases un carácter ejemplar. La segunda falla deriva de la primera y remite al punto de partida, a saber la ahistoricidad de nuestro pensamiento. Puesto que las lecciones de historia en las que la clase obrera toma el poder se dan solamente a partir de 1917, y solamente en otros países, ese es el nivel cero donde empieza nuestro análisis. Un oficial montonero conoce, en general, cómo Lenin y Trotsky se adueñan de San Petersburgo en 1917, pero ignora cómo Martín Rodríguez y Rosas se apoderan de Buenos Aires en 1821. La toma del poder en la Argentina debería ser, sin embargo, nuestro principal tema de estudio, cómo fue de aquellas clases y aquellos hombres que efectivamente lo tomaron. Perón desconocía a Marx y Lenin, pero conocía muy bien a Yrigoyen, Roca y Rosas, cada uno de los cuales estudió a fondo a sus predecesores.’ Walsh entendía perfectamente cómo para actuar en el presente había que conocer el pasado de lo que se quiere transformar, pues como nos enseñó Gramsci ‘la historia concreta de un pueblo es el sustrato material de la lucha de clases, y se hace necesario conocerla a fondo para poder incidir en ella’. Pedro Cazes Camarero sobreviviente de la conducción del PRT-ERP, contó una anécdota en la presentación de uno de mis libros sobre los años Setenta, que nos permite entender con mayor precisión las causas de la derrota del proceso que en algún momento llevó a ‘Cámpora al gobierno y a Perón al poder’. ‘Nosotros veníamos de las luchas de la Resistencia y no terminábamos de sumarnos al Peronismo tal cual era, buscábamos algo mejor, superador. Entonces estudiamos el proceso cubano, el chino el argelino y el vietnamita y nos enamoramos del proceso vietnamita. Entonces averiguamos qué habían hecho los vietnamitas para tener una inserción tan profunda en la sociedad vietnamita, y descubrimos que todos los dirigentes del PTV habían estudiado a fondo y en detalle la historia de Viet Nam, por lo tanto decidimos que había que poner a todo el Partido a estudiar.... la historia de Viet Nam.’ Cabe aclarar que tanto los vietnamitas, como los soviéticos, los yugoeslavos de Tito, los maquis franceses y muchos otros ejércitos y movimientos revolucionarios del mundo estudiaron con detalle el accionar de la guerra montonera del Alto Perú organizada primero por Castelli, Arenales, Ascencio Padilla, Juana Azurduy, luego por San Martín y Güemes y finalmente comandada por mas de 110 jefes indios y gauchos, que permitió que todo el territorio boliviano se mantuviera alzado en armas casi quince años, logrando detener más de cincuenta invasiones a nuestro territorio, permitiendo que San Martín pudiera organizar con tranquilidad el Ejército de los Andes en Mendoza. Es decir el mundo entero estudió lo que Moreno, Castelli, Belgrano y sus seguidores habían organizado para derrotar a España, pero nuestros revolucionarios de los Setenta lo ignoraron. Por último nos parece un serio error señalar que o ‘hay balas o hay masas y política’. Eso no es lo que dice la historia, la historia enseña por el contrario que cuando las balas y las masas se juntan las cosas cambian. ¿O qué hicieron acaso San Martín, Belgrano, Castelli, Ho Chi Minh, Fidel o Mao? ¿No hicieron política con las balas acaso y balas con la política? No hace mucho tiempo que tenemos la posibilidad de manifestarnos democráticamente, ni tampoco sabemos cuanto tiempo va a durar, si pensamos que 1976 fue el ‘Pavón del siglo XX’, y nos correspondió el genocidio disciplinador correspondiente, hasta que el poder dominante blanco-criollo-multinacional vuelva a estar nuevamente amenazado. Pensemos que Mayo fue en 1810 y la primera elección democrática (para la mitad del padrón nada más, pues las mujeres no votaban) fue en 1916, por lo cual pedirle a Moreno y Castelli que se abstuvieran de armar ejércitos para enfrentar al principal imperio colonial de entonces, suena poco menos que a burla. Por otro lado, los señores que cortaron las rutas el año pasado, no derrocaron al gobierno no porque ‘no quisieron’ como dice Feinmann, sino porque el 25 de marzo de 2008 a la noche, un grupo muy chico de argentinos y argentinas pusimos lo que había que poner para impedir que los gorilas derrocaran al gobierno y lo repetimos varias veces mas, ya con muchos más, para impedírselo. No le quede duda amigo Feinmann que si la SRA y CRA hubieran podido llevarse puesto al gobierno de nuestra Presidenta lo hubieran hecho. Fue la astucia de Kirchner de haberse quedado con el PJ, aunque a muchos no le gustara, lo que lo impidió. Por último para terminar, apelaré a la dignidad de Nicolás Rodríguez Peña, quien acompañó a Castelli, a Belgrano, a San Martín y también estuvo desde el comienzo hasta el final del proceso, quien en 1840 salió a defender a sus compañeros de Revolución de la injuria de que eran objeto por la burguesía terrateniente en el poder y que de ninguna manera quería opir hablar de Revolución. Dejaremos que él explique el supuesto vanguardismo y crueldad de Moreno y Castelli: ‘Castelli no era feroz ni cruel. Castelli obraba así porque a ello estábamos comprometidos todos. Cualquier otro, debiéndole a la patria lo que nos habíamos comprometido a darle habría obrado como él. Lo habíamos jurado todos, y hombres de nuestro temple no podían echarse atrás. Repróchennoslo ustedes, que no han pasado pro las mismas necesidades, ni han tenido que obrar en el mismo terreno. ¡Qué fuimos crueles! ¡vaya con el cargo! ;Mientras tanto, ahí tienen ustedes una patria que no está ya en compromiso de serlo.(...) Arrojénnos la culpa al rostro y gozen los resultados. ¡Ahí tenéis la patria! Nosotros seremos los verdugos, sean ustedes los hombres libres.’
Como reflexión final cabe pensar que nuestra desgracia no residió en la ‘ausencia de Revolución’ sino en la muerte prematura de su dos jefes mas brillantes. La muerte de Moreno y Castelli fue una catástrofe para la revolución de la que no pudimos reponernos, tal como señala Julio C,. Chávez. Sería bueno pensar qué habría pasado en Rusia si Lenin y Trotzky hubieran muerto en 1918, o si Fidel y el Che hubieran muerto al desembarcar con el Gramma, o si Mao y Chou En Lai hubieran muerto al principio de la Larga Marcha o Ho Chi Minh y Giap hubieran sido asesinados por los japoneses, al comienzo de la Revolución vietnamita. ¿Habrían podido dichos pueblos llegar a los resultados que llegaron? Sin dudas es hora de repensar Mayo en las coordenadas históricas que nos corresponden y verla en toda su dimensión, como una gran revolución continental, americanista, independista, indiana, tupamara y libertaria de la cual descendemos y a la cual debemos completar como nos propusiera Deodoro Roca en el Manifiesto Liminar o como intentara Juan Perón en la construcción de una Patria americana, justa libre y soberana, que no otra cosa propone el Plan de Operaciones de Moreno, Castelli y Belgrano, benditos sean.

