jueves, 23 de abril de 2009

FEOS, SUCIOS Y MALOS


por Jorge Rachid


La película italiana del neorrealismo que lleva ese título, sirve de sostén para caracterizar todo aquello que por oponerse al sistema, es caracterizado de esa manera. Pueden ser personas individuales, partidos políticos o instituciones siempre y cuando sus posturas sean contrarias a lo “políticamente correcto”, lo que “está bien” o lo que es formalmente “aceptable”.

El Peronismo en cualquiera de sus versiones se lleva las palmas de oro de esa caracterización a través de los medios de comunicación, de los editorialistas, los opinólogos y periodistas que estigmatizan a diestra y siniestra todo bicho que camina, en casilleros maniquéos del “deber ser” mas allá del fondo de las cuestiones analizadas, nunca profundizadas, en una banalización y frivolización informativa, que si no fuese por la gravedad del tema, debería ser ironizada con humor.

Es así aún cuando el debate del país amerita una discusión sobre ejes que determinen y fijen políticas de Estado frente a la crisis mundial del neoliberalismo financiero, que en nuestro país se niegan, quienes informan, a conectar con la situación nacional. Entonces pese a estar controlando los índices de empleos y proponiendo políticas activas anticíclicas, los titulares son: cuanto de menos hemos crecido en relación al año pasado, como se achicó la balanza comercial con Brasil, como cayeron los Bonos en la Bolsa, cuanto disminuyó el PBI con respecto al mismo mes del período anterior, cuanto va a afectar la vaticinada y nunca llegada crisis energética, entre otros titulares catástrofes destinados al efecto pánico, siempre presente en procesos electorales.

No quiere decir esto que no existan problemas. Es más: la hipoteca social pendiente del Gobierno Nacional debe ser un tema debatido, analizado y consensuado en propuestas que marquen el inicio de una etapa de construcción de un nuevo modelo social solidario, con eje doctrinario peronista que instale en el marco de la cultura del trabajo, el concepto de la Comunidad Organizada como mecánica de dirimir los conflictos de intereses desde el Estado, evitando las presiones lobystas y mediáticas de los grupos de poder. Es un tema y una responsabilidad pendiente, no solo del gobierno sino de todo el peronismo y el movimiento nacional y popular si quiere recuperar su raíz histórica de compromiso con los sectores mas humildes y desprotegidos de nuestra comunidad.

Por esa razón cualquier medida de avance tiene una lectura perversa, porque los “sucios, malos y feos” no pueden realizar otras acciones que no sean contrarias a todo lo conocido y supuestamente respetado. Así cuando los desocupados ( sucios) ocupan las calles los medios hablan del derecho de los demás, cuando cortan los ruralistas (limpios) es en defensa de un reclamo legítimo; si las candidaturas se deciden colocando las personas mas representativas del movimiento nacional (feos) son una manipulación, si lo hacen los partidos del sistema (limpios) jugadas honestas; si se despliegan banderas en el fútbol contra la monopolización de la televisión en las barras (malos) se esta apuntalando la delincuencia, cuando se forman grupos de desalojo por violencia institucionales en CABA (buenos) aunque ejerzan la de la peor manera, es para mantener Buenos Aires Limpio.

Olvidan que el peronismo fue el encargado de hacerse pie en las diferentes crisis que soportó el país, la última del 2001, una de las crisis mas espantosas por el daños social que recordemos. No recuerdan que desde 1994 el movimiento obrero organizado fue el único sector social de poder que, poniendo en juego y arriesgando sus propias estructuras sindicales, enfrentó al neoliberalismo, las privatizaciones, las AFJP, las ART, al FMI y al BM, en la calle y con acciones junto a los desocupados echados del sistema social, por la prepotencia financiera, especulativa y codiciosa.

Sin embargo ese movimiento obrero es hoy blanco de todo tipo de caracterizaciones, en especial por sectores llamados a si mismos “progresistas” que, con pensamiento eurocentrista, desconocen el valor y los códigos de la defensa del trabajo como bien social y de la identidad nacional como bien colectivo. Puede haber muchos dirigentes pasibles de críticas y sanciones, pero el movimiento obrero como sujeto político es indispensable en el andamiaje de una sociedad mas justa, equitativa y solidaria. Por eso es combatido, en especial, cuando comienzan los procesos redistributivos de la riqueza, cuando el reclamo de los trabajadores altera profundamente la placidez acumulativa del capital, que como nunca en la historia de la humanidad, provocó tanto dolor, sufrimiento y pobreza a millones de personas de la mano del neoliberalismo.

El Peronismo es “el hecho maldito del país burgués” decía el maestro John W. Cooke, que caracterizaba correctamente la etapa de irrupción del movimiento nacional en el país de las vacas gordas. “El aluvión zoológico” lo caracterizó la oligarquía, tan conmovida entonces como hoy por la aparición de nuevos actores, nuevos convidados a las mesas del poder. Estaban catalogando en su concepción, a una subcultura, denigrando y estigmatizando las corrientes populares, lo cual bastó para criminalmente bombardear Plaza de Mayo un día de semana al mediodía, con mas de 400 muertos civiles, con aviones militares en nombre de la democracia, la libertad y la Patria, acorralando a un gobierno democrático elegido por los “salvajes votantes argentinos que no sabían que hacían”.

Deberían leer nuestros columnistas de los medios gráficos a Vivianne Forrester en su libro “El Horror económico” y “El crimen occidental” para sentirse reflejados en la complicidad de los genocidios cuando las subculturas que, como denomina el “poder”, comienzan a ser perseguidas. Pasó en la Argentina, en la complicidad masiva del 76 cuando la consigna era a cualquier precio terminar con el gobierno Constitucional a seis meses de las elecciones. No fuese cosa que otra vez los feos ganasen, los sucios gobernasen y los malos nos pegasen. Así nos fue a los argentinos con silenciosos y silenciados secuestros, junto a exclamaciones en la prensa escrita sobre la necesaria interrupción democrática en nombre de los altos valores de la civilización occidental y cristiana, aclamando a las fuerzas armadas y justificando el genocidio, el secuestro de bebes que hasta hoy no hemos podido recuperar con identidad y la persecución de millones de compatriotas.

