domingo, 24 de mayo de 2009

EL VALOR DE LA PALABRA


por Jorge Rachid

La inmensa catarata de palabras sin contenido que origina la lucha electoral, hace que la semiótica adquiera valor cotidiano en la interpretación de cada una de ellas como significado en si mismo.

Así nos asomamos a términos peyorativos como “la caja” cuando se expresa, desde la crispación, la búsqueda de recursos del ejecutivo, y que constituye su obligación natural para cumplir los objetivos del Estado Nacional.

Se utiliza, maliciosamente, el término “apropiación” a la restitución del derecho constitucional al sistema previsional solidario por la eliminación de las AFJP, que además de amputar el 30% del capital aportado del ahorro interno genuino de millones de argentinos adjudicándolo maliciosamente a “gastos administrativos” y no a “ganancias” que era lo real, invertían en “paraísos fiscales” e instituciones privadas de mercados de valores extranjeros, operando en ese momento con 35 mil millones de dólares provenientes de salarios diferidos a los fines previsionales. Cuando a esa situación se la llamó “saqueo” por parte de la prensa, los “políticamente correctos” clamaron por la “propiedad privada” como si los fondos previsionales fuesen plazos fijos individuales y no un pacto intergeneracional.

Por supuesto que a la recuperación del rol del Estado en la economía se la llamó “estatismo o populismo” en un desconocimiento de ambos términos, producto quizás de tantos años de cultura dominante neoliberal, donde “Estado” era palabra prohibida, y “Mercado” actuaba de ordenador social. Así nos fue, en el desierto del desamparo y la desocupación de los noventa. Sin embargo, no alcanzaron las recomendaciones de que el Mercado sin Estado es “mercado negro” promotor de las políticas darwinianas en lo social donde triunfa el mas fuerte, como en la lucha de las especies por su supervivencia.

Si “estatismo” es el rol del Estado como ordenador social y equilibrador de los intereses naturales que contiene toda sociedad, es indudable que lo único que se hizo fué recuperar “soberanía”, entendida ésta como la capacidad de tomar decisiones y ejecutarlas por parte del Gobierno elegido por el pueblo.

“Populismo” no se utiliza, arteramente, como estar atento a los contenidos populares del reclamo social, no ejercer la violencia del Estado ante el conflicto, atender la realidad y tratar de superarla, antes que estigmatizar la pobreza y la marginalidad. Se han convertido a las mismas, pobreza y marginalidad, en banderas de críticas antes que en caminos de solución que se están ejecutando, mal o bien, formando parte esto último de otro análisis mas profundo de políticas sociales donde la hipoteca social sigue siendo alta.

Cuando una acción de gobierno se cataloga de “populismo”, se lo hace desde una carga política que niega lo popular, que pretende ignorar que una sociedad se construye desde la búsqueda y el compromiso de Justicia Social, que significa ni mas ni menos que movilidad social ascendente a sectores de población hasta ayer nomás desplazados de la pirámide social. Si ese compromiso es “populismo” sin dudas es una política correcta desde el punto de vista de quienes pretendemos una sociedad mas justa.

Sin embargo quienes lo enarbolan lo hacen despectivamente porque han asumido como propio y aplicable para todos, al eje culturalmente dominante de los últimos 30 años que privilegió al sector financiero por sobre el productivo, derrotó temporalmente a la cultura del trabajo y las leyes laborales de años de luchas y sacrificios del movimiento obrero y convenció que los argentinos éramos vagos e inservibles. Tomó como cierto que necesitábamos una Argentina productora de materias primas para el mundo, que el mercado interno no importaba, que el costo social (que nunca pagan los poderosos) había que asumirlo para integrarnos al mundo, que necesitábamos a las inversiones extranjeras aunque sean capitales buitres o lavados de dinero espúreo. Nos explicaron que la teoría del derrame, del crecimiento macro, las mediciones de riesgo internacional, la opinión de los organismos internacionales de créditos y mil consignas eran “Palabras Infalibles a Aplicar”, pero la realidad sobreviniente fué que, la teoría y sus “aplicadores”, hundieron la Nación, nos dejaron sin Patria e hicieron llorar a millones de argentinos. Todo en el uso estricto de la palabra como herramienta de creación de una política.

La Palabra es el motor de búsqueda del pensamiento. Desde ella se puede discernir la “ideología” del emisor. Es el indicador desde donde se mira la vida, la propia y del mundo.

Quien dice “mano dura” lo hace desde algún lugar, mas allá del involucrado directo en un hecho lamentable y quien lo expresa desde la política no habla de seguridad, habla de represión.
Cuando nos presentan “inseguridad jurídica” en términos genéricos nos quieren significar que no funcionan los mecanismos republicanos de los poderes públicos democráticos.
Cual es la “seguridad jurídica” del jubilado con fallo de la Corte favorable que debe esperar el resarcimiento, frente a la “inseguridad jurídica” de la empresa monopólica privatizada que clama por justicia habiéndola vaciado, que no efectivizó las inversiones pactadas ni pagó las cargas sociales de sus empleados ni los impuestos a las ganancias.
Las seguridades e inseguridades existen de acuerdo al rol social de cada protagonista. Es un “hombre alegre” cuando el millonario se emborracha y “negro borracho” cuando lo hace un trabajador en el ejercicio discriminador, habitual y cotidiano de cierta prensa argentina.

Así cada condena, cada diatriba cotidiana, se va instalando como una verdad absoluta, indiscutible.
La ofuscación sobre los “índices de precios” no es tema de mayorías populares, preocupadas por otras circunstancias como los precios reales y como cuidar el peso. Las candidaturas llamadas “testimoniales” tampoco impactan en lo cotidiano del trabajador que hasta ayer transitaba la angustia del trabajo y hoy lo tiene.
Los “fondos” del ANSES y su inversión en políticas anticíclicas, inversiones de corto, mediano y largo plazo, como tienen los organismos previsionales del mundo, es otro tema de agitación.
La visita del “dictador” Bolivariano, quien pese a haber ganado las últimas 12 elecciones excepto una derrota sigue catalogado como tal.
Que estamos “fuera del mundo” por no tener acceso al crédito, en el mismo mundo que se derrumba con la lógica esgrimida por los críticos de hoy, pero que sin embargo comerciamos por 50 mil millones de dólares sin restricciones ni problemas financieros. Podría seguir el listado de frases hechas a medida, en una pugna cultural que es política y que dominará los próximos años de la agenda argentina en la búsqueda de sus nuevos paradigmas para los nuevos tiempos.

