viernes, 21 de noviembre de 2008

Reportaje al historiador Alberto J. Lapolla de El Diario de Villa María sobre el asesinato de José I. Rucci- 4-11-08

Algunos sectores han abierto la discusión acerca de las circunstancias de la muerte del sindicalista José Rucci a partir de lo cual su nombre ha saltado a la cotidianeidad informativa. Pero existen nuevas generaciones que poco conocen de los principales rasgos de quien fuera secretario general de la CGT, especie de contrafigura del cordobés Agustín Tosco que lideraba un sindicalismo de izquierda clasista. Con la intención de aportar al conocimiento de Rucci y su práctica sindical, entrevistamos al historiador Alberto Lapolla, quién ha publicado varios libros acerca de los violentos años setenta en Argentina, para que nos proporcione algunas claves que ayuden a entender los modelos sindicales de la época.
1 - Cuando Perón regresaba a nuestro país, en 1972, en “Opinión”, diario de Villa María, publicó declaraciones que hizo Agustín Tosco en la sede local de la Unión de Educadores, allí dijo que “Rucci es un gorila”. Según vos, qué motivaciones podía tener el gran sindicalista clasista para, en noviembre del ´72, calificar de esa manera al líder de la CGT nacional.
Bueno la respuesta no es sencilla. Como vos decís el sindicalismo de entonces –la fuerza social más poderosa del país, con 6 millones de obreros industriales en blanco y con pleno empleo, con poderosos Cuerpos de Delegados, Comisiones Internas, sindicatos, Regionales de la CGT y un poder decisivo en la sociedad- estaba divido en dos grandes corrientes. Por un lado el sindicalismo ortodoxo peronista, tributario del vandorismo, poseedor de los principales sindicatos, la llamada ‘burocracia sindical’, que abrevaba en el pensamiento estricto de Perón en el sentido de no apoyar la lucha de clases, buscando por el contrario la colaboración de clases, dentro del Frente Nacional que el Peronismo proponía y que abarcaba desde la burguesía nacional –urbana y rural-, pasando por las clases medias urbanas y rurales y particularmente por la clase trabajadora. En este sentido cabe aclarar, que fue un error de Perón, que tenía por su formación profesional como militar y su formación teórica un profundo temor por las masas en movimiento por sí solas, ‘sin un conductor’, como él decía, tal como lo expresó en la Comunidad Organizada, por ejemplo. Las masas debían articular con el Estado y la patronal para buscar el bien común, sobre la base de una altísima distribución del ingreso y de una política social avanzada, pero eludiendo en lo podible el conflicto sindical. Digo que fue un error, pues eso lo llevó finalmente a rodearse de dirigentes sindicales corruptos, enemigos de la asamblea y la prácticas democráticas en el movimiento obrero –aun hoy el movimiento obrero no posee representación proporcional de las distintas agrupaciones que participan de sus elecciones, usando el antidemocrático método de las mayorías y las minorías de los tiempos de la ley Sáenz Peña, con elecciones cada cuatro años y fuertes limitaciones para participar en sus elecciones internas, habiendo sido el principal cómplice de la destrucción del país peronista realizada por el traidor de Anillaco. Pero digo que fue un error también, pues como muestran los procesos venezolano, boliviano y ecuatoriano la lucha sindical de los trabajadores dentro del Frente Nacional con la burguesía nacional como expresión natural de la lucha de clases, no sólo no debilita sino que fortalece al Frente Nacional con la burguesía nacional, pues como mostró la historia y la Argentina en particular, es la clase obrera la clase que está siempre dispuesta a hacer el esfuerzo por sostener el Frente Nacional y la burguesía, la que está más pronta a asumirse como burguesía y abandonar su carácter nacional, uniéndose rápidamente a los sectores oligárquicos e imperialistas. Tal como pasó en nuestro país en 1975 a partir del Rodrigazo o como pasa en la actualidad a partir del último tramo del gobierno de Néstor Kirchner y ahora con el de Cristina Fernández.
El segundo componente -por entonces muy importante- del movimiento obrero, era el sindicalismo clasista y combativo del cual Agustín ‘El Gringo’ Tosco, junto a Raymundo Ongaro –más tarde también Reneé Salamanca, Alberto Piccinini, Julio Guillán y los compañeros del Sitrac-Sitram, como antes también lo habían sido Gustavo Rearte, Raymundo Villaflor, Jorge Di Pasquale, Sebastián Borro, Avelino Fernández y Andrés Framini- eran sus principales referentes. El caso del Gringo Tosco, sin duda es tal vez, el mayor dirigente sindical que haya producido hasta ahora la clase trabajadora argentina. Este sector sería muy importante en el interior del país luego de la creación de la CGT de los Argentinos en 1968, y del Cordobazo de mayo de 1969, que es su consecuencia más directa. Este sindicalismo sí abrevaba, de manera consciente o en la praxis gremial en la teoría de la lucha de clases –la misma que la lucha de la burguesía sojera y rentista durante 120 días demostró tener en nuestros días, plena vigencia, pese a toda la mierda postmoderna y neoliberal que la había dado por muerta- y era característico por sus posiciones combativas, y por darle a la lucha gremial un fuerte contenido político, pues consideraban que el movimiento obrero era el principal componente del Frente de Liberación Nacional y por ende debía actuar como su vanguardia. Este sindicalismo clasista y combativo es a mi entender, el mayor producto de la historia de la lucha de clases moderna del proletariado industrial argentino, y se expresaba nítidamente a través de los programas obreros de Huerta Grande, La falda y el del 1º de Mayo de la CGT de los Argentinos. El sector clasista y combativo era una mezcla de peronistas combativos, marxistas independientes, junto con toda la militancia de los partidos de izquierda, incluidos los representantes del peronismo armado y de la izquierda armada de entonces, es decir las FAP, las FAR, el ERP, los Montoneros, las FAL, los Descamisados y demás grupos emergidos en los ’70. Todas estas expresiones eran, por entonces muy fuertes en el movimiento obrero argentino y componen el 55 % de los 30.000 –es decir unos 18.000- desaparecidos, que son dirigentes sindicales de base de esta corriente. Rucci y Tosco eran por así decirlo, las dos expresiones máximas de ambas líneas. Rucci ya en los tempranos ’60, había impresionado a John W. Cooke, pues en una reunión con sectores católicos, Rucci había afirmado que el ‘peronismo era el principal dique de contención del comunismo’ en la Argentina.’ En un momento de fuerte crecimiento de la corriente combativa por todo el país, Rucci era el principal referente de la ortodoxia que veía en ese crecimiento a su principal enemigo, mucho más que a la dictadura que azotaba a la nación. De allí que su accionar fuera ferozmente antidemocrático, interviniera sindicatos, regionales de la CGT, anulara elecciones donde los combativos ganaban, apelara al matonaje para ganar asambleas, elecciones y en general fuera un dirigente muy repudiado en el interior del país donde este proceso se producía en escalada. Y por supuesto no paraba un minuto de expresar su oposición al marxismo, a la izquierda y a la lucha política del movimiento obrero, pues según él el movimiento obrero ‘era peronista’, y eso ‘no se discutía’. Lo cual era mayoritariamente cierto, pero casualmente un sector cada vez más numeroso de esa clase obrera -mayoritariamente peronista- quería poseer otra conducción sindical, más combativa, democrática y con mayor peso de las bases y con una acción política abierta a favor de la ‘Patria Socialista’ expresada por Perón y Evita. De allí que casi el 80 % de los conflictos gremiales que se libren desde 1968 hasta 1976, en nuestro país, serán luchas por la democratización de los sindicatos, y claro eso era mortal para Rucci y sus compañeros de la burocracia sindical, lo cual por supuesto no justifica ni mucho menos su asesinato. De allí que en ese marco, en plena ofensiva popular de 1972, con Perón volviendo al país cerrando 18 años de proscripción y persecución, la acción antidemocrática y policíaca de Rucci como Secretario General de la CGT, mientras Tosco había pasado casi todo ese tiempo en la cárcel sin la solidaridad expresa de Rucci, promoviera que el gran Tosco acusara a Rucci de ser ‘un gorila.’
2 - En tu libro “La esperanza rota”, tomo II de “Kronos”, editorial “de la campana”, realizás una prolija cronología de aquellos años. Allí describís importantes acontecimientos tanto del sindicalismo clasista cordobés como del sindicalismo que representaba Rucci. ¿Cómo describirías la relación entre estos dos sectores´?.
Bueno bastante ya abordé el tema en lo que señalé más arriba, pero cabe aclarar que la relación entre ambos sectores era en general conflictiva por arriba, pero no así por abajo donde los trabajadores debían unirse para luchar contra la patronal, la policía, el ejército y la política económica de la dictadura. Ese era casualmente, el principal argumento que hacía crecer al movimiento sindical clasista y combativo: la unidad de acción. Sin embargo por arriba y en particular desde el campo de la ortodoxia se veía al sindicalismo clasista y combativo como su principal enemigo. Esta situación se va acomplejar por dos cuestiones: la errónea política de ejecutar dirigentes sindicales ortodoxos, por parte de las fuerzas guerrilleras y la toma de partido de Perón favor de la ortodoxia luego de su regreso definitivo al país, lo que inclinaría la balanza en contra de Tosco y sus compañeros.
3 - Como historiador, cuáles pensás que son aquellos datos fundamentales que deben tenerse en cuenta para entender el hecho de sangre que terminó con la vida de Rucci y qué papel jugaba éste hombre en la estrategia del general.
El asesinato de Rucci fue uno más de los despropósitos de la época y si bien todo indica que el hecho fue realizado por la Organización Montoneros, no pueden eludirse, como en muchos otros hechos de sangre de entonces, conexiones más complejas, como la de López Rega por ejemplo, mortalmente enfrentado a Ruci en el momento de su muerte. Como dije más arriba, Rucci representaba el pensamiento puro de Perón, respecto de como debía situarse el movimiento obrero, hecho refrendado luego por su ley sindical, que aumentaba el poder de la conducción por sobre la base, recortaba fuertemente la democracia sindical y llevaba las elecciones cada cuatro años, vinculado a esa concepción errónea -en mi opinión- que el General poseía sobre el accionar de las masas al margen del control del Estado. Es así que la muerte de Rucci es un duro golpe para el General, ya que Rucci era una pieza muy importante en el dispositivo del ‘Pacto Social’, propuesto por Perón y su ministro comunista José Gelbard. También Rucci había jugado fuertemente en la masacre de Ezeiza a favor de la patota de Osinde, y esto le había ganado el odio –y atl vez la condena a muerte- por parte de la conducción montonera. En el momento de su asesinato el Pacto Social atravesaba los primeros cimbronazos debidos a la avaricia y secular codicia de la burguesía argentina, que si bien había congelado precios y salarios, cambiaba las condiciones de trabajo en contra de los trabajadores lo cual generaba un fuerte revulsivo en las bases, lo que llevaba a las conducciones ortodoxas a ser superadas por la corriente clasista y combativa. Sector ilegalizado de hecho por Perón con la nueva Ley sindical y la caída sucesiva de los gobiernos provinciales legítimos, que respondían a la izquierda peronista. Especialmente mediante el infame golpe de Estado contra Obregón Cano y Atilio López en Córdoba, organizado por el hombre de los trabajos sucios del general, el coronel Jorge Osinde y llevado adelante por el comisario Navarro. Éste -tal vez el hecho más infame del tercer gobierno de Perón- abrió las puertas a la represión más salvaje y abierta que llevaría a la destrucción al movimiento combativo cordobés que era el núcleo duro de dicho movimiento. Rucci era de alguna manera una herramienta muy importante para la estrategia de Perón de sostener el Pacto Social logrando mejoras para los trabajadores, pero sin apelar a las huelgas y conflictos que según el General afectaban la marcha de la economía. Pero hay algo más, luego de Ezeiza Perón había girado su política, volteando a Cámpora y sacando a la izquierda Peronista de la escena política nacional. El asesinato de Rucci surge también como un intento desesperado de Montoneros por lograr algún impacto político en las cercanías del General. ‘¿Ustedes para pedirme una reunión me tiran un cadáver sobre la mesa?’, dirá el General más tarde a los ‘muchachos’, pero Rucci ya había sido asesinado y la puerta del ‘escarmiento’ quedaba abierta. También la ruptura entre sectores que tenían el mismo enemigo mortal y exterminador y que debían pelear juntos ante el agujero negro que produciría la muerte del General. El asesinato de Rucci, si bien fue parte de la conflictividad de la época no tiene ningún justificativo y por el contrario aisló mucho más a la izquierda peronista y sus efectos golpearon a todo el sindicalismo combativo abriendo el camino a la brutal represión y exterminio posterior. Sin embargo en los últimos tiempos la derecha agita el asesinato de Rucci y su necesaria y justa investigación, para tratar de manchar al gobierno al que acusa de ‘montonero’ y ‘colectivista’ –La Nación dixit- y de alguna manera resucitar la teoría de los ‘dos demonios’ y poder empañar el consenso generalizado que existe en la sociedad sobre lo justo y legítimo realizado por el gobierno, de juzgar y condenar a los asesinos y genocidas de la dictadura acabando con su pornográfica impunidad.