Al amigo Ño Fernando
Vaya que lo llama un buey
Porque los Tupamaros
No queremos tener Rey
(Copla anónima de los ejércitos de Castelli, Belgrano y Güemes)

(1)www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-125499-2009-05-24.html

(2) Partes del Plan de Moreno citados por Feinmann J. P., en el artículo citado

*Director del Instituto de Estudios de la Central de Movimientos Populares (CMP)

miércoles, 17 de junio de 2009

La última elección del Consenso de Washington.


por Jorge Rachid


En medio de una crisis internacional definida como estructural y que abarca lo social, lo financiero y lo económico, Argentina enfrenta un proceso electoral cuya formulación se sustenta en el caduco modelo neoliberal. Así, se pretende la construcción de un supuesto debate de pensamiento, con centro en lo macroeconómico, donde las ideas fuerza rondan el “consenso” y la “sustentabilidad”, rememorando aquellos idealizados pergaminos, tan afianzados en los 90, que otorgan los organismos internacionales cuando los gobernantes nacionales claudicando, responden a sus intereses.

Esta situación terminal del mundo creado y regido por la especulación, la codicia y la extorsión de lo financiero por sobre lo productivo y que desprecia al hombre como centralidad totalizadora de la política, se ha agotado en su propia ignorancia: la acumulación de ganancias insolente y procaz de unos pocos terminó vaciando el consumo de las poblaciones trabajadoras y cayendo en la torpeza especulativa, quebrando así a su majestad, la lógica “del mercado”.

Después de la crisis del 2001 y de la mano del denostado y maltratado “Peronismo”, nuestro país, en contra toda la lógica racionalista internacional de moda en ese tiempo, recorrió un camino propio emergiendo casi indemne de una crisis que los poderes internacionales proyectaban como el capítulo final de la construcción de la nacionalidad en nuestro país.

Mal que les pese a muchos fue el Peronismo en su caprichoso derrotero histórico de enfrentar situaciones difíciles, sin ejercer la violencia ni coartar las libertades democráticas, sin proscribir a otras fuerzas sociales ni reprimir la protesta social, quien fue encontrando en la voluntad mancomunada del pueblo esa herramienta necesaria de esfuerzo y sacrificio, siempre dispuesta a recuperar la identidad nacional en horas difíciles.

Pese a contener en su seno elementos contradictorios que van de lo ideológico a lo metodológico, el Peronismo constituye el marco necesario de la expresión del movimiento nacional, que contiene desde el empresariado nacional a las organizaciones sociales libres del pueblo, desde sectores políticos aliados hasta contar con la voluntad del Movimiento Obrero Organizado, verdadero ordenador del diseño económico social, tanto en la creación de cuatro millones de puestos de trabajo hasta la suscripción pautada, lógica y ajustada a los tiempos postcrisis, de los convenios colectivos de trabajo.

En un país donde la democracia está en plena vigencia entrando en la adultez, la campaña política se desarrolla apelando a la consigna democracia o dictadura, instituciones o caos, transparencia o guerra civil, tal como hace setenta años, pretendiendo ocultar que los tres poderes de la República funcionan, el Gobierno actúa en el plano nacional e internacional de acuerdo a la presencia histórica de la Argentina en la lucha por la paz y la unión de los pueblos en especial latinoamericanos y la crisis que nos invade se atraviesa con políticas activas de preservación del empleo. No es serio ni constructivo que los medios y las cuestionables discusiones de presuntas plataformas nos pretendan hacer atravesar esta etapa de manera maniquea, poniendo en tela de juicio al conjunto de la Nación.

Sin dudas muchas reflexiones serán destacadas después del acto electoral, pero existen compromisos permanentes de la política en post del fortalecimiento como Nación, entre ellas el fortalecimiento partidario, el debate ideológico y la discusión del modelo de país que queremos, que muchas fuerzas expresan en su afán electoral, pero ninguna termina por definirlo. Mientras tanto el peronismo construye caminos políticos y fortalece la presencia del estado, después de años de ausencia y mercado negro.

Estos últimos años marcaron un camino sobre el cual transitar, un camino que había sido abandonado por la fuerza mayoritaria del peronismo en un proceso de tráfico doctrinario-ideológico, que lo llevó a abrazar las corrientes neoliberales dominantes entonces desde el inicio mismo de la dictadura militar del 76, en una lógica del poder contraria al compromiso de “primero la Patria, luego el Movimiento y por último los hombres” referencia inequívoca a la dedicación y compromisos ineludibles, con los desposeídos y los trabajadores.

No es posible ser Peronista y neoliberal al mismo tiempo por cuanto se representan intereses contrapuestos, por construir pensamientos antagónicos desde lo ideológico, por desarrollar alineamientos automáticos en el orden internacional por sobre los intereses nacionales, por ser acríticos a la hora de las definiciones de la situación nacional, por tener a los trabajadores como herramienta de ajuste económico y no construir dignidad. Podríamos seguir enumerando las contradicciones de un modelo que ha fracasado en el mundo como anticipó Perón, al condenar los capitalismos salvajes y deshumanizados, al alertarnos sobre la defensa de los recursos naturales, próxima estación de la voracidad multinacional que vivimos en estos tiempos.

Saltándose la mismísima directiva de Perón (“mi único heredero es el Pueblo”) quienes hoy se pretendan adjudicar la paternidad peronista para desandar el camino desarrollado, deberán sin dudas apelar a la tijera histórica para desconocer que se puede estar en desacuerdo con las formas de conducción del Gobierno y del Partido, se puede criticar la superficialidad de algunas de las medidas adoptadas, se pueden marcar actitudes diferenciadas con personajes que hoy conducen espacios nacionales, se puede plantear legítimamente la lucha política por el posicionamiento territorial, se puede estar enojado y herido, pero para hacerlo no es necesario ni es posible para quien se dice peronista, tejer alianzas con exponentes de la dictadura militar, ni con los responsables del vaciamiento del Estado, ni con los desesperados y tardíos ingresantes a un primer mundo utópico de la globalización financiera, ni con quienes atacan la Unidad Sudamericana de Naciones de la cual el Peronismo fue pionero de la mano de Perón en los 50.