No quise ingresar por la ventana a la semiótica porque no me considero capacitado para eso, pero sí lo estoy para un análisis de la situación actual, donde los actores intentan esconder intenciones, detrás de palabras que desnudan las mismas.

Desde la visión internacional hasta el manejo propio del Estado todo está bajo sospecha, cuando no se dirimen como corresponde los términos ideológicos de la confrontación, cuando el debate político está escondido y nadie dice lo que va a hacer en caso de triunfar su postura. El Gobierno ha trazado un camino desde hace años y en su accionar ha tenido aciertos enormes y también falencias e hipotecas pendientes. El neoliberalismo estructural está vivo y merece ser desmontado para reinstalar la cultura de la solidaridad y el trabajo.

En realidad, lo que nos dicen, son “medias palabras”, son insinuaciones embozadas, son realidades que por alguna razón no nos dicen del todo, sino incompleta y confusamente. Las palabras son sentencias cuyo significado depende de quien las diga, donde las diga y hacia quien las diga. De esto saben todos los sesudos forjadores de imágenes de campañas electorales que trabajan sobre la foto y no sobre la película, impactando con el latiguillo, conmoviendo en la acción dirigida y escondiendo su programa político y su historia, diciendo solo “medias palabras” y sabiendo de antemano que su “palabra”, no es tal.

Los argentinos tenemos memoria y sabemos lo que no queremos, pero también lo que nos falta recorrer para construir una sociedad mas equitativa con Justicia Social, tanto como sabemos que la palabra “Patria” proviene de “padre enterrado” o sea nuestra propia historia, y “Nación” por “nacer” de nuestra identidad. Ambos términos que deberían conjugar nuestro compromiso para con ellos.

JORGE RACHID
C.A.B.A., 19 de mayo de 2009.

lunes, 4 de mayo de 2009

DEL PUEBLO POR EL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO


por Ariel Pascielli

Ya en épocas de organizaciones tribales y quizás, aún antes, la humanidad transitó por métodos y sistemas cuasi democráticos de tomas de decisión sobre temas que pudieren afectar al grupo.

Sin entrar en sistemas de represión modernos con dictadores o tiranos, o reyes, príncipes o señores feudales, que es casi lo mismo, es conveniente analizar los procesos democráticos y las formas que se emplearon para ejercer el poder y organizar las sociedades.

Más allá del ágora griego y del senado romano; la Carta de los Comunes inglesa, con su parlamentarismo como paradigma de representación política de ésa sociedad en plena revolución industrial, camino del dominio imperial; usualmente se toma como ejemplo de ejercicio de la democracia a los gobiernos que se constituyen a partir de la independencia de los Estados Unidos, preparando el camino para su estrategia imperial, copiando a sus mayores. Este ejercicio de democracia está basado en el control y refuerzo del poder dominante a partir de las luchas contra las monarquías y el triunfo del estado llano.

La democracia de la definición de Abraham Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, se puso en práctica en muchas sociedades políticas con los recortes y retoques que las clases dominantes impusieron para no perder su hegemonía.

El sistema conformó un método que alimentó el recorte de la democracia plena, generando partidos políticos que, en su origen, representaban intereses de clases, ideológicos y estratégicos y alimentó las expectativas de muchos que solo querían ser gobierno para estar en privilegiada posición frente a los verdaderos poderes, que los ungieron como respetuosos y confiables defensores y buenos administradores de sus intereses.

Pero también surgieron partidos políticos en defensa de otros intereses pero que se insertaron en el sistema de la democracia “burguesa”.

Todos garantizaban el sistema institucional, cada uno con sus documentos liminares o declaración de principios, sus estatutos o carta orgánica, sus programas de gobierno, sus plataformas políticas o plataformas electores.

En muchos casos con elecciones internas para postular candidatos o designar autoridades, con diferentes formas y sistemas, con punteros junta votos y con respaldo o con sistema eleccionario de mayor profundidad en el uso de la democracia.

Allí surgió lo que se dominó la “democracia representativa”, aquí o en otros países; aquí, con el refuerzo de la norma constitucional que define que “el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes”

Y en la elección de representantes comenzó a hacer agua el sistema, cuando se comenzaron a entremezclar intereses y figuras; cuando se dejaron de lado los programas y plataformas de cada agrupación y se comenzó a buscar al más carismático, al que mejor mide, al que es mejor aceptado por diversos atributos, más allá de las ideas que defiendan el candidato o su partido.


A la prostitución de las ideas, le siguió el alejamiento de los programas y la ausencia de plataforma electoral. Bastaba con que un borracho arengara, según el imaginario popular, con el grito ¡Viva el doctor, para que estas “instituciones” de la democracia a quien les resultó más cómodo golpear los cuarteles que someterse al sufragio popular, comenzó a entender que la figura que pudiere reunir ciertos atributos presentables fuere el piloto electoral para colgarse de él y triunfar en los comicios.

Pero, además, y mientras los propios partidos políticos descreían de la política e insuflaran esa idea a los ciudadanos para llevarlos a ser carne de cañón electoral, nacía la “democracia delegativa”, que consistía en volcar los votos a favor del candidato más aceptado por sus propios atributos que no eran, precisamente, de corte ideológico o político, sin importar organizaciones, formación de ciudadanos, programas o simplemente, un discurso coherente con las necesidades y los deseos de transformación de los ciudadanos.