La derecha busca con desesperación el retorno del partido del ‘orden’.**


Por Alberto J. Lapolla*
** Publicado por Revista Contraeditorial Nº 5 Octubre 2008
El péndulo de La Nación
En un reciente artículo publicado por el matutino La Nación –órgano vinculado al poder económico concentrado en nuestro país, y sostén de cuanto golpe militar ocurriera desde 1930 en adelante- sugestivamente titulado ‘el regreso del péndulo de la política’, se convoca sin ambages a reemplazar el mandato de la presidenta Cristina Kirhcner por alguna variante ‘que debe ser hecha con urgencia, de mayor calidad institucional con la necesidad de garantizar la gobernabilidad. Estamos hablando de contar con gobiernos fuertes, firmes, pero no arbitrarios, que no traspasen los límites de la división de poderes y, al mismo tiempo, tengan claro que la ley está hecha para ser cumplida y hacerla respetar, y que ningún sector puede disputarle el monopolio en el ejercicio de la fuerza. Sea cual sea su signo ideológico, estamos más cerca.’ Si bien el autor, Fernán Saguier, habla de las elecciones de 2011 el llamado a reemplazar con ‘urgencia’ la actual situación parece hacerle perder el equilibrio en el respeto constitucional que dice defender. La mención no es gratuita. El genocida Corres, escapado de la prisión marplatense con complicidad militar, se refugió en casa de su hermana pues, según relató la misma, sus amigos militares le habían asegurado ‘que el gobierno de Cristina sería reemplazado a la brevedad por uno de signo más amigo de los militares perseguidos’ por delitos de lesa humanidad.
Apelando a una encuesta de la cual no cita la fuente, pero que señala ‘intachable’, concluye que: ‘Un último sondeo de una encuestadora intachable despierta murmuraciones por estos días en despachos empresarios y políticos. Julio Cobos, Mauricio Macri, Carlos Reutemann, Roberto Lavagna, Sergio Massa y Felipe Solá aparecen allí, en ese orden, con la mejor imagen en centros urbanos del país de más de 10.000 habitantes.’ Si de citar encuestas ‘intachables’ se trata, poseemos una de CEOP, que aseguraba que el 89.7% de los encuestados se manifestó en contra del paro propuesto por la SRA, el 72.3% creía que la medida produciría aumentos de precios, mientras el 66% de los mismos pensaba que el sector rural debiera sentarse a negociar con el gobierno y no cortar rutas. Los pobres resultados de adhesión que los ruralistas han conseguido en estos días de nueva protesta, parecen mostrar que el sondeo no estaba equivocado.
El artículo de Saguier fue publicado el 14 de setiembre, unos días antes del estallido de la crisis de Wall Street, crisis que como reconocen la mayoría de los economistas del mundo, se llevará consigo la pesadilla neoliberal alumbrada por Ronald Reagan y Margaret Tatcher, allá por los ’80, conocida como Consenso de Washington, y que tan catastróficos resultados produjera en nuestro país. Resultados que el matutino para el que Saguier escribe, defendiera como el retorno del capitalismo del ‘laissez faire’ que nunca debió haberse abandonado por los modelos dirigistas, estatistas e intervensionistas. De haberlo escrito unos días más tarde tal vez debiera haber medido más las palabras usadas pues, los políticos a los que Saguier reivindica son los más vinculados al modelo que está colapsando en el mundo, arrasando como fichas de dominó a la mayoría de los grandes bancos del sistema financiero occidental, abriendo una nueva etapa de la historia económica mundial, del cual surgirán seguramente, nuevas hegemonías multipolares. De tal forma, si bien Cobos, Reutemann o Solá pueden disfrutar de alguna fama entre los sectores de derecha de la ciudadanía por su apoyo a los sectores concentrados del agronegocio en el largo lock out patronal, que complicó la vida de los argentinos y debilitó al legítimo gobierno de la Dra. Cristina Fernández, difícilmente el señor Cobos perdure más allá del efecto de una fama efímera, como ocurriera ya con Aldo Rico o con el falso ingeniero Blumberg. Prueba de ello puede ser la debilidad y aislamiento mostrado por el nuevo lock-out sojero.

Macri, el desgobierno de la derecha.
El caso de Macri es distinto. Su gobierno está más cerca del papelón que de una política basada en la ‘gestión seria y la resolución de los problemas de los vecinos’, tal cual prometiera en su cara campaña electoral. Lo que aparece como ‘administración macrista’ es un desgobierno de la Ciudad de Buenos Aires, un desconocimiento de los problemas y de la institucionalidad de la misma, el avasallamiento continuo de la división de poderes, el avance continuo sobre su Constitución, la incapacidad absoluta de dialogo y de búsqueda de consensos. El autoritarismo es la forma elegida por el señor Macri -a quien algunos atrevidos han calificado como el ‘barrabrava de Barrio Parque’-, para imponer sus políticas contrarias a los intereses de la mayoría. Ha llegado a la corruptela caricaturesca de frenar obras de bien público –viviendas populares- para cederle dichos terrenos al club Boca Junios del cual fuera su presidente por una década. Peor aun, cesantea a miles de empleados -algunos sólo por haber cumplido 60 años- que promedian sueldos de 1500 pesos para reemplazarlos por amigos de la ‘gente PRO’, con sueldos cercanos a los 8000 pesos. Mientras comunica que no va a poder hacer las obras que prometió en su campaña, porque el gobierno nacional no le firma los avales para endeudar al erario público, él y sus ministros se aumentan los sueldos a sumas cercanas a los 40.000 pesos mensuales. No envía suministros a los hospitales porteños pues ‘las provincias le llenan los hospitales con pacientes’ de más allá de la General Paz. Macri no inaugura las seis estaciones de subte ya concluidas de las líneas A y B, para no perjudicar a las empresas del autotransporte a las cuales está vinculado. Es decir, Macri hace todo lo contrario a lo que Saguier le reclama al gobierno nacional y que dice que sus exitosos encuestados garantizan. Parecería ser al revés. No es Macri causalmente una garantía de respeto institucional, dialogo, consenso y respeto al otro sino todo lo contrario.
Pero sí es Macri, una garantía de lo otro que pide La Nación, que en realidad es la esencia del artículo enmascarado detrás del ‘respeto a las instituciones’, lo cual ambos gobiernos Kirchneristas han cumplido, sólo que en una dirección estructural opuesta a la que La Nación quiere. Así el artículo asume aquello que la derecha reclama desde diciembre de 2001: mano dura y un gobierno firme que reprima a la protesta callejera. Protesta a la cual Macri considera la mayor plaga a combatir, al grito de ‘el espacio público no se negocia’. Olvidando que el espacio público, como su nombre lo indica, pertenece al pueblo. Pero claro el pueblo de Macri parece ser aquel que tan claramente definiera su admirado D. F. Sarmiento allá por 1879, y que nítidamente excluía de él a ‘los gauchos, los pobres, los negros y los indios’ y sólo incluía ‘a la gente decente’, por lo cual es lógico que sus medidas se basen en reprimir al pueblo para favorecer con acciones hasta risibles, por lo clasistas y torpes, a sus vecinos de Barrio Parque.
Respecto de Reutemann, es claro que el santafesino –cuyo gobierno concluyó con las mayores inundaciones de la historia provincial, producidas por la depredación ambiental de la sojización unida al desmadre del Estado provincial y sus órganos de control- acaba de llegar a un acuerdo para encabezar como Senador nacional la lista de candidatos de Santa Fe, con el ex presidente Kirchner con todos los sectores del PJ detrás, lo cual lo saca del esquema de Saguier.