Deberían leer a Perón quienes son capaces de agraviar el avance del UNASUR, el Banco del Sud y el sistema de Defensa acordado por todos los países. Sería deseable que el periodismo preguntase a los candidatos que medida tomarían con el proyecto continental y las relaciones con Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Chile y el resto de Latinoamérica. Preguntar que harían con las AFJP y los Derechos Humanos en especial si volverían las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Si por conservar las formas hubiesen dejado a la Corte Suprema anterior, sin sacudir el polvo de tanta ignominia. Que harán con las leyes laborales que reinstalaron las Convenciones Colectivas, el Consejo del Salario Mínimo y derogaron la flexibilización laboral. Como se llevarán con el movimiento obrero en sus reclamos y si reprimirán la protesta social en las calles, además de permitir la libertad de empresa que existe hoy en la Argentina, donde cada uno dice las barbaridades infundadas que quiere sin beneficio de inventario. Dejarán quizás el tema petrolero sin tocar, ni las empresas privatizadas sin alterar, para garantizar seguridad jurídica a los de afuera e inseguridad de bolsillo a los de adentro. Seguiremos con los tribunales en EEUU para dirimir cuestiones nacionales y los dictados de los organismos de crédito internacional acaso? Cual sería el proceso de acumulación de riqueza si el financiero que nos llevó a la ruina o el modelo de producción y trabajo.

Podemos seguir con las preguntas que nos hacemos quienes somos peronistas aunque no oficialistas, pero mucho menos somos parte del “aliento fétido del orangután” que hoy se desparrama por los medios. Somos parte de la responsabilidad de construir una Nación, desde el lugar que sea por haber asumido un compromiso con el pueblo y con la Patria. Algunos los hacemos sembrando ideas, confrontando cuando podemos, sufriendo las oportunidades perdidas, pero intentando visualizar un camino, aún a costa de nuestro tiempo biológico.

Los procesos políticos los escriben los pueblos con sus tiempos y sus pausas, pero sin duda, quienes nos oponemos a transitar las alfombras del poder económico, además de negros seguiremos siendo sucios, feos y malos.

Jorge Rachid
CABA 24-4-09
Jorgerachid2003@yahoo.com.ar

domingo, 29 de marzo de 2009

PUBLICIDAD ENGAÑOSA


por Ariel Pascielli


El Gobierno está haciendo circular, para su discusión, un proyecto de ley sobre medios de comunicación para terminar con la vergüenza e ignominia del encuadramiento legal de ésta actividad –más conocida como Ley de Radiodifusión- en normas establecidas por la dictadura militar, con parches, remiendos, adaptaciones y modificaciones parciales legales y administrativas tomadas durante las sucesivas administraciones.

La Ley y sus modificaciones sólo permitieron la concentración de medios a favor de los factores concentrados del poder económico para encorsetar a la democracia y a la expresión popular, impidiendo la pluralidad de opiniones y la posibilidad de expresión para el campo popular.

Más allá de la adecuación legal a las nuevas tecnologías, la discusión hay que plantearla firmemente en la defensa de la libertad de expresión, del acceso a los medios de comunicación, del respeto intelectual por el pueblo, de la erradicación de pautas culturales que se amparan en ella para penetrar la idiosincrasia, la vida, las costumbres del pueblo, tratando de insuflarle, en un proceso de aculturación, sistemas de vida ajenos a nuestro sentir argentino.

Todo este proceso comunicacional es el coadyuvante para el sojuzgamiento y control de los intereses del pueblo. La aculturación imperial que le dicen.

Allí juegan los valores culturales que se pretenden imponer, a través del oligopolio y la cartelización de las noticias, sin permitir accesos a las vías de comunicación de otras corrientes que no se encuadren en los moldes preestablecidos por el poder local e internacional.

Ello responde a una estrategia de poder mundial que desde siempre ha estado presente pero que recrudeció a partir del Consenso de Washington.

Pero más allá de las editoriales y el manipuleo de la información, recrudeció la comunicación publicitaria siguiendo esas directivas de penetración, para promover el consumismo como deformación al buen consumo, llegando a caer sin ningún límite, en la mentira, en el falseamiento, en la falta de rigor científico para posicionar un producto, segmentarlo y dirigirlo al blanco específico de consumo y aún más, por repetición y “descreme”, abusando de las necesidades reales o provocadas, para ampliar las bases de la pirámide de uso.

Se ha abusado, y se abusa, del pueblo receptor de la comunicación y se lo incita a comprar productos más allá de sus necesidades reales y de su posibilidad de acceder al precio que tienen o del beneficio que le puede reportar.

La gran mayoría de los productos que se ofrecen, contienen un altísimo porcentaje de lo que se denomina “publicidad engañosa”, que no es otra cosa que abusar del desconocimiento del público, de su buena fe, de su posibilidad de comprender el todo del mensaje, en fin, de estafarlo intelectualmente para sumarlo al “target” de compradores.

Donde se observa con más frecuencia este tipo de metodología, es en la comunicación publicitaria de alimentos, suplementos alimentarios, medicamentos, dermatocosmética o instrumental o métodos que prometen menor peso, mejor masa muscular, mejor confort o calidad de vida, casi por milagro y en tiempo récord.