El avance de la tecnología y la transformación y modernización de los medios de comunicación generaron el “marketing político”, que a partir de mediciones, encuestas y otras disciplinas, desarrollan imagen para vender un producto a una ciudadanía que carece de información, pero que posee desinformación, y que ya se acostumbró, en líneas generales, a no tener exigencias ni siquiera electorales para los comicios, salvo algunas operaciones muy especiales que se siguen llevando adelanto pese a la modernización de las comunicaciones.

Pero pareciera que, en general, los partidos políticos no advierten que los tiempos pasan y que las masas populares cada vez toman más participación activa en los procesos históricos en forma directa, tal como pasa en Latinoamérica e incluso en nuestro propio país cuando los sucesos de diciembre del 2001.

Esa participación pareciera desmovilizada definitivamente, aunque no hay que confundir desmovilización con alerta, esperando el momento oportuno para actuar.
Los pueblos tienen en sus manos las herramientas para moldear la historia y cuando las usan lo hacen concientes, con entusiasmo, con firmeza para lograr su objetivo: modificar estructuralmente la sociedad para imponer la justicia, la libertad y la soberanía, a partir de la “democracia participativa”.

En Argentina estamos en condiciones de patear el tablero de los que pretenden jugar con el rumbo político de la sociedad para que no llegue nunca a plasmarse la “democracia participativa”, donde se decida entre todos lo que es mejor para todos y se erradiquen las exclusiones y los privilegios y la diferencia por raza o condición social, con igual oportunidad para el pueblo que la compone.
La organización política del sistema democrático burgués se vio plasmada, entre otras cosas, por la acción del Estado Llano durante la Revolución Francesa. Esa acción, similar a la que podrían tomar las masas populares de nuestra actualidad histórica, mereció elogios de mucho estudiosos:
¿“Quién se atrevería a decir que el estado llano no tiene en sí todo lo que es preciso para formar una nación completa? El Estado Llano (las masas populares de hoy) es el hombre fuerte y robusto del cual un brazo está todavía encadenado. Si se le despojase de la clase privilegiada, la Nación no vendría a menos, sino que iría a más. Así, ¿Qué es el Estado Llano? Todo, pero un todo trabajado y oprimido” (E.J.Sieyés, ¿Qué es el Estado Llano?

Y ese Estado Llano, puso sus fuerzas sobre la mesa y sacudió los privilegios de la nobleza, el clero y los señores feudales para consolidar un esquema de sociedad que está decayendo por la propia inercia absurda del capitalismo y el imperialismo.

El Estado Llano de hoy (las masas populares) debe volver a la movilización para trazar, orientar y poner en marcha una sociedad económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana, para darle a todos lo que les corresponde y a cada uno lo que a todos les pertenece.


Ariel Pascielli
Soberanía y Liberación
Mayo 2009

jueves, 23 de abril de 2009

FEOS, SUCIOS Y MALOS


por Jorge Rachid


La película italiana del neorrealismo que lleva ese título, sirve de sostén para caracterizar todo aquello que por oponerse al sistema, es caracterizado de esa manera. Pueden ser personas individuales, partidos políticos o instituciones siempre y cuando sus posturas sean contrarias a lo “políticamente correcto”, lo que “está bien” o lo que es formalmente “aceptable”.

El Peronismo en cualquiera de sus versiones se lleva las palmas de oro de esa caracterización a través de los medios de comunicación, de los editorialistas, los opinólogos y periodistas que estigmatizan a diestra y siniestra todo bicho que camina, en casilleros maniquéos del “deber ser” mas allá del fondo de las cuestiones analizadas, nunca profundizadas, en una banalización y frivolización informativa, que si no fuese por la gravedad del tema, debería ser ironizada con humor.

Es así aún cuando el debate del país amerita una discusión sobre ejes que determinen y fijen políticas de Estado frente a la crisis mundial del neoliberalismo financiero, que en nuestro país se niegan, quienes informan, a conectar con la situación nacional. Entonces pese a estar controlando los índices de empleos y proponiendo políticas activas anticíclicas, los titulares son: cuanto de menos hemos crecido en relación al año pasado, como se achicó la balanza comercial con Brasil, como cayeron los Bonos en la Bolsa, cuanto disminuyó el PBI con respecto al mismo mes del período anterior, cuanto va a afectar la vaticinada y nunca llegada crisis energética, entre otros titulares catástrofes destinados al efecto pánico, siempre presente en procesos electorales.

No quiere decir esto que no existan problemas. Es más: la hipoteca social pendiente del Gobierno Nacional debe ser un tema debatido, analizado y consensuado en propuestas que marquen el inicio de una etapa de construcción de un nuevo modelo social solidario, con eje doctrinario peronista que instale en el marco de la cultura del trabajo, el concepto de la Comunidad Organizada como mecánica de dirimir los conflictos de intereses desde el Estado, evitando las presiones lobystas y mediáticas de los grupos de poder. Es un tema y una responsabilidad pendiente, no solo del gobierno sino de todo el peronismo y el movimiento nacional y popular si quiere recuperar su raíz histórica de compromiso con los sectores mas humildes y desprotegidos de nuestra comunidad.

Por esa razón cualquier medida de avance tiene una lectura perversa, porque los “sucios, malos y feos” no pueden realizar otras acciones que no sean contrarias a todo lo conocido y supuestamente respetado. Así cuando los desocupados ( sucios) ocupan las calles los medios hablan del derecho de los demás, cuando cortan los ruralistas (limpios) es en defensa de un reclamo legítimo; si las candidaturas se deciden colocando las personas mas representativas del movimiento nacional (feos) son una manipulación, si lo hacen los partidos del sistema (limpios) jugadas honestas; si se despliegan banderas en el fútbol contra la monopolización de la televisión en las barras (malos) se esta apuntalando la delincuencia, cuando se forman grupos de desalojo por violencia institucionales en CABA (buenos) aunque ejerzan la de la peor manera, es para mantener Buenos Aires Limpio.