Mano dura con al protesta social.
Pero el artículo da pie a una reflexión más profunda sobre una línea muy cara a los argentinos, cual es un permanente reclamo de la derecha vernácula, que añora la represión abierta a la acción directa del pueblo. En un párrafo que no tiene desperdicio Saguier, pide un gobierno que no sea ‘condescendiente con la protesta prepotente. El sentir general clama por un posicionamiento más firme ante el reclamo callejero. Impera ya cierto clima de estudiantina irresponsable en la vía pública tras cinco años de omisiones que avalaron la acción directa. Pocas cosas redituarán más que atender -y responder con imaginación- la sensación de hartazgo reinante ante tanta indisciplina. Seguir demostrando pasividad frente al desborde será como sacar credencial de timorato, rehuir responsabilidades. En este aspecto, la clase dirigente se quedó ya sin margen para mirar hacia otro lado.’ Es decir, acabar con la gente en la calle reclamando, táctica que desde 2001 da por resultado, ser superado por cada vez mayor cantidad de gente en la calle. Sin embargo no es la primera vez que la derecha llama desembozadamente a la represión contra el pueblo. Fue el gobierno delarruista, a quien La Nación apoyaba sin ambages, quien se despidió matando a más de treinta ciudadanos que protestaban en el centro porteño, sin que al matutino se le cayera una lágrima. Un poco más tarde Eduardo Duhalde debió abandonar su sueño presidencial electivo, debido a los asesinatos de Santillán y Kostecky. Con anterioridad en 1975, luego de la expulsión por parte del pueblo de José López Rega y sus cómplices, mediante la gran rebelión obrera de junio, los sectores del poder económico concentrado y de la derecha política encabezados por el dirigente radical Ricardo Balbín, junto al sempiterno Mariano Grondona –quien había apoyado a Lopecito, como un dique seguro contra el marxismo- y La Nación, comenzaron a reclamar el ‘fin de la guerrilla fabril’, que según ellos impedía el avance del país. Es decir, el conglomerado de Cuerpos de Delegados, Comisiones Internas de Fábricas y Coordinadoras Sindicales de Base, que abarcaban al 90% del movimiento obrero organizado y que habían producido tal rebelión de las bases obreras contra López Rega, Isabel y su ministro Rodrigo que arrasaron toda forma de contención política de la burocracia sindical vandorista, la que tuvo que acompañar el movimiento con el mayor paro general que recuerda la historia argentina. Sin embargo el pedido de acabar con la guerrilla fabril reclamado por Balbín, Grondona y La Nación se cumpliría a rajatabla unos meses más tarde. La dictadura antiindustrialista establecida por las fuerzas armadas con fuerte apoyatura civil, el 24 de marzo de 1976, cumpliría con creces la consigna de ‘acabar con la guerrilla fabril’. De los 30.000 desaparecidos, el 55% son dirigentes sindicales de base, es decir unos 18.000 dirigentes sindicales. La dictadura detendría a 300.000 de ellos y expulsaría 800.000 delegados de fábrica, cerrando en su curso 50.000 establecimientos fabriles, cifra que llegaría a 217.000 en diciembre de 2001, al final del ciclo desindustrializador.
Vale la pena la comparación con el momento actual. Ahora cuando después de una etapa tan dolorosa, donde tantos argentinos han padecido hambre, desempleo, desnutrición, abandono social y exclusión de todo tipo, incluida la muerte por causas vinculadas al hambre, ahora cuando un nuevo curso económico busca recuperar un modelo productivo, La Nación vuelve a reclamar el fin de la protesta callejera y de la presencia del pueblo en la calle. Si bien se dice ‘cualquiera sea su signo ideológico’, se vio con claridad que cuando los empresarios rurales cortaban salvajemente las rutas, llegando a provocar incluso dos muertes, La Nación no reclamó que se los desalojara de las rutas, sino que por el contrario clamaba para que el gobierno tomara en cuenta sus reclamos, sin importarle la ilegalidad y el brutal autoritarismo antidemocrático de sus métodos. Claro, La Nación y el sector social al que representa no puede escapar a la fábula del escorpión y la rana, la larga historia padecida por los argentinos desde 1916 parecen confirmarlo.

*Ingeniero Agrónomo – Historiador- Docente de la UBA

PUNTO DE INFLEXIÓN

Un artículo de Jorge Rachid

21 de octubre de 2008: día memorable de inicio de finalización de un sistema perverso y virreynal, estafador y codicioso.


“El ladrón ve a todos de su condición”
(Anónimo)


Se ha producido en la Argentina un hecho vertebral a la estructuración de un nuevo modelo social, en este caso desde el Sistema Previsional Solidario, recuperando el esquema básico de la solidaridad social, que fue quebrado con la irrupción de la Ley 24.241 y la aparición de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones, que arrasaron el ahorro interno genuino de millones de trabajadores, para jugarlos en la timba financiera nacional e internacional, con las consecuencias que todos conocemos y algunos planteamos desde el mismo 15 de julio de 1994.

En pocos países del mundo funcionaron las AFJP; escasamente una docena, financiados y corrompidos por el Banco Mundial que demandaba detrás de sus créditos supuestamente sociales la privatización de la Seguridad Social, la Higiene y Seguridad en el Trabajo y los Sistemas Sociales de Salud, regalándolo al sector financiero, verdadero eje del poder neoliberal de la Argentina desde el 24 de marzo del 76 a la fecha, sin interrupción hasta ahora, pese a la democracia vigente, limitada al mercado, producto del Consenso de Washington.

Todo lo que no fuese “mercado” no era “democrático”. Así en la salud se empezó a hablar de “mercado de la salud”, los fondos previsionales eran para el “mercado de capitales”; la higiene y seguridad de los trabajadores necesario para el “mercado laboral”. Todo se reducía a aquello vertebral al nuevo “Dios mercado”.

La democracia era tal en tanto y en cuanto fortaleciese al “mercado”, aunque millones de argentinos fuesen expulsados del sistema a los márgenes mismos de la miseria, la desesperación y el hambre producto del desempleo, en la lógica eficientista del “discurso único” de la “globalización y la modernidad”.

Las AFJP y las rebajas de los aportes patronales– supuestamente creados para generar empleo– descapitalizaron el sistema previsional en 70.000 millones de dólares desglosados de la siguiente manera:

La rebaja de los aportes patronales desde el 95 al 2002 fueron de 3.400 millones por año, incluso para empresas monopólicas privatizadas que habían concursado con esos aporte incorporados a sus estructuras de costos, o sea con la suspensión del aporte, ganancia directa. En total 23.800 millones de pesos/dólar.

Las AFJP cobraron hasta un 30% de comisiones y seguros del capital aportado, que si al día de hoy son 30.000 millones de dólares, es porque percibieron desde 1994 a la fecha 15.000 millones de dólares de ganancias.