Existen en Argentina normas, disposiciones, resoluciones, decretos que tratan el tema con muy buen criterio en general, pero no existen leyes que obliguen a seguir pautas claras y precisas para terminar con el engaño, ni voluntad política ni sistema institucionalizado que adecue este tipo de temas para no seguir causando daño intelectual, físico o psíquico al pueblo argentino.

Esto viene de larga data y está enmarcado en el concepto “neoliberal” para su tratamiento denominado pomposamente “autorregulación publicitaria”, que coadyuva a consolidar el sistema de expoliación y dominio.

La “autorregulación” es un eufemismo que no tiene limites sino aspiraciones de mayor venta, de mejor rentabilidad, a expensas de deformar mentes y conceptos y calidad de vida. En aras de la libertad comunicacional no hesitan en distorsionar la verdad u ocultarla para ofrecer “beneficios” que no son tales.

Para evitar el encuadre en normas que pongan coto a este tipo de abusos, se han desarrollado conceptos como el de la mencionada “autorregulación publicitaria”, provenientes del hemisferio norte y que han permitido el libre albedrío y la proliferación del engaño al
pueblo argentino.

En nuestro país existen y están vigentes normas de muy buena factura que se pasan impunemente por alto, dado que el sector alimentario, medicamentos e instrumental para el confort y la buena salud, entre otros no las acatan.

No hay un sistema bien definido y estructurado para aplicar esas normas.

El Ministerio de Salud de la Nación, a través de la Subsecretaría de Regulación y Control y Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), debe proponer en la discusión de este proyecto de ley, que el Estado tome definitivamente esa función, la de control y rigor científico en la comunicación audiovisual de alimentos, medicamentos, suplementos dietarios y toda otra que se efectúe para promover o inducir al consumo de estos productos, para resguardar la salud de la población y erradicar la estafa y el engaño.

Tiene las normas vigentes para ello y puede hacerlo por si o con el apoyo invalorable que le pueda dar el COMFER.

Aprovechemos la oportunidad para lograr la ratificación por Ley de este problema que afecta al pueblo, de especial valía, tanto como lo son la pluralidad, la participación y la libertad de expresión y la lucha contra los monopolios comunicacionales.


Ariel Pascielli
Marzo 2009

LA INSEGURIDAD SOCIAL


por Jorge Rachid


La sensación que domina hoy en la Argentina es la inseguridad. Así lo afirman y lo remarcan los medios de comunicación, que muestran avances y tapas de crímenes y asaltos por doquier, con familiares y víctimas en estado de shock y con comprensible dolor y necesidad de justicia. Esta situación es reafirmada cada fin de semana con encuestas que remarcan la seguridad como la principal preocupación comunitaria.

Es legítima esa preocupación porque quienes la han vivido en carne propia, el curso de su vida no es el mismo. Cuidarse, tomar medidas que antes no se tomaban, alertarse telefónicamente, en fin un cambio de metodología cotidiana que calme la angustia producida por el stress postraumático, sobreviviente a un hecho delictivo.

Ahora desde el punto de vista sociológico, tomando distancia del dolor inmediato, el problema tiene otras características. En efecto si uno rememora la sociedad inclusiva y de pleno empleo de la mitad del siglo pasado, con proyectos de vida individuales y colectivos como pueblo, con movilidad social y ascenso en los indicadores de vida, puede empezar a sacar algunas conclusiones.

Desde 1976 en adelante se instaló en la Argentina un modelo económico, acompañado por un cambio cultural, que permanece dominante en estos días. Dicho cambio producto de la dictadura primero y de la persistencia de políticas neoliberales en el marco de la democracia posterior, enterraron el Estado de Bienestar, destruyeron la sociedad solidaria e instalaron la fragmentación social, como eje de la modernidad, demonizando al mismo tiempo al Estado, la pobreza y el trabajo argentino. Así hasta el 2001 en que el pueblo dijo basta a la lógica del Mercado y sus consecuencias en especial financieras.

En lo económico desde entonces ha habido avances en especial en el último lustro, al producir medidas que cambiaron el eje del dominio financiero neoliberal del mercado, hacia la cultura del trabajo y la producción, produciendo la incorporación de mas de 3 millones de argentinos a la población económicamente activa, derrotando la apropiación del ahorro interno genuino de trabajadores eliminando las AFJP verdadero ícono del saqueo neoliberal y restituyendo las leyes de protección de los trabajadores avasalladas por la flexibilización laboral en función de bajar los costos empresarios y la reinserción al esquema de movilidad de los sectores pasivos que durante años fueron congelados y después esquilmados por los poderes de turno .

En lo cultural en cambio, el proceso es mas lento, porque varias generaciones de argentinos crecieron en la lógica del individualismo, el exitismo, el sálvese quine pueda sin importar el prójimo, en medio de una diáspora social, con sectores arrojados de la pirámide social para siempre, empujados al desempleo y la desocupación en plena etapa productiva de sus vidas, con familias que debieron cambiar, cuando pudieron sus proyectos de vida para ellos y sus hijos, que no siempre lo consiguieron quedando como los nuevos pobres, después de haber habitado las capas medias argentinas, orgullo latinoamericano de nuestro país, en los años 50.

Si alguien pensó que las “fiestas” no traen consecuencias y sobre todo en el plano social, es porque no tiene pensamiento abstracto y proyectivo, pero un país que de la noche a la mañana produce 15 millones de desocupados y excluídos, que durante durante mas de 30 años instala el concepto egoísta y codicioso del dinero como eje de vida, que soporta una de las crisis mas importantes del mundo en el 2001, que se da el lujo de entregar desde sus fábricas hasta su tecnología de punta, que abandona la educación y la salud como reaseguros sociales futuros, que se desentiende del Estado confiando sólo en el Mercado como ordenador social , sólo puede esperar violencia, dolor y muerte. Son las secuelas naturales del neoliberalismo que privilegia lo económico sobre lo humano, lo inmediato por sobre los trascendente, la foto sobre la película, el individuo sobre la Comunidad, la fragmentación social antes que la solidaridad.