Olvidan que el peronismo fue el encargado de hacerse pie en las diferentes crisis que soportó el país, la última del 2001, una de las crisis mas espantosas por el daños social que recordemos. No recuerdan que desde 1994 el movimiento obrero organizado fue el único sector social de poder que, poniendo en juego y arriesgando sus propias estructuras sindicales, enfrentó al neoliberalismo, las privatizaciones, las AFJP, las ART, al FMI y al BM, en la calle y con acciones junto a los desocupados echados del sistema social, por la prepotencia financiera, especulativa y codiciosa.

Sin embargo ese movimiento obrero es hoy blanco de todo tipo de caracterizaciones, en especial por sectores llamados a si mismos “progresistas” que, con pensamiento eurocentrista, desconocen el valor y los códigos de la defensa del trabajo como bien social y de la identidad nacional como bien colectivo. Puede haber muchos dirigentes pasibles de críticas y sanciones, pero el movimiento obrero como sujeto político es indispensable en el andamiaje de una sociedad mas justa, equitativa y solidaria. Por eso es combatido, en especial, cuando comienzan los procesos redistributivos de la riqueza, cuando el reclamo de los trabajadores altera profundamente la placidez acumulativa del capital, que como nunca en la historia de la humanidad, provocó tanto dolor, sufrimiento y pobreza a millones de personas de la mano del neoliberalismo.

El Peronismo es “el hecho maldito del país burgués” decía el maestro John W. Cooke, que caracterizaba correctamente la etapa de irrupción del movimiento nacional en el país de las vacas gordas. “El aluvión zoológico” lo caracterizó la oligarquía, tan conmovida entonces como hoy por la aparición de nuevos actores, nuevos convidados a las mesas del poder. Estaban catalogando en su concepción, a una subcultura, denigrando y estigmatizando las corrientes populares, lo cual bastó para criminalmente bombardear Plaza de Mayo un día de semana al mediodía, con mas de 400 muertos civiles, con aviones militares en nombre de la democracia, la libertad y la Patria, acorralando a un gobierno democrático elegido por los “salvajes votantes argentinos que no sabían que hacían”.

Deberían leer nuestros columnistas de los medios gráficos a Vivianne Forrester en su libro “El Horror económico” y “El crimen occidental” para sentirse reflejados en la complicidad de los genocidios cuando las subculturas que, como denomina el “poder”, comienzan a ser perseguidas. Pasó en la Argentina, en la complicidad masiva del 76 cuando la consigna era a cualquier precio terminar con el gobierno Constitucional a seis meses de las elecciones. No fuese cosa que otra vez los feos ganasen, los sucios gobernasen y los malos nos pegasen. Así nos fue a los argentinos con silenciosos y silenciados secuestros, junto a exclamaciones en la prensa escrita sobre la necesaria interrupción democrática en nombre de los altos valores de la civilización occidental y cristiana, aclamando a las fuerzas armadas y justificando el genocidio, el secuestro de bebes que hasta hoy no hemos podido recuperar con identidad y la persecución de millones de compatriotas.

Deberían leer a Perón quienes son capaces de agraviar el avance del UNASUR, el Banco del Sud y el sistema de Defensa acordado por todos los países. Sería deseable que el periodismo preguntase a los candidatos que medida tomarían con el proyecto continental y las relaciones con Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Chile y el resto de Latinoamérica. Preguntar que harían con las AFJP y los Derechos Humanos en especial si volverían las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Si por conservar las formas hubiesen dejado a la Corte Suprema anterior, sin sacudir el polvo de tanta ignominia. Que harán con las leyes laborales que reinstalaron las Convenciones Colectivas, el Consejo del Salario Mínimo y derogaron la flexibilización laboral. Como se llevarán con el movimiento obrero en sus reclamos y si reprimirán la protesta social en las calles, además de permitir la libertad de empresa que existe hoy en la Argentina, donde cada uno dice las barbaridades infundadas que quiere sin beneficio de inventario. Dejarán quizás el tema petrolero sin tocar, ni las empresas privatizadas sin alterar, para garantizar seguridad jurídica a los de afuera e inseguridad de bolsillo a los de adentro. Seguiremos con los tribunales en EEUU para dirimir cuestiones nacionales y los dictados de los organismos de crédito internacional acaso? Cual sería el proceso de acumulación de riqueza si el financiero que nos llevó a la ruina o el modelo de producción y trabajo.

Podemos seguir con las preguntas que nos hacemos quienes somos peronistas aunque no oficialistas, pero mucho menos somos parte del “aliento fétido del orangután” que hoy se desparrama por los medios. Somos parte de la responsabilidad de construir una Nación, desde el lugar que sea por haber asumido un compromiso con el pueblo y con la Patria. Algunos los hacemos sembrando ideas, confrontando cuando podemos, sufriendo las oportunidades perdidas, pero intentando visualizar un camino, aún a costa de nuestro tiempo biológico.

Los procesos políticos los escriben los pueblos con sus tiempos y sus pausas, pero sin duda, quienes nos oponemos a transitar las alfombras del poder económico, además de negros seguiremos siendo sucios, feos y malos.

Jorge Rachid
CABA 24-4-09
Jorgerachid2003@yahoo.com.ar

domingo, 29 de marzo de 2009

PUBLICIDAD ENGAÑOSA


por Ariel Pascielli


El Gobierno está haciendo circular, para su discusión, un proyecto de ley sobre medios de comunicación para terminar con la vergüenza e ignominia del encuadramiento legal de ésta actividad –más conocida como Ley de Radiodifusión- en normas establecidas por la dictadura militar, con parches, remiendos, adaptaciones y modificaciones parciales legales y administrativas tomadas durante las sucesivas administraciones.

La Ley y sus modificaciones sólo permitieron la concentración de medios a favor de los factores concentrados del poder económico para encorsetar a la democracia y a la expresión popular, impidiendo la pluralidad de opiniones y la posibilidad de expresión para el campo popular.