Así pasaron las crisis “Tequila”, “Tango” y “Rusa” en la Bolsa de Valores, perdiendo las AFJP en la timba financiera, casi un diez por ciento del capital acumulado por los trabajadores, además de los valores de papeles en las empresas ENRON, Parmalat y la convocatoria de Fortabat entre otros, calculando en 10.000 millones de dólares que por estas situaciones, dejaron de pertenecer a los fondos previsionales.

Sumado todo lo que se debería haber acumulado, para tener un sistema previsional justo de reparto, solidario, donde el que más gana aporta por el que menos gana, el más sano por el más enfermo y el más viejo por el más joven. Así fue descremado el sistema, dejando de entrar en la ANSES más de 70.000 millones de dólares en 14 años. Un verdadero saqueo, una estafa al pueblo argentino, una traición a la Patria y a su futuro.

En medio de su euforia privatista las AFJP jugaban en la Bolsa de Valores con esquemas corruptos –algunos de los cuales están en la justicia– con ganancias desplazadas de las carteras, formadas con el aporte de los trabajadores, cuando finalizaban las operaciones del día y cuando daban pérdidas las cargaban a las cuentas de los afiliados. Un verdadero robo a lápiz alzado.

Encima los afiliados a las AFJP eran obligatorios al ingresar al “mercado laboral” siendo sorteados entre los jugadores del sistema, no pudiendo el trabajador optar durante años por el sistema estatal de reparto, siendo más fácil divorciarse de su compañera/o que desafiliarse de una AFJP.

Con descuento compulsivo hacia las AFJP, al mejor estilo estatista y prestaciones liberales, al momento de jubilarse. Porque nadie sabe que la composición del haber jubilatorio, se estructura hasta el año 2025 en forma mayoritariamente estatal, sin recibir de las AFJP el Estado ningún aporte extra por dicha situación. Por otro lado la opción ofrecida entre renta vitalicia y fondo de renta programada incumplía la misión provisional, sobre el derecho habiente, ya que al fallecer el afiliado cesaba la responsabilidad de la aseguradora, aún con fondos en el caso de la opción.

Imaginemos un trabajador en dicha situación debiendo optar, con cálculos y fórmulas que nadie entiende, que dan por resultado que siempre opte por la más voluminosa en mano, que no siempre es la mejor, ya que desampara la familia al fallecer el titular.

Por otro lado los gerentes de las AFJP, verdaderos buitres del sector financiero internacional y nacional, eran quienes direccionaban las inversiones, exigiendo al Estado Nacional condiciones en los bonos, con aportes de trabajadores, en negociaciones con el mismo Presidente o ahora la Presidenta, imponiendo reglas como hacen los dueños del poder, con plata ajena, desconociendo el menú fijado por la Ley 24.241, aceptando en su momento las imposiciones de la Alianza en la antesala de la crisis del 2001, descapitalizando el sistema, pese al negocio privado de los CEOS de las AFJP, en esa época, al contar con información privilegiada. Codiciosos y estafadores son llamados hoy en el mundo y aquí algunos sectores de la oposición –por oposicionismo puro– ajenos a los intereses nacionales y del pueblo, los siguen defendiendo. No hay que cambiar de collar, hay que cambiar de perro.

Este sistema se terminó

Ahora vendrán los opositores a decir que es un problema de caja, los mismos que mantuvieron a los jubilados con salarios congelados por 15 años, los que descontaron a los jubilados el 13% para cerrar cuentas fiscales, los que se opusieron a la movilidad jubilatoria, sino la mejor, la posible en esta etapa; los que callaron durante 14 años la ignominia de una ley cipayo; los que desde los medios recibieron publicidad de vacaciones caribeñas a la vejez, de las AFJP que sellaron el análisis y las bocas de muchos periodistas, vendrán quienes vean al ladrón en su propia condición, como si los ladrones privados fuesen aplaudidos y los públicos denigrados.

La mayoría de los argentinos pensamos y queremos que los ladrones sean procesados y puestos presos y no coimeros de millones reconocidos que décadas después tranquilamente estén esperando justicia que no llega, tipo Banco Nación-IBM.

Empieza una nueva etapa previsional en el diseño, espero de un nuevo modelo social solidario, que debe ser sumamente más abarcativo que esta importante medida, debiendo incluir las hipotecas pendientes del poder político como salud, educación y políticas sociales como inversión social digna, estructural y con un Estado presente que garantice los derechos constitucionales, entre ellos el artículo 14 bis de la Constitución Nacional.

martes, 11 de noviembre de 2008

Nace SOBERANÍA Y LIBERACIÓN - Convocatoria participativa


Recuperar la Patria perdida.
Compatriotas de una Patria libre, grande, con una historia de dignidad y heroísmo, que supo llevar la libertad al resto del continente, aherrojada aun por el capital multinacional y la desigualdad, en combate permanente con los intereses de una oligarquía estéril, antinacional y antipopular por esencia, conscientes de transitar un nuevo tiempo americano, donde la Patria Grande aparece otra vez posible, tal como la soñaran nuestros próceres fundantes o como la reclamara nuestro padre Túpac Amaru, hemos decidido reunirnos en una propuesta política de unidad nacional y popular antiimperialista.
Hacemos nuestros los más grandes anhelos de las mayorías nacionales, inscriptos en el Nacionalismo Popular Revolucionario primigenio de nuestra Revolución Emancipadora Continental que enunciaran Moreno, Castelli, Belgrano, Monteagudo, San Martín, Bolívar y Artigas. Queremos una Patria Justa, Libre y Soberana, con Democracia Participativa efectiva, con una profunda distribución de la riqueza –que los argentinos supimos poseer- que elimine definitivamente la brutal desigualdad –base de una fuerte violencia social- el hambre, la indigencia y la pobreza de nuestro suelo.
Queremos recuperar para el Estado Nacional las palancas principales de la economía –hoy mayoritariamente privatizadas- con el pueblo movilizado, organizado y protagonizando su propio destino histórico, democratizando el poder y la democracia, participando en la dirección de los negocios y empresas públicas. Estado y palancas que nos deben permitir recuperar y concluir el proceso de Liberación Nacional y Social interrumpido brutalmente en 1930, 1955, 1966, 1976, y aherrojado hasta la infamia por el atroz coloniaje del neoliberalismo prolongado en la noche de la dictadura perdurando en lo sustancial en el tiempo de la democracia en la infamia del menemato y de la Alianza, y recién comenzado a revertir en los últimos años.