Se acusa al Peronismo de violento, cuando en realidad fue el Pueblo Peronista la víctima de bombardeos indiscriminados, fusilamientos inconcebibles, proscripciones electorales por décadas, desapariciones, persecuciones al movimiento obrero organizado, encarcelamiento de dirigentes, siempre ejecutados en nombre de la Democracia y la Libertad, cuando en realidad era la tiranía de los históricos dueños del poder, de los que siempre optaron por el camino fácil de la represión y del ajuste sobre los sectores mas humildes de la población, de los que descreen de una sociedad solidaria desde los albores mismos de la Patria, cuando el conflicto Unitarios y Federales teñía de sangre nuestra geografía, siguiendo con Irigoyen y Perón, expresiones populares combatidas a sangre y fuego, por los mismos intereses que hoy expresan la contienda electoral.

Este panorama hace que se trate de la última elección en el marco del Consenso de Washington, diseñado como esquema de dominación y condicionamiento de las democracias populares, al fracasar las dictaduras militares, siendo esas democracias sometidas al manejo extorsivo y colonial de los organismos financieros internacionales, con socios locales que asumieron al Mercado como ordenador último del conflicto social, es decir represión y ajuste económico, enarbolando la teoría del ilusorio derrame económico y el pensamiento acrítico del Fin de la Historia.

La crisis económica financiera mundial los desnudó en toda su intensidad, lo despojó de la sombra hipócrita del Estado ausente, mostrando a las Bancas del mundo pidiendo auxilio a los que antes pontificaban como “Estados Bobos”, a las empresas multinacionales asumiendo públicamente vivir de las arcas del Estado y que siempre lo habían hecho en privado, intentando el capitalismo internacional que la crisis la paguen los pobres de los países emergentes como sucedió históricamente.

Los hombres y mujeres del campo nacional y popular, en especial los peronistas, sin dudas debemos asumir un proceso crítico de reconstrucción del movimiento nacional, fijando objetivos estratégicos en forma independiente de los procesos electorales acuñados para desviar los ejes principales de la política, dividiendo por aguas equivocadas en el afán neoliberal del protagonismo individual por la concejalía, la diputación o la senaduría, tomando como base que el ser electo no resuelve los déficit profundos del diseño estratégico del país. Resolver esta situación nos hará libres de ataduras conceptuales de los últimos 33 años de cultura dominante neoliberal para actuar y pensar libremente en los mejores caminos de construcción de nacionalidad en un mundo disperso y en crisis, donde la visión de hace 60 años de un líder como Perón, es revalorizada como categoría del pensamiento moderno y aquí estigmatizada como la marca de la confrontación que supuestamente llevó a la Argentina al descenso a los infiernos.

Nuestro aporte será sin dudas como la vieja FORJA del siglo pasado empujando a la recuperación de las banderas nacionales, de la política como instrumento de cambio en la calidad de vida de los pueblos, a desnudar los instrumentos de la dominación conceptual y material, reinstalando al hombre argentino y latinoamericano como eje de la política, por los caminos que el pueblo argentino esté dispuesto a transitar en la construcción de nuevos paradigmas para los próximos tiempos, en la construcción de un modelo social y productivo mas justo, en un país mas grande con un pueblo mas feliz.

JORGE RACHID
CABA 14-6-09
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
www.jorgerachid.blogs

viernes, 5 de junio de 2009

VOLVER AL FUTURO


por Jorge Rachid


La contradicción que encierra el título es la misma disyuntiva que enfrentamos los argentinos cuando hablamos de política, porque da la impresión que todo es ahistórico, todo significa un comienzo y en algunos casos hasta un alumbramiento de soluciones espontáneas que resolverán la vida de todos nosotros.

Es sin dudas una de las características de los procesos electorales, en especial aquellos en donde las figuras son mas importantes que las propuestas, procesos en donde las formas dominan los contenidos y la confrontación a fondo es el signo de partida para ocupar espacio en los actuales medios de comunicación.

Sin embargo, mas allá de la siempre despectiva y racista forma de denominar el voto popular, debemos preguntarnos si el pueblo ignora lo que es futuro y lo que es pasado, oculto detrás de una marquetinera forma de hacer política, por supuesto siempre presentada como “nueva”.

Quizás nos enteremos de la realidad, cuando nos interroguemos acerca de si estamos dispuestos a volver a ver a funcionarios del FMI paseándose por los pasillos del Ministerio de Economía dándole órdenes al ministro de turno, o si vamos a estar nuevamente pendientes de “calificadoras de riesgo” que nos pongan notas sobre nuestro perfil financiero como si en ello descansase la suerte de millones de argentinos, olvidándonos que estas “empresas” fueron las mismas que calificaron con un “Excelente” a las que tuvo que auxiliar con billones de dólares el gobierno de los Estados Unidos. Empresas que para horror de los “liberales puros” ahora tienen como socios mayoritarios al propio Gobierno, como en el reciente caso de la General Motors, donde los ciudadanos de los Estados Unidos poseen el 60% de las acciones y el Sindicato de los Trabajadores el 17.5%.

No olvidemos a aquellos que sienten nostalgias por los perdones alejados de la Justicia, en juicios, que son el único tema en que los “liberales puros” no dan crédito al clamor internacional sobre la dictadura y los genocidas. Cualquier otro reclamo del exterior es expandido con megáfono en los medios de comunicación, como si “hacer bien los deberes” con los intereses económicos de otras latitudes nos garantiza la viabilidad interna, siempre y cuando esté referida al aspecto económico garantizando el Mercado y no de derechos humanos o temas del medio ambiente o el combate a la pobreza y la distribución del ingreso.

Otros claman por paraísos perdidos que nunca existieron y menos aún cuando gobernaron, hablan de otro país, de otra geografía, de otro tiempo cuando se refieren a la seguridad social en el tema jubilados, congelados, mancillados, descontados, ignorados por décadas, en gobiernos de signo neoliberal, de crecimientos económico “macro” y acumulación de riquezas para pocos, pero con un pueblo triste, desocupado, errante en las periferias mismas de la pirámide social.

¿Que tiempo pasado hay que recuperar cuando la noche del dolor quedó atrás, aunque queda un largo camino a recorrer, pero con objetivos nacionales y populares que puedan recrear las esperanzas del pueblo argentino, que no sólo se nutre del día a día, sino de la posibilidad de prever un futuro para sus hijos, en un país mas justo.?

Sería ilógico desde este análisis pretender que todo lo realizado desde la crisis del 2001 haya sido lo correcto. Es mas, decirlo sería faltar a la verdad, pero desde ese momento en que se produjo el quiebre político del neoliberalismo dominante hasta hoy, se ha recorrido un camino que si lo hubiésemos planteado en aquella situación no habríamos tenido crédito a nuestras palabras.