Más allá de la adecuación legal a las nuevas tecnologías, la discusión hay que plantearla firmemente en la defensa de la libertad de expresión, del acceso a los medios de comunicación, del respeto intelectual por el pueblo, de la erradicación de pautas culturales que se amparan en ella para penetrar la idiosincrasia, la vida, las costumbres del pueblo, tratando de insuflarle, en un proceso de aculturación, sistemas de vida ajenos a nuestro sentir argentino.

Todo este proceso comunicacional es el coadyuvante para el sojuzgamiento y control de los intereses del pueblo. La aculturación imperial que le dicen.

Allí juegan los valores culturales que se pretenden imponer, a través del oligopolio y la cartelización de las noticias, sin permitir accesos a las vías de comunicación de otras corrientes que no se encuadren en los moldes preestablecidos por el poder local e internacional.

Ello responde a una estrategia de poder mundial que desde siempre ha estado presente pero que recrudeció a partir del Consenso de Washington.

Pero más allá de las editoriales y el manipuleo de la información, recrudeció la comunicación publicitaria siguiendo esas directivas de penetración, para promover el consumismo como deformación al buen consumo, llegando a caer sin ningún límite, en la mentira, en el falseamiento, en la falta de rigor científico para posicionar un producto, segmentarlo y dirigirlo al blanco específico de consumo y aún más, por repetición y “descreme”, abusando de las necesidades reales o provocadas, para ampliar las bases de la pirámide de uso.

Se ha abusado, y se abusa, del pueblo receptor de la comunicación y se lo incita a comprar productos más allá de sus necesidades reales y de su posibilidad de acceder al precio que tienen o del beneficio que le puede reportar.

La gran mayoría de los productos que se ofrecen, contienen un altísimo porcentaje de lo que se denomina “publicidad engañosa”, que no es otra cosa que abusar del desconocimiento del público, de su buena fe, de su posibilidad de comprender el todo del mensaje, en fin, de estafarlo intelectualmente para sumarlo al “target” de compradores.

Donde se observa con más frecuencia este tipo de metodología, es en la comunicación publicitaria de alimentos, suplementos alimentarios, medicamentos, dermatocosmética o instrumental o métodos que prometen menor peso, mejor masa muscular, mejor confort o calidad de vida, casi por milagro y en tiempo récord.

Existen en Argentina normas, disposiciones, resoluciones, decretos que tratan el tema con muy buen criterio en general, pero no existen leyes que obliguen a seguir pautas claras y precisas para terminar con el engaño, ni voluntad política ni sistema institucionalizado que adecue este tipo de temas para no seguir causando daño intelectual, físico o psíquico al pueblo argentino.

Esto viene de larga data y está enmarcado en el concepto “neoliberal” para su tratamiento denominado pomposamente “autorregulación publicitaria”, que coadyuva a consolidar el sistema de expoliación y dominio.

La “autorregulación” es un eufemismo que no tiene limites sino aspiraciones de mayor venta, de mejor rentabilidad, a expensas de deformar mentes y conceptos y calidad de vida. En aras de la libertad comunicacional no hesitan en distorsionar la verdad u ocultarla para ofrecer “beneficios” que no son tales.

Para evitar el encuadre en normas que pongan coto a este tipo de abusos, se han desarrollado conceptos como el de la mencionada “autorregulación publicitaria”, provenientes del hemisferio norte y que han permitido el libre albedrío y la proliferación del engaño al
pueblo argentino.

En nuestro país existen y están vigentes normas de muy buena factura que se pasan impunemente por alto, dado que el sector alimentario, medicamentos e instrumental para el confort y la buena salud, entre otros no las acatan.

No hay un sistema bien definido y estructurado para aplicar esas normas.

El Ministerio de Salud de la Nación, a través de la Subsecretaría de Regulación y Control y Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), debe proponer en la discusión de este proyecto de ley, que el Estado tome definitivamente esa función, la de control y rigor científico en la comunicación audiovisual de alimentos, medicamentos, suplementos dietarios y toda otra que se efectúe para promover o inducir al consumo de estos productos, para resguardar la salud de la población y erradicar la estafa y el engaño.

Tiene las normas vigentes para ello y puede hacerlo por si o con el apoyo invalorable que le pueda dar el COMFER.

Aprovechemos la oportunidad para lograr la ratificación por Ley de este problema que afecta al pueblo, de especial valía, tanto como lo son la pluralidad, la participación y la libertad de expresión y la lucha contra los monopolios comunicacionales.


Ariel Pascielli
Marzo 2009

LA INSEGURIDAD SOCIAL


por Jorge Rachid


La sensación que domina hoy en la Argentina es la inseguridad. Así lo afirman y lo remarcan los medios de comunicación, que muestran avances y tapas de crímenes y asaltos por doquier, con familiares y víctimas en estado de shock y con comprensible dolor y necesidad de justicia. Esta situación es reafirmada cada fin de semana con encuestas que remarcan la seguridad como la principal preocupación comunitaria.

Es legítima esa preocupación porque quienes la han vivido en carne propia, el curso de su vida no es el mismo. Cuidarse, tomar medidas que antes no se tomaban, alertarse telefónicamente, en fin un cambio de metodología cotidiana que calme la angustia producida por el stress postraumático, sobreviviente a un hecho delictivo.

Ahora desde el punto de vista sociológico, tomando distancia del dolor inmediato, el problema tiene otras características. En efecto si uno rememora la sociedad inclusiva y de pleno empleo de la mitad del siglo pasado, con proyectos de vida individuales y colectivos como pueblo, con movilidad social y ascenso en los indicadores de vida, puede empezar a sacar algunas conclusiones.

Desde 1976 en adelante se instaló en la Argentina un modelo económico, acompañado por un cambio cultural, que permanece dominante en estos días. Dicho cambio producto de la dictadura primero y de la persistencia de políticas neoliberales en el marco de la democracia posterior, enterraron el Estado de Bienestar, destruyeron la sociedad solidaria e instalaron la fragmentación social, como eje de la modernidad, demonizando al mismo tiempo al Estado, la pobreza y el trabajo argentino. Así hasta el 2001 en que el pueblo dijo basta a la lógica del Mercado y sus consecuencias en especial financieras.