Un proyecto de país es un Destino Común para todos los argentinos, no sólo para algunos. Quienes quedaron dentro de la pirámide social, aquellos privilegiados que por información, herencia, suerte, pero también trabajo, ahínco, esfuerzo lo lograron no pueden desconocer el cuadro de situación social gravísimo que se les presenta diariamente. No son delincuentes los pobres ni los humildes, ni los desprotegidos. Son sobrevivientes con hijos sin proyecto de vida. Sólo en Provincia de Buenos Aires hay 200 mil chicos menores de 15 años sin estudios ni trabajo. No tienen la culpa ellos de esa situación. Si todos nosotros que habitualmente miramos hacia otro lado y nos emocionamos cuando nos muestran mujeres abnegadas, en especial mujeres que con comedores y ONG intentan paliar en parte tanta angustia y tanto dolor, deberíamos pensar que esos chicos de los comedores deberían comer en sus casas con sus padres y no de la dádiva pública.

No salen en los diarios ni siquiera en páginas interiores, los cadáveres de niños que no deberían morir y mueren de causas evitables, verdaderos asesinatos cotidianos, mas dolorosos aún en nuestra profesión médica. Son catalogados como indios Wichis o Tobas argentinos que mueren de hambre hoy en el Impenetrable chaqueño, como si fuesen extraterrestres mas que nuestros hermanos, verdadera discriminación pos mortem. No mueve la información la aparición de nuevas enfermedades infecto contagiosas ya derrotadas en otras épocas, ni el salvaje deterioro de los hospitales públicos, pero si son tapas los reclamos de los sectores de mas altas ganancias en el lustro, que piden pagar menos impuestos.

Dónde está el Estado? claman los medios cuando la noticia hospitalaria salta por un accidente grave y colapsa el servicio de emergencia, pero callan a la hora de los recursos. Dónde está el Estado? cuando piden represión a chicos fumando paco o tomando cerveza en una esquina, cuando la respuesta lo sabemos todos, es desde lo social, no desde lo policial. Así la lista interminable de un batalla cultural en pleno desarrollo entre un Modelo Social Solidario que debemos reconstruir o el afianzamiento del Modelo Neoliberal exedentario que con la teoría del derrame, postergó “sine die”las esperanzas del pueblo argentino y los proyectos de vida de miles de compatriotas.

Esa verdadera discusión que aún no está sobre la mesa es la que permitirá elaborar los nuevos paradigmas comunes de los argentinos. Si somos capaces de encontrar las formas de discusión, sin extorsiones ni prepotencias sectoriales en un marco común de combate, frente a la crisis de los países centrales , sin comprar recetas prehechas ni imposiciones de organismos externos, sólo defendiendo el interés del pueblo y la Nación, que sólo se puede realizar desde una identidad nacional muy fuerte, entonces podremos comenzar a restituir el tejido social dañado por años de desidia, codicia y un Estado ausente de sus obligaciones institucionales.

JORGE RACHID
jorgerachid2003@yahoo.com.ar

CABA , 23 de marzo de 2009

miércoles, 11 de marzo de 2009

ORQUIDEAS, ORTIGAS Y CARDOS


por Ariel Pascielli


Sixto Condal Ríos y Carlos Olivari era una dupla de autores de libretos cinematográficos que, entre otros, tuvieron grandes éxitos en el viejo cine argentino de teléfonos blancos. Uno de ellos se tituló “Los Martes, Orquídeas”. Tal fue el suceso de ésta película que Hollywood adquirió sus derechos para realizar una remake que no tuvo la trascendencia de la original argentina.

“…Ni cardos ni ortigas cultivo, cultivo una rosa blanca…”. Utilizando al poeta y a los escritores trataremos de poner en actualidad los dichos y títulos de estas obras.

En la puja sectorial que los “gauchócratas”, ganadores de rentabilidad adicional sobre lo que no le pertenece y especuladores financieros al servicio del gran capital, cuando no gran capital ellos mismos, están representando y defendiendo claramente intereses de clase.

El Superior Gobierno de la Nación, elegido democráticamente en elecciones libres, con un porcentaje más que elocuente sobre el segundo en la puja electoral, representando y defendiendo un proyecto reivindicador que mantiene en alto la bandera nacional y popular, y que ha demostrado en los hechos y en líneas generales, su actitud de defensa de los intereses del pueblo argentino, tratando de reafirmar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

Pareciera ser que se ha instalado una costumbre de reunirse los “martes” para negociar las demandas de ése sector.

El Superior Gobierno de la Nación, representado en esas reuniones por Ministro y funcionarios del más alto rango, se prestó al diálogo y accedió a algunas de esas demandas que se asemejan a las “orquídeas de los martes”, como prenda de cumplimiento del concepto de prestar atención a las necesidades de economías regionales, segmentando los beneficios a favor de pequeños y medianos productores y dando solución a las necesidades de sectores específicos que pueden proveer valor adicional a sus productos, alentando la optimización de su calidad y brindando oportunidad para colocarlos en el exterior.

Hasta el momento, no se han resuelto beneficios adicionales que reclaman y defienden los dueños de la alta rentabilidad y la especulación, que pertenecen a zonas ricas del país, que ofrecen la mayor rentabilidad.


Cada martes sigue la puja, la lucha de una clase privilegiada contra el proyecto del pueblo, representado por el Superior Gobierno de la Nación.

Entonces, cada martes, reciben “orquídeas” y entregan “cardos y ortigas”, nunca una “rosa blanca” de aceptación. Porque nunca van a estar conformes y siempre van a reclamar más. Siempre van a correr el arco.