Completar el tiempo abierto en diciembre de 2001
Nuestro pueblo recuperó su dignidad perdida mediante la gloriosa rebelión popular de diciembre de 2001, infligiendo al neoliberalismo una gran derrota política, pero sin poder modificar -en lo sustancial- su base estructural, pues no pudo generar una herramienta de reemplazo del poder político existente. El pueblo retornó desde entonces pujante al escenario histórico, mediante un gran movimiento social que recorre la República. Movimiento que creemos, debe transformarse en un poderoso movimiento, social, político y cultural que alumbre una nueva etapa de la marcha histórica de los argentinos, en tanto americanos de la Patria Grande. Soberanía y Liberación se propone ser parte de ese torrente ayudando a su organización política junto a otras organizaciones hermanas que sostienen idénticos ideales de justicia, dignidad e igualdad.
Si bien nuestra lucha viene de lejos originada en distintas culturas políticas e ideológicas, en el último tiempo nos ha unido la resistencia contra el intento de las fuerzas oligárquicas por desestabilizar al gobierno nacional, a partir del lock-out desatado por las intereses del oligopolio sojero, conflicto que permitió de alguna manera reagrupar las fuerzas políticas y sociales de manera nítida en dos bandos claros, como tantas otras veces en nuestra historia, abriendo de hecho un nuevo tiempo político.
De un lado hemos quedado los sectores que, sin unidad política, hemos defendido en unidad de acción el proceso democrático y de cambio iniciado en diciembre de 2001 y profundizado a partir de 2003. De otro lado restan los sectores vinculados de una u otra manera, a la oligarquía, políticamente conservadores y reaccionarios, antipopulares por esencia, con un accionar político-comunicacional que hasta logró alinear a sectores habitualmente identificados con el movimiento nacional, detrás de un consignismo no sólo antiperonista, sino antipopular, en tanto defensor del mas emblemático efecto del neoliberalismo, que es el individualismo y el éxito hoy, sin un mañana posible ni pensado, anulando toda perspectiva colectiva en tanto nación y comunidad..
Creemos sin embargo, que la contraofensiva de los sectores del privilegio, se estrellará contra el accionar unido del pueblo, como viene ocurriendo en el resto de nuestros países hermanos, y los sectores hoy confundidos, retomarán, como ha sucedido en otras etapas históricas, el camino junto al conjunto del pueblo argentino.

El fin del modelo neoliberal
Juega a favor de las fuerzas populares y de Indo-América en particular, la increíble crisis mundial del modelo capitalista neoliberal instrumentado por Ronald Reagan y Margaret Tathcher, en los ’80, plasmado en el Consenso de Washington, y que tuvo por objetivo arrasar las conquistas sociales y económicas obtenidas por los trabajadores de todos los países, las de los pueblos del Tercer Mundo y el modelo Socialista existente hasta entonces en el mundo. Conquistas logradas por las masas del mundo con la destrucción del fascismo, en Berlín en 1945 y vigentes hasta 1975 en los llamados ‘treinta años dorados’ de la economía mundial, en donde el Estado de Bienestar, el socialismo y el modelo social solidario, crearon condiciones de soberanía y justicia social nunca antes vividos por la humanidad.
.Hoy el modelo neoliberal, en su etapa de máxima acumulación, colapsa en las torpes manos del imperio norteamericano, tal como lo adelantara Shumpeter en su descripción final del derrumbe capitalista, por agotamiento del Mercado, producto de la codicia y la especulación. La crisis financiera descomunal del modelo neoliberal, deja al capitalismo de ‘libre mercado’, una vez más desnudo ante la verdad concreta de la historia, como tantas otras veces desde 1830 en adelante. La marcha de la Ley del Valor, y de la Tasa de Ganancia Decreciente expresadas por Marx parecen ser inexorables.
El capitalismo no puede eludir morderse la cola y autodestruirse cíclicamente, a menos que el Estado intervenga, redistribuya, controle o elimine la voracidad del parasitismo financiero y particularmente, proteja a los sectores de menores recursos contra el mecanismo ‘natural’ de devastación y eliminación a que los conduce el capitalismo libre- mercadista. Este modelo que reduce los mercados internos mediante el alto nivel de desempleo y los bajos salarios consecuentes, lleva a todo el sistema a crisis recurrentes, donde el Estado -maldecido y denostado, por los libre mercadistas- debe aparecer para frenar la voracidad financiera y reconstruir lo que las burbujas de la codicia, los mercados a futuro y el ‘laizes faire’ han destruido.
Desgraciadamente, lo que la intervención tardía del Estado, no puede recuperar son los millones de personas –niños y ancianos principalmente- muertos por causas evitables, de condiciones sociales que condujeron al hambre, la inanición y el desamparo, que produjo el modelo neoliberal en el mundo, donde sólo en la Argentina, murieron cerca de 450.000 personas por causas evitables entre 1989 y 2001.

Nuestro destino en la Patria Grande
A diferencia de otros momentos históricos, nuestra Patria Grande puede aprovechar esta oportunidad única para fortalecer de una vez y para siempre, sus estructuras económicas soberanas. Somos superávitarios en todo lo que el mundo necesita: alimentos, energía, agua y minerales estratégicos. Poseemos una importante cifra de capitales propios –sólo Argentina posee cerca de 200.000 millones de dólares fugados del país. Contamos con un importante desarrollo científico y tecnológico propios, que nos permitiría sostener un desarrollo autónomo y sustentable, basado en la obtención de la felicidad y dignidad plenas, de nuestros pueblos históricamente postergados y desterrados de sus propias patrias y destinos.
Indo América puede aprovechar hoy esta crisis, en un sentido similar en que los EE.UU., aprovecharon la crisis de 1930, cuando cerrando su economía a la competencia externa, creara el Estado de Bienestar del New Deal y se transformara en la primera potencia mundial, centrada sobre su gigantesco mercado interno y el rol decisivo del Estado, que reguló, orientó, redistribuyó y limitó la ganancia privada hasta la muerte del Presidente F. D. Roosevelt. De la misma manera podemos autoabastecernos, utilizando autónomamente nuestros cuantiosos recursos, elevando rápidamente el nivel de vida de nuestros pueblos fortaleciendo nuestro consumo y siendo absolutamente soberanos en el manejo y control de los recursos energéticos, hídricos, alimentarios, mineros, financieros, monetarios y estratégicos. Si somos capaces de realizarlo, nada impedirá que el sueño de Túpac Amaru, Bolivar, San Martín, Artigas, Irigoyen, Perón y El Che, se cumpla.
Entendemos así, que lo central no es el tiempo de la contrarrevolución, sino que habitamos la época del cambio y la derrota del modelo neoliberal en distintas formas y matices a escala continental y global. Abarcando formas que van, respetando las identidades nacionales y los ejes culturales de los pueblos, desde la revolución abierta y profunda de nuestros compatriotas bolivianos, ecuatorianos y venezolanos, hasta los cambios más lentos de Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay. Por supuesto, este proceso genera la oposición feroz de los sectores reaccionarios, que cargan a su vez con el agravante, de que esta nueva etapa de redención americana coincide, con una crisis sin parangón en la historia moderna, de la dominación norteamericana sobre el mundo y sobre Indo América en particular.
Creemos que, pese a los intentos de la reacción y el privilegio, de la derecha autóctona, expresada en todas sus formas que abarcan desde medios de comunicación, empresarios metidos a políticos ‘asépticos’, dirigentes desplazados por los nuevos tiempos, oportunistas saltimbanquis sin compromiso histórico, hasta sectores de la dictadura militar, incluyendo proyectos abortados y a la izquierda colonial. Pese a todo aquello que pretende tapar el sol, lo que sigue avanzando es la idea del cambio profundo y revolucionario, la conformación de un nuevo paradigma en el conciente colectivo del pueblo -que es el que escribe la historia- para acabar con el modelo neoliberal instaurado por la dictadura.
Creemos así que, el espacio de un movimiento nacional, popular y democrático, que exprese a un proceso revolucionario, democrático, plural y transformador, sigue políticamente vacío; pero ocupando un inmenso lugar en el imaginario social y colectivo. Proponemos construir esa vacancia en unidad, diversidad, reconocimiento del ‘otro’ compañero, con humildad y sin mas rencor que el que permite la lucha contra los enemigos de la Nación. Seguimos pensando que el 19 y 20 de diciembre marcó el inicio de un nuevo tiempo histórico-político de la nación que nos permitió sumarnos a la marcha liberadora de nuestros hermanos del continente, aun cuando nos falte coronar lo social en lo político.