En lo económico desde entonces ha habido avances en especial en el último lustro, al producir medidas que cambiaron el eje del dominio financiero neoliberal del mercado, hacia la cultura del trabajo y la producción, produciendo la incorporación de mas de 3 millones de argentinos a la población económicamente activa, derrotando la apropiación del ahorro interno genuino de trabajadores eliminando las AFJP verdadero ícono del saqueo neoliberal y restituyendo las leyes de protección de los trabajadores avasalladas por la flexibilización laboral en función de bajar los costos empresarios y la reinserción al esquema de movilidad de los sectores pasivos que durante años fueron congelados y después esquilmados por los poderes de turno .

En lo cultural en cambio, el proceso es mas lento, porque varias generaciones de argentinos crecieron en la lógica del individualismo, el exitismo, el sálvese quine pueda sin importar el prójimo, en medio de una diáspora social, con sectores arrojados de la pirámide social para siempre, empujados al desempleo y la desocupación en plena etapa productiva de sus vidas, con familias que debieron cambiar, cuando pudieron sus proyectos de vida para ellos y sus hijos, que no siempre lo consiguieron quedando como los nuevos pobres, después de haber habitado las capas medias argentinas, orgullo latinoamericano de nuestro país, en los años 50.

Si alguien pensó que las “fiestas” no traen consecuencias y sobre todo en el plano social, es porque no tiene pensamiento abstracto y proyectivo, pero un país que de la noche a la mañana produce 15 millones de desocupados y excluídos, que durante durante mas de 30 años instala el concepto egoísta y codicioso del dinero como eje de vida, que soporta una de las crisis mas importantes del mundo en el 2001, que se da el lujo de entregar desde sus fábricas hasta su tecnología de punta, que abandona la educación y la salud como reaseguros sociales futuros, que se desentiende del Estado confiando sólo en el Mercado como ordenador social , sólo puede esperar violencia, dolor y muerte. Son las secuelas naturales del neoliberalismo que privilegia lo económico sobre lo humano, lo inmediato por sobre los trascendente, la foto sobre la película, el individuo sobre la Comunidad, la fragmentación social antes que la solidaridad.

Un proyecto de país es un Destino Común para todos los argentinos, no sólo para algunos. Quienes quedaron dentro de la pirámide social, aquellos privilegiados que por información, herencia, suerte, pero también trabajo, ahínco, esfuerzo lo lograron no pueden desconocer el cuadro de situación social gravísimo que se les presenta diariamente. No son delincuentes los pobres ni los humildes, ni los desprotegidos. Son sobrevivientes con hijos sin proyecto de vida. Sólo en Provincia de Buenos Aires hay 200 mil chicos menores de 15 años sin estudios ni trabajo. No tienen la culpa ellos de esa situación. Si todos nosotros que habitualmente miramos hacia otro lado y nos emocionamos cuando nos muestran mujeres abnegadas, en especial mujeres que con comedores y ONG intentan paliar en parte tanta angustia y tanto dolor, deberíamos pensar que esos chicos de los comedores deberían comer en sus casas con sus padres y no de la dádiva pública.

No salen en los diarios ni siquiera en páginas interiores, los cadáveres de niños que no deberían morir y mueren de causas evitables, verdaderos asesinatos cotidianos, mas dolorosos aún en nuestra profesión médica. Son catalogados como indios Wichis o Tobas argentinos que mueren de hambre hoy en el Impenetrable chaqueño, como si fuesen extraterrestres mas que nuestros hermanos, verdadera discriminación pos mortem. No mueve la información la aparición de nuevas enfermedades infecto contagiosas ya derrotadas en otras épocas, ni el salvaje deterioro de los hospitales públicos, pero si son tapas los reclamos de los sectores de mas altas ganancias en el lustro, que piden pagar menos impuestos.

Dónde está el Estado? claman los medios cuando la noticia hospitalaria salta por un accidente grave y colapsa el servicio de emergencia, pero callan a la hora de los recursos. Dónde está el Estado? cuando piden represión a chicos fumando paco o tomando cerveza en una esquina, cuando la respuesta lo sabemos todos, es desde lo social, no desde lo policial. Así la lista interminable de un batalla cultural en pleno desarrollo entre un Modelo Social Solidario que debemos reconstruir o el afianzamiento del Modelo Neoliberal exedentario que con la teoría del derrame, postergó “sine die”las esperanzas del pueblo argentino y los proyectos de vida de miles de compatriotas.

Esa verdadera discusión que aún no está sobre la mesa es la que permitirá elaborar los nuevos paradigmas comunes de los argentinos. Si somos capaces de encontrar las formas de discusión, sin extorsiones ni prepotencias sectoriales en un marco común de combate, frente a la crisis de los países centrales , sin comprar recetas prehechas ni imposiciones de organismos externos, sólo defendiendo el interés del pueblo y la Nación, que sólo se puede realizar desde una identidad nacional muy fuerte, entonces podremos comenzar a restituir el tejido social dañado por años de desidia, codicia y un Estado ausente de sus obligaciones institucionales.

JORGE RACHID
jorgerachid2003@yahoo.com.ar

CABA , 23 de marzo de 2009

miércoles, 11 de marzo de 2009

ORQUIDEAS, ORTIGAS Y CARDOS


por Ariel Pascielli


Sixto Condal Ríos y Carlos Olivari era una dupla de autores de libretos cinematográficos que, entre otros, tuvieron grandes éxitos en el viejo cine argentino de teléfonos blancos. Uno de ellos se tituló “Los Martes, Orquídeas”. Tal fue el suceso de ésta película que Hollywood adquirió sus derechos para realizar una remake que no tuvo la trascendencia de la original argentina.

“…Ni cardos ni ortigas cultivo, cultivo una rosa blanca…”. Utilizando al poeta y a los escritores trataremos de poner en actualidad los dichos y títulos de estas obras.