¿Qué es para ellos reclamar más?

Pretenden quedarse con el resultado de una buena administración y con el producto de un buen crecimiento, sin ceder nada, aunque eso signifique hambrear a maestros, rebajar el sueldo a jubilados, destruir la estructura productiva de los pequeños y medianos campesinos, explotar a quienes trabajan con ellos en forma directa, en fin, hacer valer sus ambiciones de clase poderosa, sojuzgando a las clases populares argentinas.

Pero no están solos. Están aliados con poderosos que poseen medios de comunicación y dan espacio para incentivar actitudes de sus servidores de la oposición política.

Por eso, el campo nacional y popular no debe dejar lugar a este tipo de acciones, debe clarificar a todos sus integrantes, debe dar lucha en el campo electoral y en otros campos donde sea necesario defender los logros obtenidos con tanto sacrificio.

No bajar los brazos. Levantar las banderas de la defensa de los intereses populares y nacionales. Concienciar al campo popular. Arrollar a ésta clase depredadora que pretende someter al pueblo.


Ariel Pascielli
Marzo 2009.

AL FILO DE LA NAVAJA


por Jorge Rachid

Cuando el mundo se debate en la mas seria crisis que hemos vivido y tengamos memoria personal, en nuestro país, bailando en la cubierta del Titanic, los sectores dirigenciales políticos y empresariales, creen que pueden salvarse solos, o lo que es lo mismo, en forma independiente del resto de los argentinos, desconociendo su pertenencia, su identidad, el destino común y lo mas importante y cruel, poniendo en riesgo al resto de los compatriotas.

Ni las demandas sectoriales, satisfechas o no, ni la cercanía electoral, son motivo suficiente para alterar el curso de la historia democrática que hemos elegido los argentinos y que nos permite disentir, criticar, acordar, elegir, ser elegidos, votar y gritar cuando queremos, sin la sombra negra de la dictadura o la represión. Valores que hemos ganado entre todos como para encolumnarnos en campañas difamatorias, perversas y ruines evaluando conductas y personas sobre las que podemos o no estar de acuerdo, con las que podemos tener o no empatía, pero que son parte de nuestro pueblo que no merece un estado de crispación y conflicto permanente, mas allá de los supuestos justos reclamos que ponen en vilo a la sociedad.

Hace pocos años, los desocupados juntos a los estafados por el corralito, los desamparados expulsados de la pirámide social junto a los nuevos cuentapropistas de las ex empresas estatales, vivían la hecatombe final de un proceso de penetración cultural y económica que cambió el marco social de la Argentina. De una Argentina productiva, solidaria en la cultura del trabajo y la protección social, pasamos a un modelo instalado con sangre y fuego por la dictadura militar, basado en la codicia financiera, la timba económica y la exaltación del éxito personal como único objetivo de vida, y así instalaron la cultura neoliberal, tan solo ayer dominante y hoy en crisis mundial.

Este modelo afianzado en los años de democracia que siguieron, profundizó su presencia al calor de los dictados de los organismos de crédito multilaterales avalados por los gerentes locales en puestos públicos que permitieron la ideología del remate, descapitalizaron nuestro país y sometieron bajo el slogan de la modernidad y la globalización, a millones de compatriotas en la desesperanza y el dolor. Un nuevo genocidio se estaba produciendo en la Argentina, esta vez de carácter social, profundo y doloroso como el de los desaparecidos de la noche larga dictatorial.

Este breve síntesis sirve de sustento para evaluar los niveles de conflicto actuales, que son de un maniqueísmo dogmático, donde el enemigo es cualquier argentino que no piense como uno. El pensamiento crítico aplastado durante años parece haberse puesto de pié en su forma de pensamiento frívolo, donde las formas importan sobre el fondo, donde la valoración es la de la foto y no de la película que hemos vivido estos últimos años.

No se pide condescendencia y menos en la faz política, sino acuerdos de respeto con las críticas que no pongan en juego el destino como Nación. No se puede alegremente denunciar por narcotráfico y lavado una ley de la Nación destinada al blanqueo de capitales y hacerlo en los foros internacionales, cuando esos mismos foros después comparten los términos de las leyes argentinas.

No es justo, y menos aún ético, que opinen de la crisis los mismos economistas de la década del 90 que nos llevaron desde la convertibilidad al corralito sin autocrítica alguna y hoy pretenden ser nuevamente gurúes, sino adivinos, de los nuevos tiempos. Falta que sigan midiendo “el riesgo país” en un mundo financiero que ya no existe, con consultoras que imponían a nuestro país condiciones crediticias y reformas estructurales y que han caído en el abismo de sus propias mentiras, ambición y codicia.

No pueden los medios de difusión ser parte de la mentira cotidiana de rumor y la falsa información, ni pueden deteriorar sin perder su credibilidad, las instituciones de la Nación.

No es un juego de buenos contra malos. Es una pugna de intereses económicos sectoriales o políticos electorales, pero en ningún caso los golpes pueden ser de “la cintura para abajo”. Ahí no se pega, es regla en el barrio, y lo es en la vida, en lo personal y aún en lo familiar. No es de “hombre” dirían nuestras abuelas, ese tipo de críticas. No es de bien, dirían las señoras de la beneficencia.

En medio de una tormenta inédita en lo internacional, hoy la Argentina está con un esquema consolidado de cuentas públicas e inserción laboral aceptable, con movilidad en los haberes de la clase pasiva posible aunque distante del ideal, con grandes y serias posibilidades de capear el temporal en este año difícil. Queda sin dudas mucho por realizar en la faz social, hipoteca pendiente de años de crecimiento, pero no por ello se puede arriesgar el todo por la nada, ante una elección o un reclamo.