Ni un paso atrás es la consigna que permite identificar claramente el camino, especialmente en estos tiempos de lides electorales, cuando los leones se visten de corderos, cuando la historia es escondida bajo la alfombra, cuando el peronismo es ocultado vergonzantemente aún en su diáspora y cuando se tergiversa la epopeya de un conductor estratégico como Perón quien nos anunció hace 34 años de donde venía el enemigo para hacerse de los recursos naturales, las reservas acuíferas y los espacios libres.

Un Perón que, según algunos, no estatizó los ferrocarriles, ni la banca y ni el crédito, que se olvidó del comercio exterior; que el IAPI, la Fábrica Militar de Aviones, Altos Hornos Zapla nunca existieron, como tampoco el Pulqui, ni el sedán Graciela ni la moto Puma, ni el Instituto de Reaseguros ni las cajas de Jubilaciones, ni ni la Salud ni el Hospital Público Carrillista. Claro que pudieron invertir los privados en esa época, de hecho se cuentan por millones la inversión en industrias, pero en el marco del Estado Justicialista del Plan Quinquenal del 46 y del 52, con la Comunidad Organizada como concepto del equilibrio de intereses y de organización popular.

Algunos pretenden que hoy no se hable de enemigo, como si en la lucha entre los intereses nacionales del pueblo argentino y los del capitalismo financiero salvaje y codicioso, estigmatizado ya en su momento por Juan Pablo ll y ahora por los mismos EEUU, pudiesen tejerse acuerdos ventajosos para la mayoría de los argentinos. En esa lucha de intereses que se plantea dentro de nuestro territorio por la distribución de la riqueza, también impera la cultura de 33 años de individualismo, de existismo y del “salvese quien pueda”, fundamento filosófico del egoísmo cultural neoliberal.

Quienes hoy plantean desde una tribuna política conformada por los medios comunicacionales propios como se debe proceder, fueron incapaces de hacerlo cuando gobernaron y si las fallas de la actual gestión pueden enumerarse en decenas, no es menos cierto que cada vez que decidieron, lo hicieron para el lado de los trabajadores y los desposeídos. En ese sólo gesto puede enmarcarse una conducta y desde ahí puede construirse un camino.

Algunos opinan que no alcanza para definirlo como un modelo, lo que no deja de ser una discusión semántica, pero hoy la Argentina está presente en el mundo con perfil propio, participando en las discusiones globales y proponiendo la eliminación del azote financiero y los paraísos fiscales, estableciendo los puentes necesarios de consolidación del UNASUR con su banco y su sistema de defensa, avanzando en el camino de la unión de los pueblos, no sólo de la económica que discute aranceles y desvela a los gurués liberales del otro tiempo.

Está en marcha en nuestro país, un nuevo paradigma que sólo surge de la conciencia colectiva del pueblo en sus múltiples formas de expresión. Las elecciones construyen caminos, con altibajos propios de los tiempos que se toman las mayorías populares para construir su destino, apostando a la paz y a la democracia en su autenticación correcta que es la democratización del poder, con herramientas plebiscitarias en cada jalón del camino, abandonando actitudes del coloniaje mental, del seguidismo acrítico y del anclaje político externo, pero siempre adelante, hacia objetivos que devuelvan la identidad y el orgullo de ser argentinos.

JORGE RACHID
CABA 2-6-09
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
www.jorgerachid.blog

jueves, 28 de mayo de 2009

La oligarquía sojera desespera por los avances de la ciencia argentina independiente*


por Alberto Jorge Lapolla**
mayo de 2008




*Artículo publicado por la Revista Contraeditorial, Nº 12, mayo de 2009,


Terror en el rentismo sojero

En un editorial del 24 de abril del diario de los Mitre, terroríficamente titulado ‘tierra arrasada’, refrendado por otro del día siguiente de F. Bertello llamado ‘Ante el riesgo de volver al pasado’ –pasado industrial, productivo, independiente, soberano e inclusivo, podríamos agregar-, se hace una defensa desesperada y plagada de mentiras y descalificaciones antidemocráticas hacia la acción del gobierno, del modelo de la sojización. Allí se defiende irresponsablemente la principal herramienta del pequeño poroto transgénico: la lluvia agrotóxica del herbicida glifosato que anualmente inunda nuestros campos, napas, cursos de agua, arroyos, lagunas, ríos y el ambiente circundante de las ciudades del interior. Lluvia que viene acompañada, de su secuela de teratogénesis (malformaciones en los nacimientos y abortos espontáneos) cánceres, alergias, dermatitis, enfermedades respiratorias, expansión descontrolada de la población de mosquitos, afectación de la micro-macroflora y micro-macrofauna del suelo y otros efectos nocivos que se manifiestan en toda la extensión de la cuenca sojera. Espantó a La Nación, un reciente informe preliminar dado a conocer por el Dr. Andrés Carrasco, científico argentino de renombre internacional, con más de treinta años de carrera, descubridor en los años ochenta del rol de los ‘Genes Hox’ en la morfogénesis de los vertebrados y Director del Laboratorio de Embriología Molecular del Conicet y de la Facultad de Medicina de la UBA. El informe del Dr. Carrasco versaba sobre los graves trastornos teratógenicos y protocancerígenos descubiertos en sus investigaciones de dos años de duración, en embriones de Xenopus levis, un anfibio utilizado en el mundo entero para estudiar los efectos de los fármacos y tóxicos sobre los vertebrados. Gracias a lo descubierto por el Dr. Carrasco en los años ochenta, la ciencia mundial sabe hoy que los procesos morfogenéticos de los anfibios, se reproducen de igual manera en el resto de los vertebrados, lo que incluye al ser humano. Es por ello que Carrasco, como haría cualquier científico responsable ante su sociedad, haya preferido hacer públicos a la prensa sus conclusiones, ya bastante avanzadas y con contundente seriedad académica. Palabrita ésta que le gusta a La Nación cuando la ‘Academia’ es de ella, pero que le molesta cuando la Academia le juega en contra. Carrasco salió a advertir a la comunidad, antes de publicar su trabajo en cualquiera de las medios científicos existentes, pues al descubrir un hecho que puede afectar gravemente a la salud de la población, primó su responsabilidad como científico, antes que las ataduras a los pasos burocráticos del sistema científico, que por otro lado lo autorizan perfectamente a hacer lo que hizo. De hecho las denuncias y evidencias contra los nocivos efectos del glifosato-Round up y el paquete de agrotóxicos que acompañan a la sojización, van en aumento día a día. La Nación reduce la cifra de agrotóxicos, a 160-180 millones de litros, pero en la última campaña los litros desparramados superan los 300 millones de venenos, varios de ellos prohibidos en otros países (2-4-D, Clorpirifós, Paraquat, Diquuat), con crecientes daños para el ecosistema en su conjunto y para la salud de la población en particular. Lógicamente las medidas a tomar a partir de la publicación oficial del informe, que pese a lo que tergiversa La Nación, fue entregado por el Dr., Carrasco, al Poder Ejecutivo Nacional, a ambas cámaras del Congreso Nacional y al Conicet, y un resumen preliminar nos fue entregado por correo electrónico a los investigadores ambientales y está disponible para cualquiera. Pero claro, no fue entregado con anticipación –impidiendo su ocultamiento- ni a la Nación, ni a Clarín, ni a la Cámara de agrotóxicos y fertilizantes, ni a Aapresid, ni a Monsanto, ni a los muchachos de la Mesa de Enlace, ni a ningún otro integrante del ‘agronegocio sojero’, y eso lo hace insostenible para La Nación. Peor aun, todos ellos comienzan a mirar con preocupación a sus colegas de la industria del tabaco, cuando se confirmara su relación directa con el cáncer de pulmón. Las costosas indemnizaciones que el agronegocio sojero deberá pagar al conjunto de la población contaminada con venenos agrícolas, por sus secuelas de cánceres, malformaciones, abortos espontáneos, y otras plagas parecen quietarle el sueño a La Nación y sus socios sojeros, por eso no ven la hora, ni la forma de acabar con este gobierno que permite estas investigaciones impertinentes. La sojización constituye una verdadera plaga que ha devastado el otrora poderoso y autosuficiente sistema productivo agropecuario argentino, que se caracterizaba por obtener una enorme masa de alimentos sanos y de altísima calidad sin apelar prácticamente al uso de agrotóxicos, basándose en las enormes ventajas agroecológicas de nuestras pampas y de la rotación agrícola-ganadera que por décadas permitió alimentar adecuadamente a nuestra población y al mismo tiempo poseer un alto saldo exportable de granos y carnes de altísima calidad, hoy perdida por la sojización masiva y la expansión de la producción de ‘carne- basura’ producida en el feed- lot, su lógico producto. Así dejamos de ser el ‘granero del mundo’ –que añora La Nación- para transformarnos en el ‘pastizal-sojal’ de China, la India y la UE, primarizando nuestra producción agrícola a extremos ridículos. Le vendemos soja y maíz en grano a Chile, para comprarles luego los cerdos y pollos que ellos producen con nuestros granos y que nosotros hemos dejado de producir gracias a la expansión descontrolada de la producción de ‘pasto-soja’.