En la puja sectorial que los “gauchócratas”, ganadores de rentabilidad adicional sobre lo que no le pertenece y especuladores financieros al servicio del gran capital, cuando no gran capital ellos mismos, están representando y defendiendo claramente intereses de clase.

El Superior Gobierno de la Nación, elegido democráticamente en elecciones libres, con un porcentaje más que elocuente sobre el segundo en la puja electoral, representando y defendiendo un proyecto reivindicador que mantiene en alto la bandera nacional y popular, y que ha demostrado en los hechos y en líneas generales, su actitud de defensa de los intereses del pueblo argentino, tratando de reafirmar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

Pareciera ser que se ha instalado una costumbre de reunirse los “martes” para negociar las demandas de ése sector.

El Superior Gobierno de la Nación, representado en esas reuniones por Ministro y funcionarios del más alto rango, se prestó al diálogo y accedió a algunas de esas demandas que se asemejan a las “orquídeas de los martes”, como prenda de cumplimiento del concepto de prestar atención a las necesidades de economías regionales, segmentando los beneficios a favor de pequeños y medianos productores y dando solución a las necesidades de sectores específicos que pueden proveer valor adicional a sus productos, alentando la optimización de su calidad y brindando oportunidad para colocarlos en el exterior.

Hasta el momento, no se han resuelto beneficios adicionales que reclaman y defienden los dueños de la alta rentabilidad y la especulación, que pertenecen a zonas ricas del país, que ofrecen la mayor rentabilidad.


Cada martes sigue la puja, la lucha de una clase privilegiada contra el proyecto del pueblo, representado por el Superior Gobierno de la Nación.

Entonces, cada martes, reciben “orquídeas” y entregan “cardos y ortigas”, nunca una “rosa blanca” de aceptación. Porque nunca van a estar conformes y siempre van a reclamar más. Siempre van a correr el arco.

¿Qué es para ellos reclamar más?

Pretenden quedarse con el resultado de una buena administración y con el producto de un buen crecimiento, sin ceder nada, aunque eso signifique hambrear a maestros, rebajar el sueldo a jubilados, destruir la estructura productiva de los pequeños y medianos campesinos, explotar a quienes trabajan con ellos en forma directa, en fin, hacer valer sus ambiciones de clase poderosa, sojuzgando a las clases populares argentinas.

Pero no están solos. Están aliados con poderosos que poseen medios de comunicación y dan espacio para incentivar actitudes de sus servidores de la oposición política.

Por eso, el campo nacional y popular no debe dejar lugar a este tipo de acciones, debe clarificar a todos sus integrantes, debe dar lucha en el campo electoral y en otros campos donde sea necesario defender los logros obtenidos con tanto sacrificio.

No bajar los brazos. Levantar las banderas de la defensa de los intereses populares y nacionales. Concienciar al campo popular. Arrollar a ésta clase depredadora que pretende someter al pueblo.


Ariel Pascielli
Marzo 2009.

AL FILO DE LA NAVAJA


por Jorge Rachid

Cuando el mundo se debate en la mas seria crisis que hemos vivido y tengamos memoria personal, en nuestro país, bailando en la cubierta del Titanic, los sectores dirigenciales políticos y empresariales, creen que pueden salvarse solos, o lo que es lo mismo, en forma independiente del resto de los argentinos, desconociendo su pertenencia, su identidad, el destino común y lo mas importante y cruel, poniendo en riesgo al resto de los compatriotas.

Ni las demandas sectoriales, satisfechas o no, ni la cercanía electoral, son motivo suficiente para alterar el curso de la historia democrática que hemos elegido los argentinos y que nos permite disentir, criticar, acordar, elegir, ser elegidos, votar y gritar cuando queremos, sin la sombra negra de la dictadura o la represión. Valores que hemos ganado entre todos como para encolumnarnos en campañas difamatorias, perversas y ruines evaluando conductas y personas sobre las que podemos o no estar de acuerdo, con las que podemos tener o no empatía, pero que son parte de nuestro pueblo que no merece un estado de crispación y conflicto permanente, mas allá de los supuestos justos reclamos que ponen en vilo a la sociedad.

Hace pocos años, los desocupados juntos a los estafados por el corralito, los desamparados expulsados de la pirámide social junto a los nuevos cuentapropistas de las ex empresas estatales, vivían la hecatombe final de un proceso de penetración cultural y económica que cambió el marco social de la Argentina. De una Argentina productiva, solidaria en la cultura del trabajo y la protección social, pasamos a un modelo instalado con sangre y fuego por la dictadura militar, basado en la codicia financiera, la timba económica y la exaltación del éxito personal como único objetivo de vida, y así instalaron la cultura neoliberal, tan solo ayer dominante y hoy en crisis mundial.

Este modelo afianzado en los años de democracia que siguieron, profundizó su presencia al calor de los dictados de los organismos de crédito multilaterales avalados por los gerentes locales en puestos públicos que permitieron la ideología del remate, descapitalizaron nuestro país y sometieron bajo el slogan de la modernidad y la globalización, a millones de compatriotas en la desesperanza y el dolor. Un nuevo genocidio se estaba produciendo en la Argentina, esta vez de carácter social, profundo y doloroso como el de los desaparecidos de la noche larga dictatorial.

Este breve síntesis sirve de sustento para evaluar los niveles de conflicto actuales, que son de un maniqueísmo dogmático, donde el enemigo es cualquier argentino que no piense como uno. El pensamiento crítico aplastado durante años parece haberse puesto de pié en su forma de pensamiento frívolo, donde las formas importan sobre el fondo, donde la valoración es la de la foto y no de la película que hemos vivido estos últimos años.

No se pide condescendencia y menos en la faz política, sino acuerdos de respeto con las críticas que no pongan en juego el destino como Nación. No se puede alegremente denunciar por narcotráfico y lavado una ley de la Nación destinada al blanqueo de capitales y hacerlo en los foros internacionales, cuando esos mismos foros después comparten los términos de las leyes argentinas.