Los anuncios apocalípticos continuos y nunca cumplidos, la extrema dureza en el reclamo con el objetivo declarado de desgastar al Gobierno, los juicios livianos ante el menor conflicto, la inseguridad como eje detonador, la judicialización de la política, la justificación de la dictadura militar, los pedidos de ajuste sin aporte de otra opción social, la reincorporación al culposo declarado FMI, la denigración presidencial ante la convocatoria a nuestro país por el Grupo de los 20, los fogoneos ante los jueces de EEUU por los fondos buitres encubiertos en realidad por los bancos ex dueños de las AFJP, la caracterización imperial de la UNASUR, el desprestigio permanente a Chávez caracterizándolo como “dictador” sin mencionar las catorce elecciones ganadas ante presencia de veedores internacional, a Morales y a Correa contraponiéndolos con Lula, Bachelet y Tabaré , estigmatizar al movimiento obrero organizado, desconocer los movimientos sociales campesinos y urbanos, reinstalar la idea de la represión a la pobreza contra los cartoneros, los niños en situación de calle, las familias sin techo y las villas miserias, todo, absolutamente todo, sirve de ariete del sistema para defender sus privilegios.

Toda noticia nacional o extranjera traída por la “prensa libre”, pasa a ser motivo válido para querer volver a ser el eje dominante en la pretensión de una Argentina sometida. Sin embargo, nadie iguala el embate de “la media luna” poseedora de la riqueza gasífera y petrolera boliviana, con los de la zona invadida por la soja, los Fondos de Inversión, que además de erosionar y desertizar, han contaminado las napas y enfermado la tierra y los seres humanos empobreciendo a muchos compatriotas .

El poder del dinero no se rinde. Se deberá trajinar y militar mucho, para que tampoco se rindan los que aún creemos que se puede construir una sociedad mas justa, los que no aceptamos que debemos subordinarnos al dictado de los poderosos, los que decimos que no debemos ver el mundo color dinero, aceptando matanzas, invasiones y violaciones soberanas a aquellos países que se rebelan al statu quo imperial.

Los argentinos hemos protagonizado epopeyas que quedarán grabadas en la historia de los pueblos, como habernos independizado en la única revolución triunfante en Latinoamérica desde el inicio, habernos dado una educación popular y pública que nos convirtió en uno de los pueblos mas alfabetizados del mundo, haber salvado al mundo de las hambrunas con solidaridad y afecto, haber recibido refugiados de todos los rincones del planeta con los brazos abiertos, haber sido capaces de integrar la inmigración a nuestra cultura sin preguntar el país de origen, habernos dado la ley del voto obligatorio y los derechos de los trabajadores, los niños y los ancianos, haber logrado el voto femenino cuando los países centrales no lo permitían, haber generado gestas como la revolución del 90 con Alem y del 17 de octubre con Perón, haber luchado y vencido a través de 18 años de resistencia a las fuerzas de la reacción y recuperar la democracia y el líder para nuestro pueblo, haber tenido madres que fueron capaces de vencer la dictadura con su pacifismo, su dolor y su conciencia, simbolizando una lucha universal reconocida en el mundo entero, sin olvidarnos de haber sido capaces del comienzo de la demolición del modelo neoliberal en las jornadas del 2001, aun vivo en lo estructural.

No somos incapaces ni minusválidos frente a la historia, somos un pueblo vivo y con esperanzas. Tampoco somos tontos de no saber quien es quien en el panorama actual, quienes actúan por compromiso y quienes lo hacen por intereses específicos de cualquier orden. Pueden ser críticos desde supuestas teoría de izquierda, se puede realizar críticas desde alguna interpretación del peronismo, o se las puede hacer aún desde la reacción. Pero todos sabemos que esas críticas no pueden poner en riesgo la Nación, ni las instituciones de la democracia, que por mas imperfecta que sea, es el sistema que hemos elegido los argentinos.

Ninguna idea ni ninguna persona puede considerarse por si misma, ni como grupo, los “dueños de la verdad”, los “salvadores,” ni los “predestinados” de la Patria, porque eso implica poner en riesgo la Argentina como destino común de todos nosotros. Con humildad y sin rencor se puede construir un camino de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, que reinstale el Estado de Bienestar con un pueblo feliz y una Patria grande, integrada en una Latinoamérica unida.

JORGE RACHID
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
www.jorgerachid.blogs.ar
CABA, 10 de marzo de 2003

domingo, 8 de marzo de 2009

¿CÓMO SE CUENTA LA CRISIS?


por Ariel Pascielli
Marzo 2009


El sistema capitalista, históricamente, cae en crisis cíclicas que, mas allá de las decisiones económico-políticas que la llevan a ellas, manifiesta minicrisis de la cual siempre se sale hacia adelante, beneficiando a los dueños del poder y del dinero.

Las minicrisis fueron precursoras de grandes crisis que terminaron en guerras o en cracks generalizados. A partir de la globalización de la economía, favorecida por el manejo cibernético de los negocios, la creación de dinero virtual para la especulación y el amoral desempeño que dieron al sistema todos sus servidores, desde los poderosos hasta los “yuppies” buscando el dinero fácil, el éxito de hoy, la preponderancia de ambiciones personales, aún a costa de destruir valores de solidaridad y de construcción de futuro para las generaciones venideras.

Al estallar la crisis en el centro mismo del poder económico del primer mundo y de todas las potencias europeas que la componen, se necesitó hacer creer algún cuento a la opinión pública mundial, para salvaguardar el prestigio del sistema financiero y bancario, las calificadoras de riesgo, los gurúes internacionales y locales de cada mercado y, por supuesto, ganar tiempo para encontrar la solución que afectara lo menos posible al sistema capitalista y salvar los beneficios de los encumbrados ejecutivos fogoneadotes del crack.