Mentiras a granel

En un párrafo sin desperdicio, para el dolor de nuestra memoria histórica, La Nación se escandaliza de que la Ministra de Defensa haya prohibido sembrar soja trángencia en los campos del Ministerio a su cargo. El diario no puede dejar de mostrar su espanto ante el sistema democrático vigente y su profundización a partir de 2003. Dice La Nación: ‘Cuesta creer la ligereza con la cual la ministra de Defensa ha dispuesto prohibir la siembra de soja transgénica en inmuebles propios de las Fuerzas Armadas. Desde el momento en que el ex presidente Néstor Kirchner ordenó a su entonces jefe de Estado Mayor General del Ejército que retirara, como si hubiera sido un peón de limpieza, con sus propias manos un retrato de Jorge Videla del Colegio Militar, la época del desprecio por las instituciones del país ha seguido un curso por momentos trágico y por momentos desopilante.’ Si el párrafo no perteneciera a un editorial del diario mitrista, seguramente merecería integrar una de las mejores antologías de la picaresca político. Cuando el ex presidente Kirchner ordenó al Jefe de Estado mayor retirar la foto de Videla -pues ninguno de los colaboradores del general quiso hacerlo en muestra de rebeldía- Kirchner cerraba con esa acción decidida y valiente un largo ciclo histórico de autoritarismo militar por sobre el poder civil. Fue en ese preciso instante que la aciaga frase del ex presidente Alfonsín, sobre sus ‘Felices Pascuas’ que congelara por veinte años la construcción de un verdadera democracia en la Argentina, pasaba a ser historia. Néstor Kirchner ponía blanco sobre negro que el jefe militar era el Presidente elegido democráticamente por los argentinos, tal cual expresa nuestra Constitución. Esa que La Nación despreciara y aboliera una y otra vez a lo largo de nuestra historia, apoyando a cuanto golpe de Estado se produjera. Los genocidas y asesinos debían ser juzgados, la democracia podía seguir su curso interrumpido por las leyes de la impunidad. Kirchner hacía exactamente, lo que Alfonsín se había negado a hacer en la aciaga Semana Santa donde decidió vaciar de contenido su gobierno y traicionando a los millones de argentinos que dejando de lado sus banderías políticas, ocuparon las plazas de la Patria, rodearon Campo de Mayo y estaban prontos a destrozar al ejército asesino y genocida emergido del 24 de marzo de 1976 y dispuestos reemplazarlo por uno nuevo democrático y popular.