Soberanía y Liberación y el Gobierno Nacional
Respecto del gobierno, saludamos, valoramos y apoyamos todo lo positivo, reparador y democratizador realizado en ambos mandatos. Somos conscientes, y así lo hemos expresado en medio del lock-out patronal agrario, que la reacción no quiere voltear al gobierno por sus errores y déficits, sino por sus aciertos.
Saludamos su reconstrucción de las políticas productivas, la recuperación de la soberanía monetaria, sus avances en la reconstrucción del Estado, sus políticas de inclusión, distribución y reparación social, así como su estratégica y decisiva política de alineación continental con el proceso liberador, el compromiso y la construcción del UNASUR y el Banco del Sur en la concepción de la unidad de los pueblos, acabando con la concepción mercantilista del Mercosur-Valoramos su ‘no al ALCA’ en Mar del Plata que liquidara las ‘relaciones carnales’ con el Imperio iniciadas en los ‘90.
Apoyamos especialmente su política de liquidación de la impunidad para los genocidas, política esta última, inaceptable para la derecha en su conjunto y piedra angular del extraño frente opositor que abarca como decíamos, desde la sociedad rural a partidos supuestamente de izquierda.
Es en ese sentido, en contra de la reacción oligárquica y neoliberal, que apoyamos al gobierno democrático encabezado por la Dra. Fernández y sus realizaciones positivas, como las recientes reestatizaciones de Aerolíneas Argentinas y de las Jubilaciones, saqueadas y vaciadas por imposición del Banco Mundial y el Plan Brady en la década del 90.
Soberanía y Liberación cree necesario ir a fondo en esta línea y recuperar definitivamente las históricas banderas de la Patria Justa Libre y Soberana en un nuevo marco histórico, comenzando por los ferrocarriles, el petróleo, la energía en su conjunto, y el comercio exterior agropecuario y minero, desmontando el neoliberalismo estructural que aún hoy pretende manejar la agenda nacional.
Entendemos que la Democracia Participativa efectiva es parte indivisible de un proyecto de Liberación Nacional y Social. Creemos necesario recrear todos juntos, una expresión política que exprese en mayor profundidad la ruptura con el neoliberalismo producida por la gran rebelión de diciembre de 2001, que abriera por pura prepotencia popular una nueva etapa histórica nacional. Etapa que las fuerzas comprometidas con el pasado y los privilegios, se empeñan en negar y retrotraer.

Recuperar el Estado nación para todos
Queremos recuperar el Estado nacional como palanca principal de las políticas que hacen a la grandeza de la nación y la felicidad de nuestro pueblo. Así creemos imprescindible recuperar la energía, la minería, los servicios públicos, los recursos naturales y el comercio exterior de las materias primas estratégicas en un proceso gradual pero continuado y creciente.
Creemos para ello imprescindible la convocatoria, en un plazo breve, a una Asamblea General Constituyente que permita reformar la Constitución neoliberal de 1994 y recuperar para el Estado Nacional las palancas fundamentales de la economía y profundice el ejercicio soberano del pueblo mediante mecanismos legales de democracia directa y participativa. Así se habilitara otro rumbo para la nación y el pueblo, ‘democratizando la democracia’ en un nuevo proyecto nacional, popular, liberador, americanista e indiano, recuperando para el Estado las palancas principales del desarrollo.
Deseamos recuperar para el Estado de manera inmediata y como medida estratégica, la red nacional ferroviaria de pasajeros y de carga, que supo ser la mayor de América Latina, y hoy se encuentra destruida y para uso exclusivo de la oligarquía terrateniente y su agronegocio sojero.
Queremos implementar una política mucho más activa de reindustrialización de la nación apelando a las políticas históricas para la misma: protección sine qua non del empleo y del salario, mejora de las condiciones laborales, aumento marcado de la distribución de la riqueza, aranceles protectores de la industria nacional, recreación del BANADE y abandono del modelo agroexportador montado alrededor de la sojización, alentando de todas maneras la recreación de un gran mercado interno.
Creemos que la salud, la educación, la vivienda, la protección de la infancia, la niñez, la ancianidad y la seguridad -principales sostenedores del Modelo Social Solidario y del Estado de Bienestar, pero a la vez eje del ataque neoliberal desde 1976, en su doble genocidio militar primero y social después- deben dejar de ser negocios que se apropian del ahorro interno genuino de millones de argentinos, para volver a ser derechos inalienables para todos los argentinos y las argentinas, devolviendo al pueblo la Deuda Interna, de la que no se habla, necesaria para reconstruir la Justicia social.
En esta línea creemos imprescindible librar una campaña que elimine el hambre, la indigencia extrema y la situación de calle de miles de personas y especialmente de miles de niños que nos avergüenzan cada noche en las ciudades de la patria. Es una infamia inadmisible que produciendo casi 100 millones de toneladas de granos un sólo argentino o argentina se muera de hambre. Los Estados Nacional, provinciales y especialmente el de la CABA tiene recursos de sobra para acabar de inmediato, y de manera solidaria e inclusiva -no policíaca- con esta verdadera infamia nacional.
En esa misma línea nos oponemos y rechazamos, cualquier intento de criminalizar a la niñez o la pobreza, bajando la edad de imputabilidad de los menores. El lugar de los menores es el hogar y la escuela y no la calle, la mendicidad, el basural y mucho menos la cárcel o el correccional.
Consideramos fundamental, avanzar en desmontar el colosal poder mediático de la derecha, democratizando los medios de comunicación mediante una nueva Ley de Radiodifusión, que haga realidad las propuestas que los sectores sociales consultados han hecho al respecto.
Queremos abandonar la nefasta sojización y reemplazarla por un plan nacional de desarrollo agropecuario democráticamente debatido y consensuado, que permita el acceso a la tierra de centenares de miles de nuevos productores, que repueblen nuestro campo hoy desierto por el monocultivo y la concentración de la tierra. Esto permitirá volver a producir alimentos sanos y libres de agrotóxicos para nuestro pueblo, en lugar de ‘pasto-soja’ para que China y la Unión Europea críen sus cerdos. Proponemos reemplazar así, el modelo de devastación y contaminación de los recursos naturales –que enferman con cáncer a nuestra gente, arrasan sus huertas y destruyen su hacienda, anulando toda forma de subsistencia-, que propicia la sojización, por un modelo de democratización de la tenencia de la tierra y de la producción de alimentos, recuperando nuestra perdida soberanía alimentaria.
Hacemos nuestro, el reclamo más profundo de la Patria: el de nuestros hermanos milenarios de los Pueblos Originarios cuyos derechos, dignidad y culturas asumimos. Queremos su protección y reparación. Ellos, dueños inalienables de la tierra argentina y americana, brutalmente expropiados y expoliados durante quinientos años de genocidio y latrocinio permanente, deben ser especialmente atendidos en una nueva etapa de la Revolución nacional. Su cultura es nuestra cultura, sus tradiciones son las nuestras. Su ejemplo heroico de resistencia, heroísmo, humildad y solidaridad comunitaria, el ejemplo en que se asientan nuestras mejores tradiciones populares. Esta reparación implica, por supuesto, la devolución de tierras aptas para su supervivencia y desarrollo según sus creencias y cultura, el respeto a sus idiomas ancestrales que deben ser los nuestros, la protección de sus lugares sagrados, así como la recuperación de su memoria histórica como parte de la historia real de nuestra nación.