Parafraseando el viejo dilema: “¿quién es primero, el huevo o la gallina?”, vale la pena trasladarlo a la situación económica actual: ¿quién causó la crisis, el mal manejo de la economía real o la desmedida ambición del sistema financiero?. Tal vez ambos a la vez, o en secuencia, para dar vuelta la hoja y comenzar a hacer girar la ruleta para que el sistema capitalista se afiance y desarrolle con nuevas reglas de juego que evocan experiencias pasadas.

No en vano se trae a la palestra, como experiencia de acciones tomadas en la última gran crisis del año 29, la necesidad de volver al keynesianismo o, para algunas mentes afiebradas, evocar a Carlos Marx, en algunos sacándolo fuera de contesto, o sin explicar éste, para mostrarlo, si a Marx, como un descolgado defensor del librecambio.

Todos estos artilugios comunicacionales tratan de ocultar el verdadero rumbo que están intentando tomar los dueños del poder y del dinero.

Desde otra óptica trataremos de intentar otra vertiente de análisis, en relación con lo sucedido en la economía real, la especulación financiera y el rumbo político mundial, con la intensiva participación de nuevos gigantes económicos, financieros y políticos.

Las llamadas hipotecas subprime no representarían otra cosa que la punta de un iceberg a la que se le trata de cargar la responsabilidad de la situación existente, inclusive ejecutándolas aceleradamente, apropiándose del inmueble aunque éste tenga menor valor real que el monto hipotecario.

Partiendo de un juego de simulación a partir de hechos reales, trataremos de llegar a una conclusión como punto de partida de una discusión que puede resultar interesante.

Si apreciamos que el polo de poder económico-político mundial está instalado geográficamente en el hemisferio norte, juntamente donde pululan la banca “off shore” y los paraísos fiscales, no puede resultar casualidad que allí sea la zona de mayor incidencia de hipotecas subprime, las que han sobrevaluado el valor del metro cuadrado habitacional o de locales comerciales, para garantizar un valor en dinero virtual que supera el valor real de los inmuebles.


Ese dinero virtual fue lanzado a la especulación financiera pagando altas tasas de interés y obteniendo con la reventa de ese dinero una excelente rentabilidad especulativa.

Los especuladores hicieron todo tipo de negocios, amparados por informes de tramposas consultoras de riesgo, elevando los precios de comodities que colocaban en diferentes mercados asiáticos en proceso de transformación interna que alentaban el consumo local.

Pero esos países también desarrollaron su potencial tecnológico e industrial bajo el comando de empresas multinacionales que, utilizando mano de obra barata y trabajo esclavo, colocaban en el mercado internacional (especialmente en el estadounidense) su producción estimulando el consumo y generando alto crecimiento de su deuda externa.

Estados Unidos es el país que tiene el mayor déficit fiscal y la mayor deuda del mundo porque, luego del Tratado de Breton Woods y del Consenso de Washington, siguió valorizando y dando seguridad con sus Bonos del Tesoro, en la medida que es la fábrica de dólares sin límite. Dándole un tratamiento a la economía contrariamente a los dictados del FMI para los países emergentes.

China tiene una participación de casi el 40% en las importaciones de Estados Unidos y, además, una alta participación entre los acreedores de la deuda externa de ese país.

Por ello, y desde hace tiempo, los norteamericanos bogaban por una devaluación del Yuan –la moneda China-, para de esa forma posicionarse mejor en los términos de intercambio, en el resultado fiscal y en la deuda externa.

La burbuja financiera, la economía real y la complejidad de los procesos, cibernéticos y reales, de los manejos comerciales con sus tercerizaciones, su mercado negro, su imperio de actividades dolosas y cualquier otro tipo de delincuencia de guante blanco, ocultaron en la sombras la masa financiera real de la economía.

Entonces, estalla la “crisis” y se derrumban los gigantes de la economía y las finanzas, y también los medianos y pequeños, se paralizan o amenguan las actividades y el pánico y la incertidumbre pasan a ser protagonistas principales de la situación.

Mientras tanto, las consultoras, los bancos, las empresas productivas y las de servicios o quiebran o están al borde de ello. Presurosos los gobiernos, ya sean buenos o malos administradores de los intereses de la sociedad capitalista, concurren a ayudarlos con cuantiosos fondos que, en definitiva pertenecen al pueblo. Ese pueblo que más temprano o más tarde es el que va a pagar los dislates de los poderosos de una sociedad injusta, que actúa con mirada corta de lucro inmediato, sin importarle el futuro y menos elementales actos de solidaridad.

La situación provoca reducción de los valores de los activos empresarios y las compañías pasan a ser papeles baratos, expuestas a la voracidad de los poderosos financistas que defienden sus valores manteniéndolos en la sombra, por cuanto no es hora de que vean la luz mientras haya posibilidades de sacar más dineros a los gobiernos cómplices, presionando más a la baja a todos los activos económicos reales.

Ya llegará el momento de adquirirlos a precio vil y recomponer las estructuras de la economía del sistema capitalista, aceptando un juego de simulación de reglamentar todas las transacciones para iniciar nuevamente el camino del libre mercado, de la flexibilidad, de que lo que no está específicamente prohibido está permitido, del dejar hacer, del dejar pasar y así reconstruir el sistema que le brindo tanta ganancia especulativa.

Por eso hay que estar alerta. Hay que poner las cosas en claro para el conjunto de sociedad. No hay que sumarse al coro hipócrita de aceptar calladamente la simulación de situaciones que siempre tienen dos o más ópticas para analizar.

Tratemos de no echar nafta al fuego diciendo, con disimulada algarabía, desde nuestras propias filas que estamos frente al colapso, a la destrucción del sistema capitalista. Pensemos en las idas y venidas de la historia.