Videla y el glifosato: el mismo proyecto

Resulta notable que La Nación junte al glifosato y la sojaRR con Videla, casi sin anestesia, pues como hemos explicado muchas veces, la sojziación, que ha devuelto al país al modelo agroexportador, es hija directa de la brutal desindustrialización iniciada en marzo de 1976 y llevada hasta el hartazgo por el menemato. Entre 1976 y diciembre de 2001 se destruyeron 280.000 establecimientos industriales y se perdieron 300.000 productores agropecuarios. De ese increíble retroceso histórico surgió la sojización que nos devolvió al modelo de la ‘granja británica’, vigente entre 1862 a 1943, claro que ahora remozada como ‘pastizal chino’. Le vendemos a China ‘pasto-soja’ y le compramos toda su producción industrial incluida la basura. Eso si que es retorno al pasado. Argentina es el único país en el mundo que se desindustrializó por decisión política de su burguesía, sin haber sufrido ni una guerra de invasión, o de anexión, como ocurriera con la ex Yugoeslavia, la ex Alemania comunista o Irak. La última frase del párrafo es absolutamente perversa y denuesta el correcto accionar de la Presidenta legitima de los argentinos. ‘De un día para otro se toman en el seno de un gobierno orientado desde las sombras, y no por quien fue elegida para regir por cuatro años su destino, medidas que asombran. Pasará el tiempo y muchos de los personajes de esta época revistarán como protagonistas de capítulos inverosímiles, impropios de una república cuya grandeza se celebró por muchas razones en el mundo.’ ¿A razón de qué, una medida tomada por la ministra de Defensa designada por aquella Presidenta ‘elegida para regir por cuatro años su destino’ años proviene de un supuesto ‘poder en las sombras’? O acaso la ministra Garré no habrá consultado a la Presidenta, antes de tomar la correcta decisión de prohibir la sojaRR en los campos militares? Campos que por supuesto, no debían estar destinados a la especulación rentista-sojera, sino a la producción de alimentos para nuestras fuerzas armadas. Un ejemplo que debería tomar el ministerio de Educación y prohibir que los campos pertenecientes a las escuelas Agropecuarias o a las Facultades de Agronomía de todo el país se alquilen o produzcan desvergonzadamente sojaRR como si más. Finalmente el párrafo hace mención a gobernantes ‘impropios de una república cuya grandeza se celebró por muchas razones en el mundo’. ¿A qué grandeza se refiere La Nación? ¿A que Republica se refiere el diario de Mitre? ¿A esa extraña ‘república conservadora’, sin voto universal existente entre 1862 y 1916? ¿Al país de las vacas y las estancias? ¿A ese que según Roulet, dirigente de CRA, ‘hicieron grande el campo, la Iglesia y las Fuerzas Armadas?’ Esa República sin votos es la que añora la burguesía terrateniente, hoy reconstituidos en poderosa burguesía sojera, luego de haber vendido sus empresas industriales, habiendo fugado entre 150.000 y 300.000 millones de dólares fuera del país y haber recuperado gran parte de las tierras que debiera vender durante los años del peronismo. Añoran esa ‘republica’ donde votaban los muertos, y el ‘Presidente de la Nación’ se elegía en reuniones del Jockey Club, el Banco de Londres y el Club del Progreso. ¿Será por eso que toda la oposición habla de República, y olvida hablar de democracia? Recordamos entonces una frase que Jaime Jacques Perriaux, el ideólogo del modelo económico perpetrado por Martínez de Hoz, le señalara pedagógicamente al asesino Videla: ‘conviene hablar de República y no de democracia. A la democracia hay que explicarla a la republica no’. Creemos hallar allí la explicación de tanto fervor republicano de la oposición que se niega a hablar de derechos económicos, sociales y humanos, implicados en la ‘democracia para todos’ y no solo para los propietarios de la tierra (6900 familias dueñas del 49.7% de la tierra en la Argentina, bueno es recordarlo). Nos viene a la memoria al caso, un discurso de Domingo F. Sarmiento, en el Senado Nacional que creemos expresa el pensamiento republicano de La Nación, dice allí el ‘padre del aula’: ‘La clase decente forma la democracia, ella gobierna y ella legisla.(...) Cuando decimos pueblo entendemos los notables, activos, inteligentes: clase gobernante. Somos gentes decentes. Patricios a cuya clase pertenecemos nosotros, pues, no ha de verse en nuestra Cámara, ni gauchos, ni negro, ni pobres. Somos la gente decente, es decir patriota.(...) las masas populares cuando llegan al poder establecen la igualdad por las patas, el cordel nivelador se pone a la altura de la plebe y !ay de las que lo excedan de una línea! El ejercicio de la soberanía popular traería como consecuencia la elevación de un caudillo, que representa en todos sus instintos la mayoría numérica en despecho de la minoría ilustrada’.(1) Parecería que para los nostálgicos de la república conservadora el voto universal y la vigencia plena de las instituciones democráticas es un problema sin solución. Por suerte.

1-Citado por Carlos Paz en Poder, Negocios y Corrupción en la Época de Rivadavia, pag., 71, De Alejandría, 2000



**Ingeniero Agrónomo genetista e Historiador, Director del Instituto de Formación y Capacitación de la CMP

LA SALUD: UNA ENFERMEDAD DE ESTADO


por Jorge Rachid


Un lamentable análisis sería atribuir todas las deficiencias del sistema de salud actual de la Argentina, simplemente a la fotografía de hoy y pretender desconocer treinta y tres años de inacción coordinada del neoliberalismo para producir su desguace económico y operativo, a favor de grupo económicos, tanto de la medicina prepaga como de la industria farmacéutica en su conjunto.

Así lo ha sufrido el Hospital Público que, de ejemplo Latinoamericano de excelencia sanitaria y punto de referencia de países de todo el mundo, pasó a ser administrado y conducido por unidades de gestión cada vez mas delgadas, como son los municipios, en una mal llamada descentralización que en realidad esconde una fragmentación y una diáspora de políticas sanitarias que arremete nuestra memoria.

Las Obras Sociales Sindicales, ejemplo único en el mundo de un sector social que corporativamente, con recursos propios de los trabajadores de ahorro interno genuino para la salud, dieron respuestas que el Estado no ofrecía, en una cobertura integral y universal, que sin embargo fue atomizada e invadida por las empresas comerciales de medicina prepagas a partir de la desregulación del sistema, exigida por el Banco Mundial en los 90.

Se perdió en ese camino forzado a transitar, nuestra cultura y nuestra historia sanitaria marcada y ejecutada en forma brillante por el Dr. Ramón Carrillo que logró, no sólo eliminar las endemias mas preocupantes de nuestro país, sino que consolidó la práctica en sus libros como “La teoría del hospital” y sus clásicos métodos de conducción sanitaria, tales como la centralización ejecutiva y la descentralización operativa, que hoy aún se analiza y profundiza en el mundo académico. Esta pérdida de rumbo conduce hoy a confundir lo que es la planificación e instrumentación de una “Política de Salud”, con una política de “atención de la enfermedad”.

En éste marco es coherente y no llama la atención que el principal gasto de la inversión en “salud” en la Argentina, sea en medicamentos, ocupando casi un 32% del total del gasto sanitario total, lo que representa una desproporción absoluta con indicadores de otros países que destinan entre el 12 y el 15% a ese fin. De ese gasto total en salud nuestro país, en sus sistemas solidarios tanto de obras sociales sindicales, provinciales, PAMI y sector público hospitalario, cubre el 80% pese a lo cual no decide la direccionalidad del recurso ni las políticas prestacionales, al no dar la batalla necesaria del cambio profundo, transformador y revolucionario que nos merecemos para recuperar la política como herramienta de transformación, en el área mas sensible de los derechos humanos como es la salud de los argentinos.

Cualquiera podrá decir que es fácil decirlo y difícil concretarlo. Es cierto. Pero lo es también que la política de parches sobre una realidad escrita por una cultura dominante, que privilegió durante décadas las pautas de financiamiento, el capital privado, el diseño econométrico de la inversión en salud, la macroeconomía por sobre un Plan Nacional de Salud, invirtió como vuelta de campana todos los ejes de prioridades sanitarias de nuestro país a favor de la especulación, la ganancia, la corrupción, la codicia y la acumulación por parte del sistema prestacional privado, que opera extorsivamente sobre la seguridad social, al conocer perfectamente la situación a que ha sido sometida en sus limitantes burocráticas.