Tiempo de unidad y de recreación de lo nuevo
Creemos que es este un tiempo de búsqueda de la más amplia unidad nacional y popular, alentando y apoyando todas las formas y mecanismos que alienten el bloque de la Unidad nacional, popular , revolucionaria y americanista. De allí que toda forma de unidad democrática, plural y combativa cuente con nuestro apoyo.
Así consideramos estratégico, que la enormidad de los movimientos sociales que recorren masivamente el país originados en el movimiento piquetero –en su momento, la dignidad de la nación- puedan confluir en una gran Central de Movimientos Populares, cuyos primeros pasos comienzan a darse y desde Soberanía y Liberación apoyamos.
Es también estratégico librar una gran batalla ideológica-cultural que debe reemplazar el pensamiento neoliberal y antipopular que se ha adueñado de las universidades y de los medios de comunicación, después de 32 años de cultura dominante neocolonial, que se expresa en un efecto de fascistización y derechización de las clases medias urbanas y rurales. Sectores hoy corridos fuertemente a posiciones individualistas, elitistas, reaccionarias, racistas, antisolidarios, antinacionales y antiamericanas, en base al desarrollo de una colosal ignorancia, y a un retroceso cultural no visto tal vez desde 1890.
Nos parece imprescindible dar esta batalla para recuperar amplios sectores de estas clases medias hoy ganadas por el ‘lavado de cerebros’ producido por el poder mediático multinacional. De allí la enorme importancia que otorgamos al movimiento de la Carta Abierta, del cual nos sentimos parte fundacional. En el mismo sentido cabe que todas las fuerzas populares demos una batalla por recuperar las universidades para el pensamiento del pueblo y limitar al máximo la influencia nefasta de la privatización del pensamiento y la ‘investigación’.
En la misma línea somos parte integrante, del gran movimiento social y político que en Ciudad de Buenos Aires, se une y lucha contra el autoritarismo y el neoliberalismo en el poder hoy, playa de desembarco de la restauración conservadora a nivel nacional. Derrotar a la opción que crea el enemigo desde CABA, con su modelo “apolítico”, empresario y gerenciador, es estratégico para todo el movimiento popular de todo el país, más allá de los esfuerzos que el ingeniero realiza para deslegitimarse por sí sólo. Creemos sin embargo que este espacio debe buscar una alternativa superadora del lavado ‘progresismo’ del pasado.
Creemos de vital importancia el reagrupamiento e intentos de organización de la inmensa mayoría de los campesinos pobres a través de distintas instancias como el Foro de la Agricultura Familiar, el Frente Nacional Campesino y demás movimientos de pequeños chacareros, de los Movimientos campesinos e indígenas provinciales, que intentan recrear la vacancia dejada en ese sector por las heroicas Ligas Agrarias de los setenta arrasadas por el genocidio terrateniente, permitiendo así llenar el vacío dejado por el pasaje de la FAA al campo de la reacción.
De la misma manera, nos sumamos fraternalmente a las multisectoriales qué como en Córdoba, Santa Fe, Corrientes y otras provincias, luchan por la dignidad del pueblo contra el golpismo. Apoyamos asimismo todas las formas de resistencia y unidad que recorren la nación, como el reciente Encuentro Nacional de Mujeres por la Soberanía Alimentaria, realizado en Santa Fe. Saludamos las acciones de los trabajadores que luchan por recuperar el salario y su dignidad de mil maneras mancillada por el neoliberalismo, y hacemos votos por la más amplia unidad de acción del movimiento obrero organizado que le permita recuperar su histórico rol en la Argentina moderna.
En síntesis, no creemos ser los únicos que transitamos este camino, sino que nos sumamos con humildad, al conjunto de fuerzas y sectores que construyen cotidianamente la lucha y unidad del pueblo, aunque creemos necesario que ese torrente concluya en una construcción nacional de unidad política popular..
Somos parte de un pueblo digno, históricamente combativo, que hiciera de la resistencia su razón de existencia y que supo en un tiempo cercano construir una tierra justa, libre y soberana.
No dudamos que los próximos años serán decisivos para, en unidad y diversidad, profundizar nuestra organización política, para volver a poseer, en un nuevo tiempo histórico, una Patria Justa, Libre y Soberana, plenamente democrática y participativa, en respeto de la pluralidad y diversidad de nuestro pueblo.
Porque creemos que se puede y queremos contribuir al futuro, para ayudar a reconstruir y culminar la tarea de una revolución nacional y social inconclusa, llevando a término la Liberación Nacional y Social de nuestro pueblo y de nuestra Patria, nace SOBERANIA Y LIBERACIÓN, Convocatoria Participativa a la cual invitamos a participar a todos aquellos que amando a la Patria y al pueblo, buscan un camino para luchar y construir unidad en la diversidad.


Buenos Aires 20 de noviembre de 2008
Alberto J. Lapolla, Ana T. Lorenzo, Vicente Zito Lema, Marcelo Arbit, María Eva Rearte, Jorge Rachid, Gabriel Rubinstein, Isabel Zanutig (Santa Fe), Jorge Paolini, Oscar Oriolo, Héctor Fenoglio, Ariel Pascielli, Emilio Arquiola, Graciela Ochoa, Pablo Rey(Chubut), Ángel Luchetta(Chubut), Celia Marechal, María Cristina Saborido, Virginia Liponetzky (Rosario), Jorge Müller, Carolina Alejandra Pérez (Santa Fe), Adolfo Valerga, Pablo Leonardi (Rosario)