Mientras tanto: ¿por qué llegamos a esto?. Seguramente no fue por el empuje de acciones revolucionarias y transformadoras para construir una sociedad mejor.
Recordemos la división internacional del trabajo, los tratados bilaterales espurios entre países superdesarrollados y países emergentes, la desindustrialización, las fábricas vacías, la venta de empresas nacionales a multinacionales para invertir las ganancias obtenidas en la bicicleta financiera de rápidos y pingües resultados, la ausencia de responsabilidad social de los empresarios y la falta de pertenencia a su propia clase.

Hicieron dinero rápido, destruyeron sus industrias, se dejaron llevar por los cantos de sirena de la especulación financiera, contribuyen a inflar la burbuja financiera.

Hoy los especuladores van a comprar nuevamente los activos de producción, van a manejar la distribución y venta de los productos, van a seguir con la publicidad engañosa.

Tomemos conciencia y traspasémosla para que no se siga viviendo en hipocresía y asumamos acción para construir una fuerte actividad nacional, popular y revolucionaria que garantice justicia social, libertad política y soberanía económica.

miércoles, 4 de marzo de 2009

HACIA UN NUEVO MODELO SOCIAL SOLIDARIO



por JORGE RACHID



Derrotar las secuelas estructurales del neoliberalismo será cuestión de años, por cuanto de este concepto cultural abrevaron no menos de dos generaciones de argentinos, fundados en el consumismo, el individualismo, el materialismo y el éxito hoy sin un mañana posible y bajo el manto del tráfico ideológico de la Modernidad y la Globalización.

Para esta cruzada, es necesario plantear un modelo de construcción político y social diferente. Lo que sirve para ganar elecciones o para superar las crisis, no contribuye a la organización del pueblo ni a fortalecer sus demandas históricas de justicia social y soberanía política.

Entre la realidad dolorosa a la cual debe darle respuesta inmediata, y el fortalecimiento de los lazos sociales íntimos de una comunidad agredida por años, desplazada, excluida y sometida por la lógica del Mercado, debe existir un proyecto estratégico de construcción, una planificación indispensable, excluyente y participativa y necesaria del conjunto de los sectores sociales involucrados, para valorar los indicadores de mejoramiento de situaciones críticas en tratamiento, en el campo mismo de acción, el territorio.

Se requiere organización del pueblo para que existan políticas sociales a largo plazo. Sin ejes claros que permitan a los protagonistas, nuestros compatriotas, reconocerse como actores de los cambios y no como meros receptores, no hay políticas a largo plazo.

Se necesitan objetivos compartidos, discutidos, analizados y protagonizados para que los resultados sean estructurales y no solamente paliativos.

Sin un acompañamiento orgánico, en la presencia y lucha cultural que marque los nuevos paradigmas, seguirán divorciados los ejes de los dirigentes y funcionarios de las demandas populares.

La salud, la educación, la vivienda y los servicios, son las motivaciones mas claras de organización popular, así sea para tareas de coyuntura tipo campaña para el dengue, como permanentes como seguimiento de la madre y el niño en sanidad, vacunación y escolarización.

La organización popular debe contar, imprescindiblemente con asesoramiento profesional y participación del funcionariado, que debe facilitar las herramientas del Estado, y a quien se debe capacitar e impregnarlo con una nueva cultura y metodología de respeto y consolidación hacia la organización popular.

Para ello es necesario que desde los máximos niveles del Ejecutivo Nacional hasta el último Intendente del interior del país absorba la necesidad de terminar con lo conocido desde el punto de vista político y asuma el riesgo, pero también el desafío, de una construcción política mirando a la sociedad, para poder encontrarse con el pueblo en sus conductas mas sublimes como es la organización social del bien común.

Es difícil y duro el camino, lleno de contradicciones, con sumatoria de conflictos, debiendo derrotar los fantasmas de la cultura dominante que afloran a cada instante, reconstruyendo la mística y la confianza en el hombre argentino, recuperando identidad y presencia, con pensamiento crítico alejado de la abulia del discurso único, en un proceso de búsqueda sin final, de construcción diaria, multiplicado por miles, con brotes sin dudas de nuevas ideas, aportes invalorables hoy desconocidos y hasta menospreciados, ennoblecidos en su origen mismo que es la necesidad, desde una visión de salida, con proyectos de vida e inserción social plena.

En éste marco es insoslayable la presencia y el debate de la organizaciones libres del pueblo en el Consejo Económico Social, que debería convocarse con una conceptualización más cercana a la Comunidad Organizada fundacional de un nuevo modelo, que al Pacto de la Moncloa de armonización de intereses corporativos.

Estamos en un nuevo tiempo, que exige respuestas a las demandas de la hora diferentes a las que sólo brinda la democracia limitada del Consenso de Washington, hoy en decadencia frente a la crisis internacional.

La elecciones son sólo una de las herramientas de la democracia, que para ser participativa debe encontrar formas de canalización de la voluntad popular superior que permitan abrir el camino a la democratización del poder. Este es el único camino que permite poner límites a la profesionalización de la política de los últimos treinta y dos de neoliberalismo que la encapsula, la aísla del pueblo y crea una nueva oligarquía, traspasada sin pudor de padres a hijos, a hermanos y amigos como los caminos monárquicos que repudia el pueblo en su conjunto.

La propuesta es asumir es la responsabilidad compartida, ayudar a la construcción de nuevas organizaciones libres del pueblo con ejes temáticos claros que tengan que ver con las demandas de las necesidades cotidianas, que sean organizaciones de funcionamiento pleno, democratizando el poder de decisión, acabando con el prebendarismo, recuperando la dignidad y transformándose en herramientas genuinas del cambio social, con participación activa y sin exclusiones del conjunto de la comunidad.

JORGE RACHID
jorgerachid2003@ yahoo.com.ar
CABA, FEBRERO DE 2009