En ésta medida es lógico que los planes preventivos no existan, salvo programas puntuales que, cuando son de alto impacto mediático son financiados por los organismos de créditos internacionales, pero abandonando las enfermedades huérfanas, aquellas que no aumentan las ganancias de las multinacionales de medicamentos, ni tienen capacidad de ahorro interno, porque son las que golpean a los sectores mas humildes y desprotegidos de la población. El Chagas, las amebiasis , las lectopirosis, el dengue, el cólera, la fiebre hemorrágica argentina, ahora la tuberculosis reaparecida, forman parte de ese largo listado de abandono. A nadie le interesa, y un ejemplo concreto lo da el hecho del laboratorio de primera línea que anunció hace dos años que alegremente dejaba de elaborar el único medicamento que se recetaba para impedir el avance de los efectos del chagásico ya infectado, en especial los niños, llamado radanil, por la simple razón de que el Mercado era muy pequeño.

No debemos olvidar desde el punto de vista sanitario las condiciones medio-ambientales, en especial aquellas que afectan directamente la salud como los fosforados en general, el glifosato en particular y los mercuriales junto a los arsenicales, verdaderos contaminantes que condicionan la vida de poblaciones enteras rurales y urbanas ubicadas cerca de los centros de producción y explotación de comodities como la soja y el petróleo. Esas conjunciones crean condiciones de desarrollo de procesos oncológicos y malformativos en poblaciones cercanas, de difícil inserción en los medios de comunicación masivos frente a los intereses que representan.

Los Laboratorios Estatales de Medicamentos durante años fueron una expresión voluntarista de las provincias argentinas, luego de haber sido en la década peronista del 45 pioneros en el mundo con el EMESTA, habiendo dejado caer en estos años de neoliberalismo verdaderos complejos industriales de producción pública, como el laboratorio de las FFAA. Sin embargo ésta administración incorporó la Red de Laboratorios a un diseño de producción pública que deberá complementarse con la investigación y el desarrollo para adquirir soberanía en la decisión de la política sanitaria a futuro. Esto sumado a la Ley de Genéricos y los programas de salud reproductiva fueron sin dudas avances en un campo aún minado de la seguridad social.

Según cuenta el maestro Floreal Ferrara, decía Carrillo que el mejor plan de salud sin dudas es agua corriente y cloacas para todos los argentinos. Desde esa premisa es necesario construir políticas de Estado a futuro, con el concurso de quienes estén dispuestos a pagar el “costo” de reformular el actual sistema prestacional, plagado de aparatología de última generación y sin atención médica primaria, con médicos pauperizados y proletarizados por verdaderos explotadores financieros que cobran cápitas enormes de atención y pagan chirolas a los profesionales, con ritmos de trabajo y atención que atentan contra la excelencia médica, abandonando la práctica médico-paciente por la receta y la orden de estudio ante la mínima consulta por dolor, sin tiempo de profundizar el conocimiento y las causas de las circunstancias que impone la situación.

Apuntalar la Salud de la población no sólo es un mandato constitucional del cual el Estado debe hacerse cargo, es un derecho fundamental del hombre, que hace a su felicidad y la de su familia. Atender la Salud debe ser un desafío integral desde el nacimiento hasta la muerte, desde la misma concepción del individuo futuro a la dignidad de la etapa final de la vida, para lo cual se requiere eliminar aquellos obstáculos que afectan la dignidad de las personas, desde las largas colas nocturnas para turnos hospitalarios, hasta atenciones rápidas de consultorios periféricos desbordados y lejanos para muchos compatriotas. Se requiere la educación médica continua y retomar el pulso del humanismo desvastado por la lógica del dinero y la aparatología, en los profesionales. Se necesita de gobernantes que estén dispuestos a soportar todo tipo de agresiones por parte de quienes verán afectados sus intereses, consolidados por años en las estructuras del poder. Se requieren políticas sinérgicas del Estado en la compra centralizada de insumos y materia prima importada, con la decisión de producir en el país con la máxima tecnología y con nuestros técnicos y profesionales que exportamos, pero que no aprovechamos en toda su aptitud dentro de nuestras propias fronteras.

Se requiere, en definitiva una decisión política del mismo nivel y trascendencia que llevó a eliminar a las AFJP, del mismo tenor que el pago al FMI, de la misma dirección que llevó a recuperar los puertos, las aerolíneas, los ferrocarriles, a levantar las leyes laborales como estandartes de una cultura del trabajo y que deberá aún derrotar a las ART (ley 24557), pilar de la discriminación del obrero argentino ante el infortunio laboral.

Hay un camino recorrido que es correcto. En salud hay una hipoteca pendiente que tiene que ser levantada si pretendemos que sea esta la ruta del modelo social solidario y del Estado de Bienestar perdido en la lógica perversa de los 80 hasta la fecha. La salud es la llave junto a la educación y la vivienda de la tríada de la felicidad del pueblo y desde ahí apuntalar la grandeza de la Nación, ambos objetivos estratégicos del movimiento nacional y popular en la Argentina.

JORGE RACHID-
CABA 21-5-09
jorgerachid2003*yahoo.com.ar
www.jorgerachid.blog

domingo, 24 de mayo de 2009

EL VALOR DE LA PALABRA


por Jorge Rachid

La inmensa catarata de palabras sin contenido que origina la lucha electoral, hace que la semiótica adquiera valor cotidiano en la interpretación de cada una de ellas como significado en si mismo.

Así nos asomamos a términos peyorativos como “la caja” cuando se expresa, desde la crispación, la búsqueda de recursos del ejecutivo, y que constituye su obligación natural para cumplir los objetivos del Estado Nacional.

Se utiliza, maliciosamente, el término “apropiación” a la restitución del derecho constitucional al sistema previsional solidario por la eliminación de las AFJP, que además de amputar el 30% del capital aportado del ahorro interno genuino de millones de argentinos adjudicándolo maliciosamente a “gastos administrativos” y no a “ganancias” que era lo real, invertían en “paraísos fiscales” e instituciones privadas de mercados de valores extranjeros, operando en ese momento con 35 mil millones de dólares provenientes de salarios diferidos a los fines previsionales. Cuando a esa situación se la llamó “saqueo” por parte de la prensa, los “políticamente correctos” clamaron por la “propiedad privada” como si los fondos previsionales fuesen plazos fijos individuales y no un pacto intergeneracional.

Por supuesto que a la recuperación del rol del Estado en la economía se la llamó “estatismo o populismo” en un desconocimiento de ambos términos, producto quizás de tantos años de cultura dominante neoliberal, donde “Estado” era palabra prohibida, y “Mercado” actuaba de ordenador social. Así nos fue, en el desierto del desamparo y la desocupación de los noventa. Sin embargo, no alcanzaron las recomendaciones de que el Mercado sin Estado es “mercado negro” promotor de las políticas darwinianas en lo social donde triunfa el mas fuerte, como en la lucha de las especies por su supervivencia.