No es justo, y menos aún ético, que opinen de la crisis los mismos economistas de la década del 90 que nos llevaron desde la convertibilidad al corralito sin autocrítica alguna y hoy pretenden ser nuevamente gurúes, sino adivinos, de los nuevos tiempos. Falta que sigan midiendo “el riesgo país” en un mundo financiero que ya no existe, con consultoras que imponían a nuestro país condiciones crediticias y reformas estructurales y que han caído en el abismo de sus propias mentiras, ambición y codicia.

No pueden los medios de difusión ser parte de la mentira cotidiana de rumor y la falsa información, ni pueden deteriorar sin perder su credibilidad, las instituciones de la Nación.

No es un juego de buenos contra malos. Es una pugna de intereses económicos sectoriales o políticos electorales, pero en ningún caso los golpes pueden ser de “la cintura para abajo”. Ahí no se pega, es regla en el barrio, y lo es en la vida, en lo personal y aún en lo familiar. No es de “hombre” dirían nuestras abuelas, ese tipo de críticas. No es de bien, dirían las señoras de la beneficencia.

En medio de una tormenta inédita en lo internacional, hoy la Argentina está con un esquema consolidado de cuentas públicas e inserción laboral aceptable, con movilidad en los haberes de la clase pasiva posible aunque distante del ideal, con grandes y serias posibilidades de capear el temporal en este año difícil. Queda sin dudas mucho por realizar en la faz social, hipoteca pendiente de años de crecimiento, pero no por ello se puede arriesgar el todo por la nada, ante una elección o un reclamo.

Los anuncios apocalípticos continuos y nunca cumplidos, la extrema dureza en el reclamo con el objetivo declarado de desgastar al Gobierno, los juicios livianos ante el menor conflicto, la inseguridad como eje detonador, la judicialización de la política, la justificación de la dictadura militar, los pedidos de ajuste sin aporte de otra opción social, la reincorporación al culposo declarado FMI, la denigración presidencial ante la convocatoria a nuestro país por el Grupo de los 20, los fogoneos ante los jueces de EEUU por los fondos buitres encubiertos en realidad por los bancos ex dueños de las AFJP, la caracterización imperial de la UNASUR, el desprestigio permanente a Chávez caracterizándolo como “dictador” sin mencionar las catorce elecciones ganadas ante presencia de veedores internacional, a Morales y a Correa contraponiéndolos con Lula, Bachelet y Tabaré , estigmatizar al movimiento obrero organizado, desconocer los movimientos sociales campesinos y urbanos, reinstalar la idea de la represión a la pobreza contra los cartoneros, los niños en situación de calle, las familias sin techo y las villas miserias, todo, absolutamente todo, sirve de ariete del sistema para defender sus privilegios.

Toda noticia nacional o extranjera traída por la “prensa libre”, pasa a ser motivo válido para querer volver a ser el eje dominante en la pretensión de una Argentina sometida. Sin embargo, nadie iguala el embate de “la media luna” poseedora de la riqueza gasífera y petrolera boliviana, con los de la zona invadida por la soja, los Fondos de Inversión, que además de erosionar y desertizar, han contaminado las napas y enfermado la tierra y los seres humanos empobreciendo a muchos compatriotas .

El poder del dinero no se rinde. Se deberá trajinar y militar mucho, para que tampoco se rindan los que aún creemos que se puede construir una sociedad mas justa, los que no aceptamos que debemos subordinarnos al dictado de los poderosos, los que decimos que no debemos ver el mundo color dinero, aceptando matanzas, invasiones y violaciones soberanas a aquellos países que se rebelan al statu quo imperial.

Los argentinos hemos protagonizado epopeyas que quedarán grabadas en la historia de los pueblos, como habernos independizado en la única revolución triunfante en Latinoamérica desde el inicio, habernos dado una educación popular y pública que nos convirtió en uno de los pueblos mas alfabetizados del mundo, haber salvado al mundo de las hambrunas con solidaridad y afecto, haber recibido refugiados de todos los rincones del planeta con los brazos abiertos, haber sido capaces de integrar la inmigración a nuestra cultura sin preguntar el país de origen, habernos dado la ley del voto obligatorio y los derechos de los trabajadores, los niños y los ancianos, haber logrado el voto femenino cuando los países centrales no lo permitían, haber generado gestas como la revolución del 90 con Alem y del 17 de octubre con Perón, haber luchado y vencido a través de 18 años de resistencia a las fuerzas de la reacción y recuperar la democracia y el líder para nuestro pueblo, haber tenido madres que fueron capaces de vencer la dictadura con su pacifismo, su dolor y su conciencia, simbolizando una lucha universal reconocida en el mundo entero, sin olvidarnos de haber sido capaces del comienzo de la demolición del modelo neoliberal en las jornadas del 2001, aun vivo en lo estructural.

No somos incapaces ni minusválidos frente a la historia, somos un pueblo vivo y con esperanzas. Tampoco somos tontos de no saber quien es quien en el panorama actual, quienes actúan por compromiso y quienes lo hacen por intereses específicos de cualquier orden. Pueden ser críticos desde supuestas teoría de izquierda, se puede realizar críticas desde alguna interpretación del peronismo, o se las puede hacer aún desde la reacción. Pero todos sabemos que esas críticas no pueden poner en riesgo la Nación, ni las instituciones de la democracia, que por mas imperfecta que sea, es el sistema que hemos elegido los argentinos.

Ninguna idea ni ninguna persona puede considerarse por si misma, ni como grupo, los “dueños de la verdad”, los “salvadores,” ni los “predestinados” de la Patria, porque eso implica poner en riesgo la Argentina como destino común de todos nosotros. Con humildad y sin rencor se puede construir un camino de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, que reinstale el Estado de Bienestar con un pueblo feliz y una Patria grande, integrada en una Latinoamérica unida.

JORGE RACHID
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
www.jorgerachid.blogs.ar
CABA, 10 de marzo de 2003