Si “estatismo” es el rol del Estado como ordenador social y equilibrador de los intereses naturales que contiene toda sociedad, es indudable que lo único que se hizo fué recuperar “soberanía”, entendida ésta como la capacidad de tomar decisiones y ejecutarlas por parte del Gobierno elegido por el pueblo.

“Populismo” no se utiliza, arteramente, como estar atento a los contenidos populares del reclamo social, no ejercer la violencia del Estado ante el conflicto, atender la realidad y tratar de superarla, antes que estigmatizar la pobreza y la marginalidad. Se han convertido a las mismas, pobreza y marginalidad, en banderas de críticas antes que en caminos de solución que se están ejecutando, mal o bien, formando parte esto último de otro análisis mas profundo de políticas sociales donde la hipoteca social sigue siendo alta.

Cuando una acción de gobierno se cataloga de “populismo”, se lo hace desde una carga política que niega lo popular, que pretende ignorar que una sociedad se construye desde la búsqueda y el compromiso de Justicia Social, que significa ni mas ni menos que movilidad social ascendente a sectores de población hasta ayer nomás desplazados de la pirámide social. Si ese compromiso es “populismo” sin dudas es una política correcta desde el punto de vista de quienes pretendemos una sociedad mas justa.

Sin embargo quienes lo enarbolan lo hacen despectivamente porque han asumido como propio y aplicable para todos, al eje culturalmente dominante de los últimos 30 años que privilegió al sector financiero por sobre el productivo, derrotó temporalmente a la cultura del trabajo y las leyes laborales de años de luchas y sacrificios del movimiento obrero y convenció que los argentinos éramos vagos e inservibles. Tomó como cierto que necesitábamos una Argentina productora de materias primas para el mundo, que el mercado interno no importaba, que el costo social (que nunca pagan los poderosos) había que asumirlo para integrarnos al mundo, que necesitábamos a las inversiones extranjeras aunque sean capitales buitres o lavados de dinero espúreo. Nos explicaron que la teoría del derrame, del crecimiento macro, las mediciones de riesgo internacional, la opinión de los organismos internacionales de créditos y mil consignas eran “Palabras Infalibles a Aplicar”, pero la realidad sobreviniente fué que, la teoría y sus “aplicadores”, hundieron la Nación, nos dejaron sin Patria e hicieron llorar a millones de argentinos. Todo en el uso estricto de la palabra como herramienta de creación de una política.

La Palabra es el motor de búsqueda del pensamiento. Desde ella se puede discernir la “ideología” del emisor. Es el indicador desde donde se mira la vida, la propia y del mundo.

Quien dice “mano dura” lo hace desde algún lugar, mas allá del involucrado directo en un hecho lamentable y quien lo expresa desde la política no habla de seguridad, habla de represión.
Cuando nos presentan “inseguridad jurídica” en términos genéricos nos quieren significar que no funcionan los mecanismos republicanos de los poderes públicos democráticos.
Cual es la “seguridad jurídica” del jubilado con fallo de la Corte favorable que debe esperar el resarcimiento, frente a la “inseguridad jurídica” de la empresa monopólica privatizada que clama por justicia habiéndola vaciado, que no efectivizó las inversiones pactadas ni pagó las cargas sociales de sus empleados ni los impuestos a las ganancias.
Las seguridades e inseguridades existen de acuerdo al rol social de cada protagonista. Es un “hombre alegre” cuando el millonario se emborracha y “negro borracho” cuando lo hace un trabajador en el ejercicio discriminador, habitual y cotidiano de cierta prensa argentina.

Así cada condena, cada diatriba cotidiana, se va instalando como una verdad absoluta, indiscutible.
La ofuscación sobre los “índices de precios” no es tema de mayorías populares, preocupadas por otras circunstancias como los precios reales y como cuidar el peso. Las candidaturas llamadas “testimoniales” tampoco impactan en lo cotidiano del trabajador que hasta ayer transitaba la angustia del trabajo y hoy lo tiene.
Los “fondos” del ANSES y su inversión en políticas anticíclicas, inversiones de corto, mediano y largo plazo, como tienen los organismos previsionales del mundo, es otro tema de agitación.
La visita del “dictador” Bolivariano, quien pese a haber ganado las últimas 12 elecciones excepto una derrota sigue catalogado como tal.
Que estamos “fuera del mundo” por no tener acceso al crédito, en el mismo mundo que se derrumba con la lógica esgrimida por los críticos de hoy, pero que sin embargo comerciamos por 50 mil millones de dólares sin restricciones ni problemas financieros. Podría seguir el listado de frases hechas a medida, en una pugna cultural que es política y que dominará los próximos años de la agenda argentina en la búsqueda de sus nuevos paradigmas para los nuevos tiempos.

No quise ingresar por la ventana a la semiótica porque no me considero capacitado para eso, pero sí lo estoy para un análisis de la situación actual, donde los actores intentan esconder intenciones, detrás de palabras que desnudan las mismas.

Desde la visión internacional hasta el manejo propio del Estado todo está bajo sospecha, cuando no se dirimen como corresponde los términos ideológicos de la confrontación, cuando el debate político está escondido y nadie dice lo que va a hacer en caso de triunfar su postura. El Gobierno ha trazado un camino desde hace años y en su accionar ha tenido aciertos enormes y también falencias e hipotecas pendientes. El neoliberalismo estructural está vivo y merece ser desmontado para reinstalar la cultura de la solidaridad y el trabajo.

En realidad, lo que nos dicen, son “medias palabras”, son insinuaciones embozadas, son realidades que por alguna razón no nos dicen del todo, sino incompleta y confusamente. Las palabras son sentencias cuyo significado depende de quien las diga, donde las diga y hacia quien las diga. De esto saben todos los sesudos forjadores de imágenes de campañas electorales que trabajan sobre la foto y no sobre la película, impactando con el latiguillo, conmoviendo en la acción dirigida y escondiendo su programa político y su historia, diciendo solo “medias palabras” y sabiendo de antemano que su “palabra”, no es tal.

Los argentinos tenemos memoria y sabemos lo que no queremos, pero también lo que nos falta recorrer para construir una sociedad mas equitativa con Justicia Social, tanto como sabemos que la palabra “Patria” proviene de “padre enterrado” o sea nuestra propia historia, y “Nación” por “nacer” de nuestra identidad. Ambos términos que deberían conjugar nuestro compromiso para con ellos.

JORGE RACHID
C.A.B.A., 19 de mayo de 2009.